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Un respiro para la afición

Comenzar la Liga de manera equilibrada supone cierta tranquilidad para los seguidores blanquillos. Después de la desilusión que supuso ceder los tres puntos ante el Valladolid, el triunfo en casa del Espanyol ha concedido una tregua al equipo de Manolo Jiménez. Es cierto que todos los equipos están en período de construcción, que apenas se han realizado fichajes y que el nivel ha bajado otro escalón más con respecto a la temporada pasada; lamentablemente eso nos beneficia en la enésima revolución impuesta por Agapito Iglesias porque la plantilla ha tenido que ser renovada tan profundamente como en los últimos años.

No podemos perder tiempo y hay que ganar todos los puntos posibles en el arranque de la temporada para evitar otra remontada y, sobre todo, las angustias y sinsabores experimentadas en el último lustro. Así, cuando se complete el grupo, será más fácil con un colchón de buenos resultados caminar con paso firme en la competición. Que no será, ni más ni menos, estar algo alejados de los puestos de descenso a los que nos hemos acostumbrado.

Es muy pronto para extraer ninguna conclusión sobre el futuro del Real Zaragoza. no sabemos si Agapito seguirá agazapado como hasta ahora,  lo sabremos si se produce un fichaje sorpresa antes del cierre de mercado que nos indique si mantiene sus intereses personales por encima de los históricos del club. Tampoco se ha dejado ver mucho Fernando Molinos, que debería asumir algo más de protagonismo y no dejárselo todo a Jiménez, que ya tiene bastante trabajo con poner en marcha al equipo.

Es un placer para mi volver a asomarme a esta atalaya de zaragocismo, poder compartir con la afición una líneas que ensamblen un sentimiento que ha demostrado ser más fuerte que iniciativas y voluntades personales que pusieron en una situación dramática al Real Zaragoza.

Ojalá disfrutemos de la temporada.

¿Y este año qué?

¿Y este año qué?   fotografía

Se denota obligatorio vaticinar el devenir del Real Zaragoza en una Liga de la que solo se han visto ciento ochenta minutos. Quizá se deba a las ansias de la afición por llegar a la última jornada. Sin amagos de infarto, sin disputar finales que no reportan títulos a las vitrinas y sin la necesidad de invadir pacíficamente una ciudad para asegurar la permanencia. ¡Qué acabe ya! Pero esto no ha hecho más que empezar.

Las prisas no son buenas consejeras, tampoco a la hora de analizar lo que puede dar de sí esta temporada. Menos aún si se trata del Real Zaragoza de los últimos años, acostumbrado a vaivenes y giros inesperados. La ilusión de consolidar el ‘Proyecto Jiménez’ choca de bruces frente a la experiencia de lo ocurrido los últimos años, a la incredulidad que suscita el paso atrás de Agapito Iglesias, más cómodo en la sombra que en el sillón que dejó vacío la pasada temporada y hoy ocupado por el vicepresidente del RCD Español los últimos años. Insólito.

Manolo Jiménez pretende evitar el mismo camino que siguieron en su día Marcelino, Gay y Aguirre. Para ello, el andaluz echó un pulso este verano al máximo accionista y se erigió en manager al más puro estilo Premier League. Entrenador, director deportivo, portavoz y estandarte de un club que busca empezar de cero, renacer de las cenizas a las que estuvo a punto de verse minimizado. Pero vuelven las prisas, como si nada hubiera cambiado en la entidad en estos meses estivales toca apurar el mercado de fichajes con el riesgo que esto conlleva. “Un central, un lateral derecho y un medio centro”, ha demandado el técnico andaluz desde hace semanas. Quién ha llegado ha sido Babovic, media punta y una incógnita más.

Ya sobre el césped, el fantasma de los últimos años no tardó en reaparecer durante el debut de madrugada ante el Real Valladolid. También se oyeron sus cadenas durante el descanso en Cornellá, pero amablemente se evaporó tras el gol de Postiga. Parecía el encuentro de vuelta del Memorial Carlos Lapetra, un partido sin tensión por ambas partes, impropio de una Liga ya empezada, similar en cuanto a sensaciones al de la primera jornada en La Romareda. Uno se ganó y otro se perdió, pero bien podría haber sido al revés, incluso se pudieron empatar los dos.

Una derrota no hubiera sido ni mucho menos definitiva, más allá de las voces agoreras que habrían surgido vaticinando un descenso inevitable. Sin embargo, la remontada del pasado sábado proporcionará tranquilidad a una plantilla que necesita tiempo, tanto en el campo como en los despachos. Tiempo para asimilar el estilo de juego que quiere implantar Jiménez, para convencer a Coke y a Squillaci, las dos peticiones más firmes del entrenador. Tiempo para comprobar la evolución de Montañés y Javi Álamo, la adaptación de José Mari a Primera División en una posición fundamental, el ancla que sujeta al resto, para recuperar a Romaric, o para buscar el mejor equipo posible a Porcar o a Laguardia.

Algunas dudas se resolverán esta semana, la noche mágica del 31 de agosto, otras incógnitas jornada a jornada. Pero Manolo Jiménez se ganó la confianza del zaragocismo el pasado año cuando no se intuía una solución, se la sigue ganando día a día, frase a frase, demostrando honradez y sinceridad en cada declaración. ¿Y este año qué? No lo se, sólo confío en Manolo y en que la historia no se repita una temporada más.

Foto: vavel.com

Una mesa que cojea

Anuncia en su web el Real Zaragoza con un comunicado concreto, escueto y sobrio las fechas y lugares elegidos para preparar el nuevo curso futbolístico. Será una pretemporada la de este año desarrollada íntegramente en territorio español y, como si de un periodo trashumante se tratase, el equipo comenzará a acompasar sus biorritmos en el norte de la península para acabar el mes de julio en la costa gaditana, punto estratégico elegido por el club para la disputa de varios partidos y torneos tan clásicos del sur de España para tales fechas. El equipo necesitará mucho rodaje y adaptación para que no se repitan las agónicas temporadas vividas hasta ahora. El equipo cuenta ya con la seguridad de la presencia de Manolo Jiménez en el banquillo al menos por un año. El equipo tiene que trabajar al máximo para llegar a punto al 19 de agosto, inicio de la nueva travesía futbolera. El equipo tiene estar a la altura. El equipo, ¿qué equipo?

Porque a falta de menos de un mes para que el combinado de jugadores, técnicos y directivos zaragocistas se desplace hasta Navaleno, la plantilla cojea de las cuatro patas sobre las que se tiene que sostener un proyecto deportivo de la magnitud de un equipo de la Primera División española. Cuatro patas como cuatro líneas de juego desde la portería a la delantera pasando por la defensa y el medio campo que necesitan una remodelación urgente si quieren cumplir con su cometido: ser la base sobre la que se apoye la ilusión de una afición que se merece un año sin sobresaltos.

Está claro que este junio es un mes atípico por la disputa del segundo torneo más importante a nivel de selecciones y puede que dicha competición ralentice más de lo esperado el asentamiento de un equipo tejido a base de cesiones y préstamos. Pero si no se quieren repetir errores pasados, las cuatro patas de la mesa deben tocar el suelo lo antes posible.

¿El comienzo de un ciclo?

No parece una buena tarjeta de presentación que haya tardado tres semanas Agapito en convencer a Manolo Jiménez. Pero es posible que Carlos Bucero, su representante, haya sido la horma del zapato del máximo accionista blanquillo. Demasiadas cláusulas y opciones de desenganche en un contrato que parece muy ambicioso en el contexto temporal. De todas formas es posible que algo haya cambiado y que este proceso de desgaste también le haya pasado factura a Iglesias García y esté cansado de permanecer en la primera línea de fuego. Va a protegerse en el escudo que le proporciona el entrenador andaluz y le arrojará a los leones en el caso de que vayan mal las cosas. Como ya ha ocurrido con todos los entrenadores que han comenzado un proyecto deportivo bajo su mandato.

Pero podría tomar vida propia el futuro del Real Zaragoza con la creación de un equipo de trabajo que le diera sentido común y organización a un diseño coherente de club. Sería el comienzo de un ciclo que aportaría normalidad a una era convulsa marcada por la pésima gestión, el capricho y el personalismo de quien entró como salvador y ha terminado como el posible liquidador de una institución que supera los ochenta años de vida. Consiste en que Jiménez mantenga a distancia al presidente y asuma las funciones del gobierno del club, especialmente las concernientes a fichajes, construcción de la plantilla y reconversión de la cantera.

No creo en los cambios radicales, en los giros copernicanos de personalidad. y menos cuando el fútbol es un negocio lucrativo para algunos mientras los clubes y sus aficiones sufren el empobrecimiento de sus expectativas y realidades. Pero deseo que el agotamiento que todos hemos experimentado en estos últimos cinco años hayan hecho mella también en Agapito y sea capaz de reconocer la aversión que provoca en la afición zaragocista y el escaso crédito que tiene en el mundo del fútbol. Algo que puede paliar manteniéndose al margen de la gestión y demostrando que es capaz de presidir sin mandar.

Hoy es 1 de junio

Hoy es 1 de junio y aunque el calendario por el que se rige el mundo occidental no lo marque como tal, se podría decir que cuando comienza el mes de junio comienza el verano. Época de exámenes para los estudiantes, de expectación ante la llegada de las vacaciones para algunos y de largas jornadas marcadas por el calor y los días interminables para buena parte de la población. Hoy es 1 de junio, y comienza un mes crucial para sentar las bases de la nueva Temporada 2012/2013 del Real Zaragoza.

Mes de fichajes, de altas, bajas y cesiones, de rumores y especulaciones y mes de finales e infartos en Segunda División, mercado en el que el equipo maño se verá abocado a buscar refuerzos dado el precario estado en el que se encuentra su sistema económico. Pero también es mes de Eurocopa y de selecciones, escaparate continental de jóvenes promesas y jugadores de calidad perdidos en ligas menores e incluso ínfimas. Dentro de apenas dos semanas saltarán al campo dieciséis equipos que representarán a los, a priori, países más fuertes futbolísticamente hablando del cada vez más amplio continente europeo. Es posible que en la actualidad, el aura que rodea al Real Zaragoza y la grisácea estela que arrastra desde hace varios años no le permita fijarse en las grandes potencias que compiten por llegar a la final, pero lo que está claro es que todos y cada uno de los más de trescientos jugadores que vivirán un sueño deportivo en tierras del este se esforzarán al máximo en cada partido con el fin de forjar, relanzar o cimentar sus carreras en el futbol continental.

Hace cuatro años, un malogrado equipo zaragocista donó la calidad y el desparpajo de Sergio García para el empuje del equipo nacional. No volvió a vestir de blanquilllo nunca más, pero es posible que su viaje de regreso a Zaragoza se dé tras el próximo torneo europeo en forma de un nuevo diamante en bruto que alimente el espíritu de victoria en la capital del Ebro.

¿Por qué Li-Ning?

Hace unas semanas que corren ríos de tinta (o en su caso, bits) sobre la firma del Real Zaragoza con la marca china Li-Ning para la fabricación de las equipaciones del conjunto maño para la próxima temporada. En los últimos días hemos conocido que será así, y que el equipo comandado por Agapito Iglesias incluso se plantea ceder la explotación de la tienda al gigante asiático. Li-Ning, que ya ha desembarcado con fuerza en el baloncesto español (Unicaja, Estudiantes, la Penya, Baskonia y la Selección lo acreditan) se confirmaría así como un valor pujante en el fútbol. Así, los chinos vestirán la próxima temporada en Primera División al RCD Espanyol, al Real Zaragoza y al Celta de Vigo (en el más que probable caso de que los gallegos asciendan, para lo que les sirve un empate bastante “probable” frente al Córdoba este fin de semana). Hasta este año, además, vestían al Sevilla, pero los desencuentros con los nervionenses han provocado el desembarco de estos últimos en Umbro.

En un principio podría parecer que ceder la fabricación textil a los chinos es un paso atrás para el Real Zaragoza, que esta temporada ha vestido zamarras de Adidas. Sin embargo, esta es una conclusión precipitada, ya que la mayoría de las empresas de este cariz tienen focalizada su fabricación mayoritaria en China, dejando los talleres locales para temas muy puntuales, impresión de vinilos y detalles minoritarios. Por lo tanto, el hecho de venir desde China no es inherente a una pérdida de calidad, como podría pensarse. Además, Li-Ning aportará, como hizo en su momento con Sevilla o Espanyol, un montante importante de dinero que ayudará a las destrozadas y carcomidas arcas de un club que tiene que afrontar un plan de pagos digno de rescate económico por parte del Gobierno. Si a este batiburrillo de razones añadimos los “desencuentros” entre Adidas y el Real Zaragoza, que han derivado en falta de stock en tiendas y falta de colaboración en la elaboración de las camisetas (diseño), el cambio de marca parece un golpe de mano bastante hábil por parte de los gerentes zaragocistas. Lo parece.

Lo parece porque, si estudiamos la historia de la marca china, la cosa cambia. El RCD Espanyol tuvo problemas en el suministro de las camisetas que pretendía utilizar en su participación en competiciones europeas (en su caso, la Uefa). El Sevilla ha rescindido su contrato de cuatro temporadas con Li-Ning tras la primera de ellas, firmando con Umbro. Los aficionados del Celta de Vigo han demostrado, en distintos foros, su disconformidad con los diseños y precios de la marca china. En baloncesto, Li-Ning ha combinado buenas gestiones (Selección Española o Baskonia) con otras no tan buenas, como Unicaja, Estudiantes y Penya, con los que ha tenido problemas, de nuevo, a la hora de distribuir. Además, existe la duda del cumplimiento de los plazos, siempre importante a la hora de la presentación de las equipaciones, la distribución a las tiendas o la participación en torneos de verano y el inicio de campaña. Hay marcas, como Adidas, que exigen una antelación casi rayana en la obsesión, comenzando a diseñar las camisetas en diciembre o enero de la temporada anterior. Lo que es seguro es que si el Real Zaragoza se reúne ahora con Li-Ning para cerrar el diseño de la ropa de la temporada 2012/2013, los plazos serán, cuanto menos, precipitados (diseño, OK por parte del club, producción, acabado, evaluación, presentación, reparto de la ropa de entreno, llegada a las tiendas pretemporada….) Como muestra, un botón: Sevilla y Espanyol disputaron sus torneos de pretemporada con Li-Ning con unos diseños y los partidos de temporada con otros distintos.

Parece, por lo tanto, que la evaluación de la calidad de Li-Ning correrá a cargo de los gustos de cada uno, sin que difiera tanto (a priori) de otras marcas que han vestido, a lo largo de los años, al Real Zaragoza. Será en la parcela de la distribución donde, como sucediera con Adidas, puede haber más conflictos. Al final, la decisión sobre quién tejerá una camiseta cargada de historia, que debería ser un agrado visual para compensar de los sufrimientos que soportan quienes las llevan más de un año o dos (es decir, los aficionados…) se ha basado en lo que Li-Ning ha pagado, y no en el prestigio o la calidad de otras marcas, como la propia Adidas, Umbro o Nike o incluso la cercanía territorial y el apego a la tierra, como sería el caso de Mercury. Veremos qué resulta de la relación entre la pujante China y la nave de Agapito. Un Agapito, por cierto, que a pesar de tener el club “en venta”, firma un contrato para vestir ese mismo club para las próximas temporadas. Pues eso.

Tensa y larga espera

Tengo ganas de que firme de una vez Manolo Jiménez para que se despeje un poco el horizonte zaragocista. Demasiado tira y afloja, excesivas cláusulas, mucho recelo entre ambos que no sé si al final será una bomba de relojería. Todo esto mientras se espera lo que diga primero la fiscalía y luego la jueza, sobre la presentación en la pieza de calificación de la APARZ. Que sea lo que sea, pero que pase de una vez, para saber hacia dónde se encamina el futuro zaragocista.

Porque hay que confeccionar la plantilla, buscar gente válida para formar la comisión deportiva y generar un proyecto deportivo serio y bien diseñado. Eso en el peor de los casos, con el supuesto paso atrás de Agapito, porque en el mejor de los supuestos una comisión gestora se haría cargo de todo esto. Desde luego no va a ser ni sencillo, ni rápido ni exento de complicaciones. El futuro es tan complicado como desconocido y ahora es muy difícil que la afición tome el mando porque la temporada ha terminado.

Los silencios de Agapito son largos, pesados y contradictorios. Nadie sabe lo que piensa ni cuál será su próximo movimiento. Le tiene al pairo lo que piense la afición porque el Real Zaragoza es su negocio y tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana, hasta que cometa un error que le pase factura.

Y mientras tanto, la Liga de Fútbol Profesional mantiene el pulso con las emisoras de radio a las que quiere hacerles pagar 718.000 euros por temporada y cadena. Por ocupar la cabina. Sin derecho a ruedas de prensa y zona mixta, que las cobraría aparte. Una afrenta intolerable a la libertad de expresión, al derecho a informar de los medios. Y un trato vejatorio con respecto a otros medios.

Esto reventará tarde o temprano, como pasó con la burbuja inmobiliaria y ahora con los Bancos y Cajas. La ambición, la codicia, el dinero. Les estallará en las manos y se cargarán el fútbol. Pero no doblegarán nuestro ánimo ni la capacidad de servicio a los oyentes. Eso sí, me preocupa que el Gobierno calle y mire hacia otro lado, cuando en la oposición manifestó que intervendrían en el conflicto.

El cuento de nunca acabar

Necesito un traductor de agapitense. Por favor. De verdad. Pago lo que sea.

A estas horas, en que se dice, se comenta, que la firma está cercana; en que las reuniones entre representantes dan sus frutos, espero que este artículo no sea sino una queja inane, sin reflejo en lo que nos depara el futuro. Porque, de verdad, no entiendo nada.

Agapito entró en el Zaragoza como un huracán. De justos es reconocerle que sus primeros pasos levantaron el ánimo y las esperanzas de la afición, que creyeron (creímos) poder reverdecer laureles con un teatro del que no conocíamos toda la trama. Y no fue comedia, que acabó en tragedia. Vale. Lo acepto, es algo que puede ocurrir. Un equipo descompensado, no tan bien planeado como pareció en un primer momento, un tanto de mala suerte, tralarí. Agua pasada, amargamente tragada.

Desde entonces, la barrena de Agapito lo sitúa en la historia negra del fútbol español. En un club con mayor repercusión mediática, su cara sería tan conocida como la de Cristiano Ronaldo, pero con perenne barba de un par de días. No es necesario, para cualquier zaragocista, hacer un repaso de todos los hechos, sobre todo porque duele. Y todo había llegado a su punto más oscuro a mediados de esta temporada, en la que a muchos no nos temblaba la voz al hablar de desaparición o refundación en las conversaciones con amigos.

Y de repente: hop. Jiménez. Que saca al equipo del pozo, partido a partido, con una demostración de pundonor y trabajo como no estábamos acostumbrados a ver. O habíamos olvidado. Convirtiendo a un equipo de retales en un equipo de Liga de Campeones en la segunda vuelta. Y ese entrenador, entregado a una afición, pone unos requisitos sencillos y coherentes a su permanencia, sin pretender apretar el bolsillo agujereado de la entidad. Con lo que Agapito lo tenía casi todo: apartarse de los focos (y los pitos), además de la responsabilidad deportiva; a la afición entregada a un símbolo nuevo y esperanzador; posibilidades reales de rehacer al equipo sin estridencias ni alegrías excesivas para las que no disponemos de un real…

… y se pone a jugar al escondite. Una vez más, a hacer de trilero de las negociaciones, a anteponer su ego al equipo, a tirar a la basura todas las posibilidades que le ofrecía un fichaje públicamente aceptado, que tenía en la mano…

… de verdad, no entiendo nada.

Igual que el Ebro, guarda silencio

Dice la clásica jota, con su ritmo tradicional y eterno, que el Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar. El Ebro se queda mudo en señal de respeto a una Virgen que, según la melodía, permanece dormida dentro de la Basílica. Sin embargo, ese silencio sepulcral hace que se puedan escuchar las penetrantes voces de quienes no mantienen tan bien las formas. El Real Zaragoza es el que guarda silencio ahora, y no podía haber elegido peor momento para hacerlo.

Porque estamos en un periodo de tiempo en el que la euforia de la sufrida permanencia ha empezado a decaer entre la afición de manera irrevocable, y vuelve a correr por las calles de la ciudad el sentimiento de incertidumbre e inseguridad ante una nueva temporada futbolística. Y, pese a ello, la cúpula zaragocista guarda ese silencio inmutable que hace que comiencen a aparecer los primeros rumores de marchas, las primeras conjeturadas de desavenencias y desacuerdos y, como punto álgido de estas fechas, la sombra de la clásica “espantada” de jugadores típica del verano blanquillo empieza a acechar el entorno maño. Ya se habla de Apoño y el Málaga, de Hélder Postiga y la Eurocopa o de la titubeante renovación de Manolo Jiménez que sabe que el oficio de funambulista está muy mal pagado.

Si realmente las cosas van a cambiar, alguien desde los despachos que rigen el destino del Real Zaragoza debe dar un primer grito de esperanza. Debe confirmar el punto y aparte que supuso la victoria en Getafe, el nuevo rumbo que va a tomar la entidad, que no fue un espejismo que se aprovechó del fervor de la grada hace menos de dos semanas.  Porque si realmente las cosas van a cambiar, si hay intención de dar un giro al alma deportiva de la capital del Ebro, quien primero debe saberlo y disfrutarlo es la sufrida afición zaragocista.

Una nueva final

Una nueva final   fotografíaNo acabó todo con el triunfo ante el Getafe. Se aseguró la permanencia, se evitó un descenso que  parte de la afición ya había asumido, aunque nadie conocía a ciencia cierta lo que podría haber significado para el futuro económico del club. Tras mantenerse en Primera División, el Real Zaragoza tiene ante sí la posibilidad de romper con un ciclo de cuatro años nefastos, repleto de sinsentidos protagonizados por el máximo accionista y que han acabado en un ascenso y tres salvaciones milagrosas. Manolo Jiménez es la esperanza, la piedra angular de un proyecto ideal, y por una vez, que el paso atrás de Agapito Iglesias sea de verdad. Sin mentiras, sin falsas promesas, incluso sin comunicados en la web oficial del club.

El técnico andaluz ha puesto sobre la mesa las condiciones y si se cumplen firmará el contrato. Pero es consciente de lo que ocurrió con sus antecesores. Primero fue Marcelino García Toral, después la dupla formada por José Aurelio Gay y Nayim, y tras elllos Javier Aguirre, quienes acabaron devorados por el torbellino de inestabilidad en el que vivía el equipo. Eso quiere evitar Manolo Jiménez al reclamar el control total de la parcela deportiva. Hace unos días, Jiménez aseguraba que “el dinero no sería un problema”, mientras que en su última aparición pública se mostraba más tajante afirmando que renovar con esas condiciones “traicionaría al club y a la afición”.

No es posible vaticinar lo que está por venir, cuál será la decisión de Agapito Iglesias y cuánto tardará en pensar lo contrario. Manolo Jiménez ha puesto las cartas sobre la mesa, aceptando la confianza que la afición de La Romareda le ha trasladado durante estos meses. El clavo al que se aferra el zaragocismo. Las finales que ha disputado el Real Zaragoza en este lustro son incontables, pero quizá este sea el partido más complicado, el más trascendental. El fin de un ciclo.

 Foto: Carlos Muñoz