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Hielo en llamas

Dentro de unos años, cuando en tertulias de bar volvamos la vista atrás y pongamos en nuestras balanzas particulares a los jugadores de esta época, no sé qué será de él, dónde lo situarán los gritos de unos y otros.

Helder Postiga es un jugador muy poco mediático. El portugués, de gesto desconfiado y tranquilo por naturaleza, no es un surtidor alocado y fortuito de declaraciones; ni un figurín para las carpetas adolescentes, ni un mazacote que se imponga en las áreas simplemente arrastrando su sombra sobre ellas; tampoco se caracteriza por ser un delantero bronco, con una carga continua de faltas que desangren periódicamente al equipo.

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El único aspecto que podría destacar a ciegas sobre él para esos debates de Ámbar en mano es su capacidad para dejarse llevar por el ansia del gol, y caer así en innumerables fueras de juego. Algo que puede desesperar a muchos seguidores, pero no deja de ser un gesto que denota hambre. Y hambre, amigos, es algo que el Real Zaragoza necesita (y valga el triste juego de palabras) como el comer.

Porque gol sí que tiene. Sin duda. Sus cifras son calladas, pero van llegando, y se ha demostrado como una ficha insustituible en la delantera blanquilla. Eso, sin ser un delantero centro puro, lo que siempre lo trae de cabeza en sus movimientos afuera y adentro, en busca de ese balón que depositar a la espalda del portero contrario. Luchando una y otra vez con las moles que el contrario sitúa para desplazarlo de su obsesión.

Y posee, asimismo, un carácter para afrontar esta fase de su juego que evita cualquier comparación con términos mediterráneos, buscando la justificación de la geografía para tildar a un delantero de un modo fácil y rápido. Recordando los primeros partidos, tengo presente a un conocido que, viéndolo encarar, sereno como él solo, para puntear con velocidad letal la salida del portero, se giró hacia mí y me comentó, como de pasada: “será portugués, pero parece ruso: qué frío es”.

Y es así, pienso ahora. Tenemos un eslavo escondido tras un jugador atlántico que llegó sin grandes aspavientos y ahora forma parte de los tres jugadores clave del equipo. Que se mueve una y otra vez persiguiendo a un balón que se le niega con insistencia, y viéndolo trotar sabes que no va a ceder. Que seguirá husmeando por el área hasta que, por fin, le llegará algún balón dividido, un rebote, un (ay) buen pase entre líneas. Y, bueno, si lo que le llega es un melón lejano, tampoco hay que preocuparse. Sabemos que, como mínimo, tratará de hacerse hueco en los telediarios con el gol de la jornada. Estética desesperada que cuando funciona, funciona pero bien.

Dice la prensa que llega calentito de la selección lusa. Eso es bueno. Queremos que el hielo también prenda en la Romareda, y que sea cuanto antes.

La inocencia del balón

Recuerdo, hace muchos años, que el fútbol generaba una gran trascendencia entre los aficionados que solamente podían valorar el juego del Real Zaragoza cuando acudían al estadio municipal de la Romareda. Apenas se ofrecían resúmenes de los partidos en “Estudio Estadio” y las transmisiones se reducían a un partido los domingos por la noche. Los comentaristas radiofónicos y los columnistas de la prensa escrita eran quienes expresaban la realidad externa e interna de un club cuyos presidentes eran elegidos por los socios compromisarios cada cuatro años. O después de la dimisión de la junta directiva tras alguna pañolada espectacular en las gradas.

Los fichajes eran habas contadas y la información se filtraba directamente a los grandes medios locales que eran los responsables de darles el matiz que convenía para ilusionar al público o advertirles del fracaso de la contratación de los jugadores. El fútbol se jugaba alrededor de las cinco de la tarde, según la estación, y formaba parte de una liturgia que comenzaba con la misa y el aperitivo antes de comer en familia y acudir andando o en tranvía, los menos en coche, a la Romareda.

Los últimos años se han convertido en algo completamente diferente, mucho más virtual. No hay relación con las plantillas, los presidentes son dueños o empleados de los máximos accionistas y se busca la rentabilidad del negocio al margen de los aficionados. Los operadores televisivos se han convertido en los jueces de la competición y controlan el horario de los partidos porque pagan cantidades millonarias a los clubes.

Por eso no parece sorprender que siga Agapito al frente del Real Zaragoza a una prudencial distancia mediática, o que la federación de peñas del Real zaragoza haya expulsado a Arnaldo Félix del colectivo por una supuestas irregularidades económicas que, según el comunicado oficial de los peñistas blanquillos, ha admitido el ex presidente.

Total, que la inocencia del balón es lo único seguro en este espectáculo que se ha convertido en un negocio en el sentido más peyorativo de la palabra.

Cualquiera tiempo pasado…

¡Qué vueltas que da la vida! Quién iba a decir a la afición blanquilla que el fichaje de más copete, relumbrón y alfombra roja de los últimos años iba a ser un repatriado, un mero recuerdo de tiempos mejores y equipos que paseaban el león rampante y orgulloso por toda España y (parte de) Europa.

José María Movilla es un jugador de casta, compromiso y carácter. De galones, que faltan a la orilla del Ebro. De esa raza que se identifica con Puyol y Stoichkov. El salto al campo supone una subida de revoluciones que no se calma hasta la ducha. Imposible olvidar aquellos partidos que disputó con un brazo casi en cabestrillo. Es una brizna de espíritu en un equipo falto, en estas primeras jornadas, precisamente de eso: de alma. Fichado sobre la bocina, con la competición ya en marcha, se ha convertido en cuestión de horas en el líder de un vestuario al que le faltaba una cabeza visible que no fuera su portero.

Habrá que recordar, no obstante, que José María Movilla abandonó el Real Zaragoza por el camino habitual: la puerta de atrás. Porque, con 31 años, ya no daba el nivel. Era mayor en un equipo con pretensiones que se demostraron ufanas y altos vuelos que resultaron demasiado cortos. El error, que lo fue, vino acompañado de un declive en las aspiraciones deportivas del equipo que ha finalizado con la vuelta de Movilla a la disciplina maña. 37 años, una cartera de servicios de envidiable longevidad y compromiso. Allá donde ha ido, ha cumplido. Igual que lo hubiera hecho aquí, si se hubiera quedado. De eso estamos todos seguros. Un jugador digno de alabar, de esos que crean vestuario y juego, que pintan con su impronta el césped del estadio por el que pasan, de los que no se esconden. Lo que necesitaba el Real Zaragoza.

Sin embargo, llega un punto en el que resulta irónico, casi dramático, que el fichaje que más ilusione a propios y extraños sea un jugador de 37 años, procedente del Rayo Vallecano, cumplidor y bregador, pero sin una clase excelsa, ni capacidad goleadora. Es, casi, el recuerdo andante de que el club del león fue grande no hace tanto, de que existen jugadores en activo que disputaron (y ganaron) finales conquistadas desde el feudo inexpugnable de La Romareda. Es como una brisa de aquel pasado que, como todos, sin duda fue mejor. Una brisa que alienta los rescoldos de una hoguera pisoteada y casi ni humeante: la de la ilusión de una afición vapuleada por las circunstancias, que ya sólo espera no tener que sufrir un año más.

Parón y cuenta nueva

El atípico inicio de temporada que ha vivido el Real Zaragoza y el zaragocismo en general atraviesa en estos momentos un periodo de parada que no ha de servir al equipo sino para coger impulso, despegar definitivamente y terminar de hilvanar las buenas cualidades que, en intermitente goteo, se dejan ver entre los jugadores que conforman la plantilla.

Atípico inicio el de este curso futbolístico por la forma en que se ha conseguido la única victoria hasta ahora (peleada lejos de las fronteras del estadio maño), por el aparente alejamiento de la directiva del primer plano deportivo y por haber vivido un último periodo de fichajes sin (demasiadas) sorpresas. Solo la aparición a última hora del que fuera protagonista del último periodo de gloria blanquilla ha recordado aquellos años en los que los nombres imposibles desembarcaban en la capital del Ebro a última hora y por la puerta grande para marcharse al cabo de pocos meses por alguna pequeña abertura trasera.

Necesita el Real Zaragoza adaptarse, compenetrarse y conocerse. Y solo la pequeña fuga de internacionales que va a sufrir el equipo estos días de asueto puede impedir que esto ocurra. Manolo Jiménez tiene trabajo para dar y tomar y deberá poner a punto a puntales como Apoño o Romaric, enrolar en la dinámica de trabajo a Movilla y Sapunaru, convencer a Víctor y José Mari de que pueden llegar a ser tan buenos como apuntan y mimar a Postiga (aunque sea en la distancia) para que no desespere en la tarea de encontrar un balón en el islote en el que naufraga partido tras partido.

Tiene trabajo Jiménez. Sin embargo, parece que este año cuenta con mejores herramientas.

Movilla anima el parón

Estoy acostumbrado a sufrir el trabajo ineficaz de personas en puestos de responsabilidad, todos padecemos a tontos importantes que perjudican nuestra labor diaria. Gente puesta a dedo, pelotas, medradores que tienen mucho tiempo libre para hacer política laboral y mantener su puesto e ingresos a salvo. Ha pasado siempre y pasará, pero en el caso del fútbol la estulticia supera cualquier registro conocido.

Comenzamos la Liga a mediados de agosto, en plena ola de calor africano que ha puesto los termómetros en más de cuarenta grados en toda España. Se nos ocurre poner tres partidos a las once de la noche de un lunes, que dejó vacíos los estadios. Y eso después de la guerra de los operadores televisivos, la amenaza de huelga de los clubes desfavorecidos y la crisis que cada vez se hace más insoportable.

Y ahora, un parón futbolístico por los compromisos de las selecciones que deja con síndrome de abstinencia a los seguidores de los partidos por la televisión que se apoltronan entre los cojines de su sofá mientras consumen alcohol y devoran comida barata. No son todos porque aún existe en la mayoría el sentido común pero forman ya un clan de gente sin relaciones humanas que necesitarán de colirio para aclarar sus enrojecidos ojos.

¿No sería más fácil comenzar la Liga en septiembre, como siempre? ¿No sería más sensato ajustar al fin de semana y en horarios convencionales los partidos? Si quieren audiencias, que fijen los sábados a las diez de la noche y los domingos a las seis de la tarde los partidos del Real Madrid y del Barcelona. Pero que se dejen de domingos al mediodía y de horarios tan extraños como el de las ocho menos diez de la tarde del domingo, que es cuando tendrá que jugar el Real Zaragoza el día 16.

Una derrota no es positiva nunca, pero mucho menos cuando hay quince días sin fútbol. Mucho tiempo para que el vestuario se revuelva, se realicen declaraciones polémicas y se desate la ansiedad. Especialmente cuando ya conocemos estas agonías de comienzo de temporada y parece que la Romareda es un lugar donde cualquiera puede llevarse los tres puntos.

Menos mal que la noticia de la llegada de Movilla ha movido los corazones de los aficionados zaragocistas. Con disparidad de criterios, especulaciones sobre las maniobras de Agapito, si era lo que deseaba Jiménez o reflexiones sobre sus 37 años. Pero todos recuerdan su paso por el Real Zaragoza y asumen su profesionalidad sobre el terreno de juego. Que llegará en una forma adecuada también está fuera de duda.  Ahora consiste en que el equipo se ensamble, tenga personalidad y consiga la calma necesaria para no sufrir los sobresaltos de las últimas temporadas.

El cierzo sopló en contra

El cierzo sopló en contra   fotografía

Segundo partido en La Romareda. Otra derrota y ningún gol a favor actuando como local. Este es el bagaje antes del clásico parón provocado por los compromisos internacionales. Bien es cierto que ambos encuentros, ante el Real Valladolid y el Málaga, pudieron acabar con victoria blanquilla, tampoco las derrotas pueden calificarse como injustas.

A menudo, el centro del campo ejemplifica lo que el técnico espera de su equipo en el terreno de juego y cuáles son sus intenciones. Esta vez, obligado por la lesión de Apoño y por la inexistencia de un sustituto con características similares al malagueño, Manolo Jiménez dio la manija a Adam Pinter y José Mari, mientras Romaric sufría su pubalgia algo más adelantado. El estado físico del africano, llamado a ser uno de los puntales del once, no es digno de un titular del Real Zaragoza, pero entre lesiones y recién llegados pocas más opciones tenía el técnico andaluz. El marfileño, demostró compromiso, pero no pudo más y se guardo su sprint más intenso para salir del partido en dirección al banquillo. Espero que el club mueva ficha y no permita al jugador acudir con su selección. Lo veo venir, jugará con Costa de Marfil y se resentirá.

El Real Zaragoza no quiso el balón, consciente de que una guerra por el esférico ante el Málaga podía acabar mal. Así las cosas, Jiménez apostó, como ante los pucelanos en el debut, por defender la portería de Roberto, apoyado por Álvaro González como mariscal de la defensa, parar con faltas a los andaluces y buscar una oportunidad en el desierto. La búsqueda del 1-0, acabó con un 0-1 en contra. Y remontar para este equipo es aún una utopía.

Sin embargo, el plan estuvo cerca de salir bien. Romaric desperdició una heroica jugada por banda de Pinter, mkientras Wílchez disparó ingenuamente una gran internada de Paco Montañés. Ahí estuvo el partido. Los extremos, muy alejados del islote Postiga y sin apoyos del centro del campo, apenas tuvieron importancia en el partido. Más Montañes, quien demuestra detalles en cada balón siempre que el césped se lo permite. El césped, o la arena, porque el lamentable estado del terreno de juego deLa Romaredase asemeja más a una playa que a un campo de fútbol.

Y tuvo que ser Nacho Camacho. El canterano se libró de la marca de Pinter, Goni luchaba con Demichelis y tapó la visión del balón a Romaric, quien dudó y no atacó el esférico. Roberto vendidó y poco amante de salir por alto: gol. Un error provocado por un gran centro de Eliseu en uno de los diez corners sacados por los de Pellegrini. Veinte centros al área, solo uno se defendió mal, pero costó una derrota.

No debe magnificarse esta jugada y pensar que el mayor problema del equipo es el balón parado. Ni tampoco escudarse en la estrategia como excusa. Jugando a no encajar, dando el balón al rival, esperando acertar arriba en una de las dos oportunidades creadas en 90 minutos, encomendados a Roberto, con un césped impracticable que provoca un partido lentísimo… una derrota no se puede justificar por un balón parado. El Real Zaragoza no supo remontar el viento en contra.

Foto: El Mundo

Caduca en veinticuatro horas

Escribir una columna deportiva el mismo día en que se cierra el mercado de fichajes es una misión de alto riesgo que puede verse desbordada por los acontecimientos en el mismo momento en que es publicado el artículo. Sin embargo, este hecho no es sino una pequeña pincelada en el mar de incertidumbre con que recibe la temporada a la práctica totalidad de los clubes del futbol español.

Una temporada que arranca marcada por la crisis, por el ascenso de tres clubes históricos que no se rendirán a las primeras de cambio y por una aparente competitividad total entre la mayor parte de los equipos de la otrora Liga de las Estrellas. Una competitividad que a priori favorece al Real Zaragoza, conjunto que ha confeccionado una plantilla que debería dar por finalizada la amarga trayectoria de milagros y tropiezos que ha seguido en los últimos años no tanto por su calidad si no por estar forjada alrededor de la idea clara y concisa de que el nivel de esta Liga es bajo y de que el que aguante mejor el tirón de la competición se hará con el insustancial, aunque necesario, premio de la permanencia. Y en el arte de aguantar el tirón estos jugadores ya son expertos. A falta de unas pocas horas para que se paralicen los traspasos hasta el nuevo año, el equipo zaragocista ha sabido mantener sus mejores cartas y barajarlas con proyectos de as de oros y carismáticos reyes y caballeros que pueden hacer que esta partida termine en órdago a la grande. O lo que es lo mismo, que se pueda reservar cuanto antes el billete en Primera para la próxima temporada.

El último día del mercado de fichajes es siempre una jornada entretenida, de las que llevan a consultar las compraventas casi cada hora y que depara sorpresas que pueden llegar a ser entrañables: viejas glorias que aterrizan en algún equipo menor, jugadores que regresan a sus clubes de siempre o marchas de grandes profesionales que buscan el éxito más allá de nuestras fronteras. Con la vista puesta en los supuestos refuerzos y con el firme deseo de que no haya ninguna fuga no deseada, la afición zaragocista vivirá este cierre del mes de agosto con el explosivo cóctel que se obtiene cuando se entremezcla la esperanza de un último fichaje ilusionante y el miedo de alguna chapuza que de ese toque irrisorio que ha caracterizado a las operaciones in extremis de la actual cúpula zaragocista.

Un único concepto ha de reinar sobre La Romareda durante la presente temporada: ESTABILIDAD. Y a partir de ahí, lo que tenga que venir será aquello que merezca el equipo.

Aprovechar estas líneas para desear a Jorge Gotor, exjugador del Real Zaragoza, toda la suerte del mundo en su nueva aventura en el Atlético Baleares. Que tengas muchos éxitos.

Los partidos se ganan desde atrás

Los partidos se ganan desde atrás   fotografíaEl partido frente al Espanyol no fue un partido bonito. El del Valladolid tampoco. Ambos parecían haberse cortado con el mismo patrón, mucho balonazo, mucha patada, mucha garra, mucho esfuerzo pero poco o muy poco juego. Para el que le guste, perfecto; para el que no, mejor que se vaya acostumbrando, si no lo está ya de temporadas anteriores. Todo es fruto de esta Liga de dos, que sobresalen muchos escalones por encima de sus supuestos seguidores más cercanos, Valencia y Atlético (podríamos incluir al Málaga); y mucho más sobre todos los demás equipos. Hacer una hipótesis sobre el puesto que ocupará cada uno de los otros quince equipos en la clasificación a final de temporada se antoja casi imposible, tan pronto puede estar luchando por entrar en Uefa como tener una serie de malos resultados y luchar por no descender. Todo esto debido a este reparto televisivo incomprensible, que hace que los equipos medios no puedan casi ni fichar y que veamos plantillas carentes de nivel, calcadas casi las unas a las otras y que por lo consiguiente seamos espectadores de partidos hoscos, faltos de dinamismo y vistosidad y sí, por qué no decirlo, en muchos casos aburridos.

Pero es la Liga que le toca jugar al Real Zaragoza, y a falta de calidad, lo que se hace indispensable es disponer de un rigor táctico casi impoluto. Los equipos que sepan leer los partidos, que aguanten a su rival y que aprovechen sus ocasiones en ataque sacarán los suficientes puntos para pasar una temporada medianamente tranquila. Por ello, una defensa fuerte se antoja vital, y Manolo Jiménez lo sabe. La pareja de centrales Álvaro-Paredes parece estar a un nivel bastante alto. El joven cántabro, por lo poco que se le ha visto, parece disponer de las cualidades de un central con futuro, va bien en el corte y saca el balón bien jugado desde atrás, que no es poco. Y en cuanto a Paredes, su buena labor y rapidez en el centro de la zaga ha disipado las duras críticas que muchos sectores vertían sobre él. Pese a ello y a contar aún con recambios como Loovens, Goni y por el momento aún también Lanzaro y Laguardia, Manolo Jiménez no se ha cansado de pedir un central de referencia, sobre el que crezca el equipo hacia adelante, y por supuesto un lateral derecho, ya que de momento sólo cuenta con parches.

No menos importante en este apartado defensivo es el medio centro de contención, que haga de nexo entre defensa y creación. En este apartado tenemos a un Zuculini que debe bajar un par de revoluciones tanto el aspecto mental como el futbolístico, un Adam Pintér que quita y siembra dudas casi por igual y un José Mari que parecer ser otra de las buenas sorpresas de la temporada venidera. Aún así, su juventud e inexperiencia hace que se acumulen las dudas en torno a si podrá aguantar este buen nivel toda la temporada. Cabría entonces preguntarse si no valdría la pena reforzar este puesto tan fundamental de cara a una temporada tan larga. Pero claro, son preguntas que caen en saco roto a falta de menos de cuarenta y ocho horas para que se cierre el mercado de fichajes.

Así que no nos queda otra que aferrarnos al transistor, no faltar a la ya típica cita del 31 de agosto y hasta las doce de la noche estar pendientes de si Jiménez contará con más reclutas para defender la zamarra blanquilla y que den este pequeño salto de calidad que puede ser significativo a la hora de desviarse por el camino de la gloria o del fracaso.

El garrote de Damocles

El vecino ha dejado de gritar, y eso siempre es una bendición. Hace un rato que ha concluido el partido de vuelta de la Supercopa, y los petardos y algún bocinazo solitario han dado paso, poco a poco, a un silencio cómodo. El calor comienza a diluirse y es buen momento para buscar refugio en la red antes de entregarse al sueño.

Error. De novato, y de iluso. Todo se encuentra avasallado por el post-partido, y no hay red social que no luzca los galones más estúpidos de estos encuentros. Quites y embestidas mil veces releídas y escuchadas vuelven a invadir la pantalla, y ni siquiera llegan a molestar por su contenido. Es una cuestión de aburrimiento, de pereza, esa sobremesa sin siesta en la que te plantas ante el televisor y lo mejor que puedes encontrar -y ya es decir- es, madre mía, de nuevo Pretty Woman.

Pero nadie está libre de pecado, y no veo piedras por aquí, de modo que aprovecho las sensaciones balompédicas para dejarme llevar hacia el escudo propio.

El Real Zaragoza inicia otra campaña en Primera División. Milagrosamente, podrán afirmar algunos, los que todavía no lucen una medallita de San Manolo. Puede ser, pero ahí está. Y con él, el zaragocismo, tribu escéptica  y rocosa que ansía ser engañada como principal paradoja existencial. Que la mimen, aunque sólo sea con promesas vacías, para al menos disfrutar de un momento de esperanza antes del siguiente garrotazo. Que siempre llega. Aunque ahora, por lo menos, nos llevamos por delante el saber que no será culpa del entrenador. No es poca cosa.

Ahora nos encontramos en un equilibrio complejo, mientras contemplamos las luces y los cohetes de esa otra liga -tan cerca, tan lejos-, entretenida en trofeos introductorios. Habitual en este equipo. Nos hemos cargado de jóvenes con posibilidades, con mucho que ganar. Y eso ilusiona a la parroquia. La posibilidad de un diamante en bruto siempre está ahí, y es éste un equipo donde no es un hecho inusual. Pero, ay, esa copa de vino joven requiere un maridaje fuerte. Esas posiciones clave que deberían haber sido reforzadas con jugadores de carácter y experiencia han quedado abandonadas a su suerte, la voz de Manolo está siendo desatendida, y los jóvenes reclutas carecen de sargentos que los lleven sanos y salvos hasta las trincheras del próximo verano.

Y, pese a la llegada de Babovic (que, pese a las buenas referencias de compatriotas y la solera razonable que se presupone a los apellidos con esa rima, es una incógnita), da la sensación de que necesitamos un par de apariciones más. Una, como escandaloso mínimo. Tres, como recurso razonable, y conociendo la situación de necesidad en que nos encontramos. Que, hasta ahora, no ha sido mal gestionada, eso lo reconozco.

Hasta ahora los jóvenes están salvando razonablemente los muebles sin haber transcurrido jornadas ni tiempo para hacer cálculos correctos, y sabiendo que estamos inmersos en una competición con las raíces podridas. Pero todos sabemos que necesitamos algo más si no queremos volver, como decíamos antes, a nuestro estado natural: el garrotazo.

Veremos.

El sueño de un equipo de Aragón

A propósito del interés del Real Zaragoza por ‘repescar’ a Chechu Dorado, central que ha demostrado su más que valioso oficio en primera a las órdenes de Pepe Mel, surge una cuestión: ¿elabora el Real Zaragoza una profunda y cuidada labor de scouting y seguimiento de jóvenes valores en su ciudad y en su comunidad?

La respuesta, como siempre, no es blanca o negra. En su caso particular, el central verdiblanco retornará (o no) a la que fuera su casa hace ya más de una década, convertido en un central consolidado de Primera División y la operación se antoja complicada, en tanto en cuanto podría haber pasado toda su trayectoria vestido de blanquillo. Y no es el único caso de jugador que pasa por la Ciudad Deportiva o por equipos aragoneses siendo ignorado por el cuerpo técnico maño, para después triunfar en otros estadios, ante otras aficiones. En concreto, esta temporada se pueden encontrar muchos casos en equipos de perfil económico bajo, que buscan jugadores nacionales, solventes y sin fichas estratosféricas.

De hecho, una de las sensaciones de estas primeras jornadas esta siendo el Real Valladolid, recién ascendido, que ha vencido sus dos envites (uno de ellos, de hecho, al cuadro entrenado por Manolo Jiménez). En sus filas cuenta con la revelación, Víctor Pérez, que ha pasado de la suplencia en la Sociedad Deportiva Huesca a convertir dos goles en dos jornadas con los pucelanos. En el mismo equipo se enrola Omar, jugador que llegó al Huesca proveniente del Tenerife y que recaló a las órdenes de Djukic en calidad de cedido. Y, por supuesto, un jugador que desde el punto de vista de un servidor, está llamado a triunfar en esto del fútbol, si las lesiones le respetan: Lluís Sastre. El que fuera jugador del Real Zaragoza B y del Huesca ha dado este año el salto a la élite y tiene por delante en su puesto al propio Víctor Pérez, al que sentó en el Alcoraz.

Otro de los equipos que cuentan con jugadores que han estado en la órbita aragonesa es, por supuesto, el Real Betis Balompié. Al ya mentado Chechu Dorado, ex de la Ciudad Deportiva, se une uno de los atacantes de moda de los últimos años en el fútbol español: Rubén Castro. Si bien el canario nunca ha estado cerca del Real Zaragoza, en la temporada 2008-09 compartió delantera con Roberto en la S.D. Huesca, obteniendo grandes resultados. El ex de Racing de Santander y Deportivo de la Coruña juega y triunfa ahora en el mismo equipo que Dorado.

Además de ellos, otros ejemplos serían el ex oscense Mikel Rico, actual jugador del Granada; Andrés Fernández, porterazo que defiende la meta del Osasuna y, por supuesto, los ex canteranos Rubén Gracia ‘Cani’, actualmente en Segunda; Lafita, en el Getafe Álvaro Arbeloa, vigente campeón de Europa y del Mundo; Ander Herrera (Athletic de Bilbao) y Alberto Zapater, que continúa su periplo europeo jugando en el FC Lokomotiv de Moscú. En las últimas horas se ha conocido que Víctor Laguardia, que no cuenta para Jiménez, podría acabar recalando en el Rayo Vallecano. Es decir, que en una plantilla corta no habría sitio para el canterano, que si lo tendría en un rival directo de cara a la pugna por el descenso.

Éstos son sólo unos pocos ejemplos de jugadores que han jugado en Aragón, a los que hemos podido ver bien en la Romareda, bien en el Alcoraz o en la Ciudad Deportiva. Pasaron y se fueron, para dejar su sitio a los Loovens, Dujmovic, Zuculini, o Babic. Si bien es cierto que no se puede confiar la construcción de un equipo curtido, fuerte y de Primera en jugadores canteranos y de Segunda, si que la columna vertebral del mismo se puede apuntalar con incorporaciones de este cariz.

Ya no es cuestión de fijarse en el celebérrimo ‘modelo Barça’ que económicamente está tan lejos de las posibilidades del Real Zaragoza. Simplemente es cuestión de mirar hacia abajo en lugar de hacia fuera. Parece que este año se recupera ese interés por recolectar en Segunda (de donde salió, por ejemplo, David Villa). A algunos les provoca repulsión el tratar de dar un paso más y efectuar una gran infraestructura a nivel de Aragón, en colaboración con equipos de Segunda, como el Huesca, y de Segunda B. Yo en cambio, me planteo nuestro potencial como Comunidad. ¿Se imaginan si todos esos ex oscenses mentados figurasen ahora en el plantel blanquillo y, a cambio, Goni, Kevin, Laguardia, Porcar u Ortí pudieran foguearse en Segunda?