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Euforia

Euforia   fotografíaEuforia, palabra que viene del griego y que representa un estado de ánimo temporal propenso al optimismo y una sensación de bienestar, resultado de una perfecta salud o debido a la acción directa de medicamentos y/o drogas. Es importante, de la definición, destacar el matiz de temporal. Hagamos un pequeño ejercicio de hipnosis y viajemos atrás en el tiempo. Tan sólo un mes. ¿Qué ven en la situación zaragocista? ¿Qué síntomas hay? ¿Qué es lo que sucede? Y, sobretodo, ¿Cuál es su estado de ánimo?

Veo a un equipo derrotado, que se arrastra por los campos de primera división a modo de ente fantasmagórico burlón, que lejos de asustar, amenaza con ostentar el récord de risas por minuto que poseen grandes genios del humor. Una plantilla hundida anímicamente, falta de ganas y sobretodo de calidad, con jóvenes que no explotan y viejas glorias que no carburan, sustentadas en la figura de un portero que llama a las puertas de la historia con sus grandes y poderosos guantes, el cual ha salido humillado de La Rosaleda, después de 4 días de vacaciones a gastos pagados en la Costa del Sol. Los síntomas son claros, y el ambiente que rodea al club es taciturno. Agapito Iglesias es noticia día sí y día también, con distintos tejemanejes a cuál más variopinto. Las noticias se amontonan y el club es el auténtico hazmerreír de España.

El estado de ánimo de la afición, por tanto, es de un absoluto decaimiento y de una ostensible hostilidad hacia el que se considera, es el máximo responsable de la situación del equipo blanquillo. Asimismo, se empieza a señalar a los jugadores como cómplices, como acólitos del señor Iglesias y de la progresiva destrucción de la entidad. El día del partido contra el Villarreal, una parte de la Romareda, harta de aguantar las continuas bofetadas de su equipo, las más terribles vejaciones de los rivales y sobretodo, como forma de protesta ante el empresario soriano, decide abandonar el campo en el minuto 78 del partido y con 0-1 en el luminoso, dejando un aspecto desolador en el estadio con apenas un puñado de miles de personas.

Remontada en doce minutos milagrosamente, empate en casa frente a Osasuna, victoria en Valencia con uno menos gracias a dos genialidades de Apoño y otra nueva victoria en el último minuto del tiempo de descuento frente al Atlético de Madrid. En los dos últimos partidos, cuatro disparos a puerta, tres goles. Un, dos, tres… ¡Despierte!. ¿Cómo se siente ahora? ¿Cómo ve la situación del Real Zaragoza ahora? Y, sobretodo, ¿Cuál es su estado de ánimo?

La mayoría de los zaragocistas describirán ahora un estado de euforia, fruto de una droga llamada amor zaragocista o pasión por unos colores. Un estado irreal y sobretodo TEMPORAL. Agapito Iglesias sigue ahí y sus gestiones y acciones siguen siendo plato de mal gusto cada vez que salen a la palestra. Los jugadores han mostrado una liviana y nimia mejoría de la mano de Manolo Jiménez, pero siguen siendo aquellos que salieron humillados 5-1 de Málaga, 3- 0 de San Sebastián y que cosecharon la mayor racha de jornadas sin vencer en la onomástica blanquilla más contemporánea.

No nos dejemos llevar por la euforia y posemos los pies en el suelo. El objetivo de la salvación sigue siendo poco menos que utópico y la plantilla sigue siendo corta y muy falta de calidad, sustentada principalmente en las acciones de Roberto, líder único e indiscutible de este equipo. Soñad maños, creed (#WeBelieve) y sobretodo derrochad zaragocismo, como los trescientos espartanos que viajarán a Gijón. Pero no viváis en un estado que os embauque y os embriague con un aroma evasivo hacia la situación del club, que es exactamente igual de caótica que hace unas semanas y hacia una posible salvación milagrosa que sigue oliendo a pócima alquimista del siglo XVI.