Lo que nos faltaba.
Puede que mi lectura del artículo fuera en diagonal, lo sé; uno no anda sobrado de tiempo, y había muchas noticias que repasar antes de salir pitando a trabajar. Pero hace unos días me encontré en las páginas del Heraldo con una noticia curiosa. Se había presentado una tesis doctoral que estudiaba algo que nos toca de cerca: el Real Zaragoza.
Bueno, Real… puede que sea un decir. Porque en la noticia se afirmaba que nuestro club, al que vemos hoy caminar lentamente hacia el desastre, víctima de tanto tejemaneje soterrado por parte de sus dirigentes, no tiene derecho al apelativo extra. Debido, precisamente, a su nacimiento impregnado de más movimientos sospechosos. Decía este investigador que la fusión con el Iberia, que tenemos todos grabado en los genes leonados desde siempre, no fue tal; sino que el club de Torrero absorbió al Zaragoza. ¿Cómo? ¿Motivo? Deudas pendientes, morosidad, y la espada de Damocles del descenso sobre el club. Y claro: un club recién nacido no hereda las coronas de otros.
Eso sí, podría haber bastado con solicitarlo de nuevo. Pero esto es España, para lo bueno y para lo malo, de modo que se optó por colocárselo de nuevo, a puro huevo, y si nadie dice nada, arreando. Y, si lo que dice este señor es cierto, coló. Vaya que si coló. Chufla, chufla, etcétera.
El mismo cuento, con distintos detalles. Casi es bonito ver cómo se cierra el círculo, ¿no?
Todo esto no deja de ser más que un trabajo de investigación, que alguien corroborará, o negará con datos; y puede pasar a ser una verdad histórica o una simple noticia que pasó un día por nuestras pantallas sin que nadie, salvo este pobre articulista, le prestase atención. A estas alturas, me doy cuenta de que ni siquiera me preocupa. Sólo me llama la atención como chispazo levemente animador de la modorra zaragocista (que además yo soy de Torrero, oigan, y esto me puede dar para muchos comentarios absurdos en conversaciones sueltas). Modorra que tiene visos de pasar a ser galáctica cuando, este fin de semana, nos toque pagar los platos rotos (y cuántas van).
Pronóstico del tiempo para el sábado: diluvio de hombros encogidos, suspiros, y palmadas en la espalda. Los leones, como los gatos, no disfrutan de la lluvia.