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Después del milagro imposible

Ya se terminan los calificativos de la afición para lo que el Real Zaragoza logró hace casi una semana. En un ambiente envidiable en Getafe, el equipo comandado por Manolo Jiménez ponía la puntilla final a una salvación por la que nadie daba un céntimo. Pero ahora la vida sigue. El espectáculo debe continuar, como decía la canción. Es momento de planificación, de reestructura, de renovaciones, de salidas, de nuevas llegadas. El mercado de fichajes está a la vuelta de la esquina y el club blanquillo debe afanarse en trabajar lo mejor posible, por muy difícil que le parezca a toda la afición viendo los precedentes, para no cometer los errores del pasado. Todos esperan, de una vez por todas, que el año que viene sea, después de mucho tiempo, tranquilo y sin sobresaltos.

La primera piedra del futuro a corto plazo es Manolo Jiménez. Para que este equipo siga por el buen camino parece que su continuidad debe ser obligada. Pero él ya lo anticipó en rueda de prensa esta semana. No debe ser a cualquier precio. Habrá condiciones. De esas condiciones se ha especulado mucho. Lo que parece claro, en un principio, es que después de que Jiménez lograse el milagro de la permanencia puede pedir todo y más. Lo más significativo de sus condiciones es la red de ojeadores que quiere detrás. Algo impensable viendo la gestión que han realizado esa red y los directivos en las últimas temporadas. Marco Pérez, Antonio Tomás, Juárez, Fernando Meira, Sinama Pongolle o Paulo Da Silva –este último con contrato en vigor y al que se quiere renovar- son algunos de sus últimos fiascos.

Otro punto en el que se debe trabajar es el centro del campo. Ni Zuculini, ni Apoño, ni Ruben Micael, ni Dujmovic tienen contrato con el Zaragoza. Con la futurible marcha, salvo gestiones, de estos jugadores solamente Pintér sería el que permaneciera en el centro del campo. Del mismo modo, el futuro de Postiga está en el aire, igual que el de Roberto. Paredes, que termina contrato, podría ampliarlo. Lo que queda claro es que en las próximas semanas se va a suceder una vorágine de nombres, de idas y venidas y de movimientos en un club que, por sí solo, ya es noticia todos los días. Después del milagro, la vida sigue. Toca trabajar en las oficinas.

El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

El penúltimo aliento

Nueve de la noche. El Real Zaragoza tendrá la penúltima bala de permanecer en primera. Está obligado a gastarla bien. A no derrocharla. Ya no es momento de hablar de oportunidades, ni de calendarios, ni de posibles carambolas en cuanto a resultados. Es momento de centrarse en la historia reciente de este club. Para ello es importante ir paso a paso en todo lo que ha sucedido en escasas semanas. En primer lugar hay que recordar lo que todo el mundo ha visto y contemplado boquiabierto. Un Zaragoza de segunda, con un abismo de puntos que recortar hacia la salvación, resurgió de sus cenizas. Un muerto, a medio enterrar, apartó con sus manos la arena de la fosa y pelea por volver a respirar en Primera. Manolo Jiménez fue quien le tendió ambas manos y ahora todos pelean por pisar terreno firme de nuevo. Para ello hay que escalar unos centímetros más esta noche.

Lo segundo, y más llamativo aún que lo primero, es la reacción de toda una afición. Siempre se ha dicho que la afición del Zaragoza es volátil, cambiante y que solamente rema cuando las cosas se colocan de cara. Bien, esta vez han callado multitud de bocas. La mía la primera. Cuando peor estaban las cosas, hasta el más pesimista del lugar fue a La Romareda. A increpar a Agapito y, sobre todo, a dar su aliento a un equipo necesitadísimo del mismo. El resultado funcionó. Gracias a las gargantas blanquillas el equipo aragonés llega con opciones a la penúltima jornada. De consumarse el descenso a final de Liga no todo quedará relegado a Segunda División. La afición seguirá siendo de Primera. Prueba de ello es que esta tarde el estadio estará lleno hasta la bandera. A rebosar. Eso el año pasado no sucedió.

Por último, sigamos hablando de historia. Un dato para el optimismo es que si el Zaragoza gana esta noche, a partir de las 21.00 horas, al Racing de Santander estará con sus opciones vivas de permanecer en Primera siempre y cuando no ganen a la vez el Villarreal, el Granada y el Rayo Vallecano. Si, lanzando ya las campanas al vuelo, el equipo lograse salvarse en Getafe el mérito sería doble. Con una diferencia tan brutal de puntos ningún equipo, al menos del Zaragoza, logró salvarse antes con unos datos tan adversos. Confiemos. Alentemos. Gritemos. Zaragoza no se rinde. Sí se puede. Sí se puede. ¡Sí se puede!

Las cuentas de la lechera

Son varias las historias que hablan sobre castillos en el aire. Una de las más famosas es la de una niña a la que se le encomendó la tarea de llevar un jarro grande de leche a su casa. Mientras volvía con su encargo iba imaginando como esa leche podría ser vendida. Con el dinero ganado se podría comprar más leche, y si la volvía a vender ganaría aún más dinero y podría comprar aún más leche. Justo antes de llegar a su casa el jarro se estrelló contra el suelo y la chiquilla se quedó sin dinero y sin leche. El Zaragoza, en una realidad algo similar a la de la niña, también lleva meses de cuentas y cavilaciones. La realidad que manda ahora es que la próxima semana se lo juega todo. La primera parada será mañana, a las 16.00 horas, ante un Athletic de Bilbao que llega embriagado por la alegría de haber llegado a la final de la Europa League tras vencer al Sporting de Lisboa después de una brillante remontada.

Para los de Manolo Jiménez se ha terminado el tiempo de las cuentas, las combinaciones y las posibilidades. Ahora solo vale ganar y esperar. Fórmula sencilla, a priori, pero complicada a la postre. El primer rival de esos tres duelos a muerte es un conjunto que viene de completar una temporada brillante. Los hombres de Marcelo Bielsa tienen en su mano hacer el deseado doblete para cualquier club con la Copa del Rey y la Europa League. El Real Zaragoza debe aprovechar esas circunstancias. Pero ahí no termina la recta final de infarto. La segunda parada, o más bien visita a La Romareda, es la del Levante. Los de José Ignacio Martínez también llegan jugándose Europa. Casi nada. Es otro equipo al que no se le puede reprochar absolutamente nada este año. Con un presupuesto de guerra y la ilusión por bandera tienen intactas sus opciones de colarse incluso en la Champions League.

Como punto final quedaría el Racing de Santander el próximo fin de semana. Según las cuentas de una lechera zaragocista los cántabros llegarían, supuestamente, descendidos. No debería haber mayores problemas, pero la confianza y dar las cosas por sentadas pueden ser muy malas bases. Así que la moraleja para este tramo final de temporada es que los blanquillos tienen que ir partido a partido, mirar al presente. Lo de después puede esperar. Requerirá concentración y  mucho esfuerzo, eso seguro, pero es más conveniente en estos momentos que el Zaragoza se centre en el ‘ahora’ y no en lo que pueda pasar. Con esa base, la salvación se tendrá que pelear hasta el último momento. Por supuesto, los resultados rivales también tendrán que acompañar, pero esas cuentas ya escapan de las manos del Real Zaragoza. Mientras tanto, la afición seguirá creyendo bajo el lema ‘Sí se puede’.

Otra oportunidad para la vida

Desde luego la vida da muchas vueltas. Hace unas semanas, cuando la competición marchaba por la jornada 25, el Real Zaragoza llegaba a estar a doce puntos del Villarreal, equipo que marcaba la salvación. A día de hoy el equipo de Manolo Jiménez se encuentra a solo cinco puntos del equipo amarillo y del Granada, última víctima en la fulgurante reacción aragonesa. Todo parecía indicar que las derrotas frente al Barcelona y al Sevilla volvían a desahuciar al conjunto blanquillo. Sin embargo, la vida le da otra oportunidad más para… la vida.

El aspecto de la subsistencia en Primera cobra un tinte más cómico hoy, si cabe, puesto que el campo al que viaja el Zaragoza esta tarde es un terreno más o menos maldito. El Ono Stadi, campo del Mallorca, fue el teatro que acogió el último descenso del equipo zaragocista. Curiosamente hoy le brinda una segunda oportunidad. Una ocasión para recortar distancias a sus rivales, siempre y cuando éstos pinchen, claro. La vida para el Zaragoza da una vuelta de tuerca. Dos oportunidades en un único partido. La primera, la más importante esta tarde, la de conseguir los tres puntos y esperar los fallos de Granada y Villarreal. Eso metería una gran presión a los andaluces y a los castellonenses. Alcanzando la primera oportunidad, haciéndola realidad, se conseguiría la segunda. Cobrarse la venganza con un estadio que trae infaustos y recientes recuerdos al aficionado del club. Aquel descenso de 2008. Cobrándose hoy esa deuda el Zaragoza se aferraría, a la vez, a la vida de Primera División.

No es por ser optimista, pero todo apunta a que esta tarde la dinámica en el Ono Stadi puede cambiar. El equipo tiene bajas. Pinter, Obradovic y Aranda se pierden la cita por lesión. Sensibles ausencias. A ellas se suma la injusta sanción de Ruben Micael, que no obtuvo el perdón a través de la cautelar. En su lugar aparecen Kevin, Joel y Ortí. No importa quién se pierda la batalla. Ni lo dura que pueda ser. El partido de hoy debe ser otro paso hacia la vida.

Fútbol en el alambre

El Real Zaragoza se la juega otra semana más. Se agotan los calificativos. Finales, partidos vitales, duelos a vida o muerte. Ya no hay más nombres posibles para las citas que le restan al conjunto blanquillo. Lo peor es que de un día a otro el sueño de la permanencia, que parecía acercarse contra todo pronóstico el último mes, vuelve a esfumarse como el humo entre los dedos de los seguidores y de la propia plantilla. Las derrotas contra el Barcelona y contra el Sevilla han dejado tocado a un conjunto aragonés que se encuentra a siete puntos de un Villarreal que ganó el pasado miércoles sobre la bocina. Si bien en ambos partidos el Zaragoza se fue de vacío tras los noventa minutos, la evolución de la imagen mostrada deja mucho que desear. Más bien se podría catalogar como involución.

Contra el equipo de Pep Guardiola los de Manolo Jiménez dieron la cara. Pelearon, lucharon, tuvieron ocasiones para adelantarse, erraron un penalti, se adelantaron, fueron espoleados por el colegiado y tras 90 minutos se macharon al vestuario con un contundente 1 a 4 pero con la sensación de haber plantado cara a uno de los mejores equipos de la Liga. La cara del Sánchez Pizjuán está en las antípodas. El equipo salió sin tensión, sin ganas, sin oficio y  con una defensa de verbena. Lo peor de todo fue que un mal partido, en un momento clave eso sí, tiró por el sumidero toda la escalada imposible que había hecho creer a todos los aficionados. Hasta los más reticentes había vuelto a La Romareda. Prueba de ello es que el campo fue una olla a presión tanto contra el Atlético de Madrid como contra el propio Barça.

La situación ahora es la que pinta la clasificación. Siete puntos que hay que remontar en seis partidos. Varios de los rivales, además, son directos en esa carrera. Serán duelos a vida o muerte. El primero es mañana en casa contra el Granada (16.00 horas), episodio piloto del fútbol en el alambre. Los de Jiménez están obligados a ganar a los andaluces para no perder comba. Aún más importante, para no perder la fuerza moral que han ido mostrado recientemente. Si la mentalidad luchadora se esfuma, lo hace también el equipo. Después hay que viajar a Mallorca. Será otra cita en la que se jugará al filo de la navaja. Racing de Santander y Getafe también aparecen en esas seis últimas citas. Se terminan los calificativos de nuevo. La gran duda: ¿aguantará el tirón el equipo en las últimas semanas? Más aún. ¿Se ganarán cinco de esos seis partidos? La respuesta llegará en un mes de infarto. En un mes de fútbol en el alambre, en el riesgo, al borde del precipicio.

Las dos caras de una moneda

El Real Zaragoza continúa luchando por respirar en Primera División. Durante otra jornada más el equipo de Manolo Jiménez tiene que seguir escalando, está obligado a no rendirse, a pelear hasta el final y a no darse por vencido de forma prematura. Sus cartas en las últimas jornadas se han ido destapando. Como si se tratara de una maniobra de escapismo empleada por el gran mago Houdini, el Real Zaragoza ha desplegado un abanico de tretas imposibles en las últimas semanas. El primero corrió a cargo de Abraham Minero. Cuando la grada, Agapirada mediante, tenía el corazón en un puño el equipo marcó en una jugada extraña, aunque con el mismo valor de tres puntos. La segunda entrega de trucos bajo la manga se produjo en Valencia. Esta vez fue Apoño el maestro de ceremonias. Partidazo, goles y tres puntos que volaron de Mestalla. ¿La siguiente? Contra el Atlético de Madrid. Postiga, con la inestimable colaboración de Godín, cedió la batuta a Apoño otra vez. Nueve puntos que se convirtieron en doce cuando Zuculini y Lafita se sumaron al espectáculo en El Molinón con otro postrero gol.

Ahora llega el Barcelona. Para esta cita no cabe otra que preparar el embeleco de la moneda. Cuentan que Houdini tenía un truco estrella por el que, mediante la regurgitación, expulsaba por la boca una llave que se había tragado previamente y que estaba alojada en su estómago al comienzo de la función. El conjunto aragonés está obligado a realizar una coartada similar con dos posibles finales. El primero es que salga la cruz. El Barcelona, vigente campeón de Liga y segundo clasificado, llega con la vitola de hacer un fútbol exquisito mediante la batuta de Messi. Lo normal es que los azulgranas se lleven los puntos, son favoritos. Pero que nadie subestime a este Zaragoza. ¿Si sale cara? En La Romareda ya no hay nada que perder, pero sí se puede ganar mucho. Si el Zaragoza, que ha dado ya suficientes motivos para volver a creer, realiza la machada de ganar a los de Guardiola dará un puñetazo sobre la mesa y de paso meterá el miedo en el cuerpo a todos aquellos equipos inmersos en la lucha por la salvación.