Archivo de categorías: Opinión

¿La caída del imperio?

La decisión de la APARZ de personarse en la pieza de calificación del concurso de acreedores del Real Zaragoza ha sido aplaudida por todos los movimientos zaragocistas. Javier Laínez y Sixto Genzor junto con los abogados de la asociación, han defendido siempre dar este paso después del trabajo continuado y de desgaste en un foro tan complicado como el jurídico. Ahora será el fiscal quien decida si la admite o no, según la documentación aportada por la Asociación de Pequeños Accionistas del Real Zaragoza. En el caso de que existan indicios de una gestión negativa para el club, dará traslado de ello a la jueza Villellas para determinar si el proceso debe calificarse de fortuito o culpable. Y si la responsabilidad fuera del administrador de la compañía, podría inhabilitarse a Agapito y constituir una junta gestora que se hiciera cargo de la sociedad anónima deportiva.

La persistencia de las diferentes organizaciones y movimientos, de los aficionados anónimos que han secundado las iniciativas en protesta de la continuidad de Iglesias García, podría dar sus frutos. Ha sido modélico y ejemplar el comportamiento de la afición que ha sabido discriminar la permanente protesta contra el presidente y el ánimo solidario y profundo a la plantilla y al cuerpo técnico. Sin perjudicar a los futbolistas, animando al entrenador, llenando la Romareda y desplazándose masivamente a Getafe.

Agapito no quiere marcharse y me cuentan que ya ha comenzado a contemplar posibles fichajes de fondos de inversión. También me comentan, no tengo la certeza en cualquier caso, que preparara a su hijo para perpetuarse en el poder. Que ese era su proyecto de “un paso atrás” para dirigir desde la distancia el club sin que se le vea por los alrededores de la Romareda o de la propia ciudad. No lo sé, son informaciones que no tengo contrastadas pero de personas muy próximas a Iglesias que insisten en ello.

A mi me da lo mismo, tiene derecho a poner y a quitar gente de su cuadro de mando porque dispone de la mayoría de las acciones. Pero está claro que el fútbol es diferente a todo y que la fuerza de la afición, de nuestra afición, es tremenda. Y que habrá que esperar a lo que decidan el fiscal y la jueza en virtud de los argumentos que les aporte la APARZ. Con calma y tranquilidad.

Después del milagro imposible

Ya se terminan los calificativos de la afición para lo que el Real Zaragoza logró hace casi una semana. En un ambiente envidiable en Getafe, el equipo comandado por Manolo Jiménez ponía la puntilla final a una salvación por la que nadie daba un céntimo. Pero ahora la vida sigue. El espectáculo debe continuar, como decía la canción. Es momento de planificación, de reestructura, de renovaciones, de salidas, de nuevas llegadas. El mercado de fichajes está a la vuelta de la esquina y el club blanquillo debe afanarse en trabajar lo mejor posible, por muy difícil que le parezca a toda la afición viendo los precedentes, para no cometer los errores del pasado. Todos esperan, de una vez por todas, que el año que viene sea, después de mucho tiempo, tranquilo y sin sobresaltos.

La primera piedra del futuro a corto plazo es Manolo Jiménez. Para que este equipo siga por el buen camino parece que su continuidad debe ser obligada. Pero él ya lo anticipó en rueda de prensa esta semana. No debe ser a cualquier precio. Habrá condiciones. De esas condiciones se ha especulado mucho. Lo que parece claro, en un principio, es que después de que Jiménez lograse el milagro de la permanencia puede pedir todo y más. Lo más significativo de sus condiciones es la red de ojeadores que quiere detrás. Algo impensable viendo la gestión que han realizado esa red y los directivos en las últimas temporadas. Marco Pérez, Antonio Tomás, Juárez, Fernando Meira, Sinama Pongolle o Paulo Da Silva –este último con contrato en vigor y al que se quiere renovar- son algunos de sus últimos fiascos.

Otro punto en el que se debe trabajar es el centro del campo. Ni Zuculini, ni Apoño, ni Ruben Micael, ni Dujmovic tienen contrato con el Zaragoza. Con la futurible marcha, salvo gestiones, de estos jugadores solamente Pintér sería el que permaneciera en el centro del campo. Del mismo modo, el futuro de Postiga está en el aire, igual que el de Roberto. Paredes, que termina contrato, podría ampliarlo. Lo que queda claro es que en las próximas semanas se va a suceder una vorágine de nombres, de idas y venidas y de movimientos en un club que, por sí solo, ya es noticia todos los días. Después del milagro, la vida sigue. Toca trabajar en las oficinas.

Duerme el zaragocismo, porque se lo merece

Duerme el zaragocismo apoyando la cabeza sobre la almohada de la permanencia conseguida una vez más en el último suspiro. En ese último instante convulso antes de coger el sueño, antes de descansar de una temporada agotadora llena de altibajos y cargada de adrenalina y nervios. Duerme el zaragocismo, porque se merece un respiro, pero sus sueños no serán tan profundos como se esperaba.

Parece claro que el tiempo es un valor preciado en este equipo carente de fondos económicos e incluso éticos y que una planificación correcta es la única vía de salvación de una institución sin recursos y a la deriva. Lo advirtió Manolo Jiménez nada más terminar la temporada: los sueños del zaragocismo no le van a permitir quedarse dormido. Ni un minuto. Con la permanencia asegurada toca trabajar desde el primer segundo de la ya empezada Temporada 2012/2013, y el entrenador zaragocista obrador del primer gran milagro del siglo XXI, tratará de virar el rumbo de una embarcación blanquilla que anhela estabilidad y cordura en la mente de quienes tienen que tomar las decisiones vitales del club.

Dice Manolo Jiménez que su prioridad es el Real Zaragoza. De momento cuenta con dos de las tres claves sobre las que un entrenador debe basar su empresa: la aprobación del aficionado y el respeto de sus jugadores. Pide además el andaluz el compromiso de la cúpula con un proyecto firme y serio. Esperemos por el bien de todos que lo consiga y que se cumpla tan vital sueño sobre el que duerme el zaragocismo.

La “pequeña Romareda” de Getafe

Después de casi un año sin entrar en un estadio por culpa de la codicia depredadora de la liga de Fútbol profesional, que no ha evitado el éxito de las emisoras de radio tras un año de coacción de la libertad de expresión en nuestro país, accedí al Coliseo Alfonso Pérez. Había terminado ya el partido y me disponía a intervenir en el programa “La Jornada” de Aragón TV. Agapito estaba hablando por teléfono, pisando el césped, con el eco todavía de los abucheos de una afición que no le quiere pero que olvidó su enfrentamiento con el presidente y animó como nunca al equipo. Fue la más clara e inteligente manifestación blanquilla, ofreciendo su corazón a quienes defendían el escudo y el rechazo a quien ha precipitado al abismo a un club histórico como el nuestro. Me encontré a gusto en el escenario de los acontecimientos donde minutos antes el Real Zaragoza había certificado su permanencia en Primera División después de milagro mucho más impresionante que el de los dos años precedentes.

La “pequeña Romareda” de Getafe se calentó con los cánticos de miles de aficionados que estaban convencidos del triunfo. En estas condiciones es muy difícil fracasar pese al temblor que pueda producir la responsabilidad ante unas gradas seguras de la permanencia. Fue diferente al desplazamiento de Valencia, donde parecía más fácil conseguir el triunfo y la fiesta se vivió con una complicidad mayor con la afición granota. Los comentarios previos al encuentro, las acusaciones contra Agapito desde varios frentes, hacían incómodo el partido porque éramos seguidos con lupa por todos. Y aunque el juego fue trabado, pesado y sin calidad, no había duda que la necesidad del triunfo ponía en ventaja a los aragoneses en un choque que no regaló el Getafe.

Lo difícil ya está hecho, la afición consiguió que reaccionase el equipo y Manolo Jiménez fue capaz de canalizar esa corriente positiva mejorando la actitud y las posibilidades de sus hombres. Lo imposible, ya veremos. Por ahora la batalla es favorable a Agapito, que no dice nada y que puede preparar su continuidad en el club ya que se considera el salvador del Real Zaragoza. Sus golpes de efecto mediáticos los mide con astucia y sabe cuándo propinarlos, desorientando a la mayoría porque nadie es capaz de leer entre líneas su plan de ruta. No nos queda más que esperar, estar alertas, no olvidar lo que ha ocurrido este último lustro y ser capaces de seguir con la misma fortaleza que hasta ahora.

¡No oséis llamarlo éxito!

Épicas aparte, el Real Zaragoza consiguió ayer el objetivo mínimo que se había marcado al inicio de la temporada. El alfiler del que pende la supervivencia del club en la élite temporada tras temporada. Su sostén para poder afrontar, salidos ya del concurso de acreedores, los exigentes pagos que tiñen de rojo su calendario.

El éxtasis blanquillo fue total, absoluto, rotundo. Sólo pudo ser superado por la alegría vallecana, a escasos kilómetros del Coliseum y a escasos segundos de culminar la amenaza del descenso a los infiernos. El Villarreal será, junto a Sporting y Racing, quien sufra la pena del olvido y el destierro, mezclados con los dolorosos recuerdos de aquél penalty de Riquelme que pudo ser y no fue.

Ellos fueron grandes, y ahora están en Segunda. Lo mismo que podría haberle pasado al Real Zaragoza. Mejor dicho, lo que debiera haber pasado si la lógica de las matemáticas no se hubiera empotrado contra un muro de fe, casta, pasión y milagros. Contra el muro de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, podría decirse después de atisbar tamaña proeza, digna sólo de unos pocos elegidos.

La marcha del equipo y la mera observación del paciente aficionado en la grada hacían pensar que Javier Paredes, Pablo Álvarez, Zuculini o Edu Oriol no formaban parte de ese selecto grupo de elegidos que decía antes. La proeza resultaba demasiado utópica para el sentir maño. Pero estos jugadores, ajenos a esa excelsa clase de los que ahora llaman ‘top’ no se han resignado. Imbuidos del espíritu revolucionario, se han levantado contra su destino y han asestado un zarpazo al pesimismo, han insuflado aire cargado de ilusión a una afición maltratada, zarandeada y, últimamente, odiada y vilipendiada desde distintos puntos de España (según parece, Granada es el epicentro de la ira antizaragocista).

El episodio de ayer fue glorioso para aquellos que se desplazaron a la capital del Reino, agónico para los que lo siguieron por televisión y por la radio. Épico, antológico. Pero no se os ocurra, no oséis llamarlo éxito. Esto no es un éxito. Es un alivio. Sólo eso. La salvación permite que exhalemos, poco a poco y con placer, el aire que guardábamos en los pulmones desde septiembre del pasado año. Esto no es un éxito. Mirad las imágenes de París, de Montjuïc, de aquellos maravillosos años. Eso sí fueron éxitos. Esto, como mucho, califiquémoslo de proeza por lo heroico e inesperado. Pero no de éxito. No demos esa satisfacción a quien no ha gestionado el club para conseguir verdaderos éxitos, esos que este club sí merece.

A partir de hoy, finalizada ya la temporada, comienza el partido más importante para el Real Zaragoza. No hablamos, como todos saben, de 3 puntos, ni de goles, tarjetas o tarascadas. Éste se juega en los despachos. Esos desgraciados protagonistas del fútbol moderno marcarán el devenir a corto, medio y largo plazo de un equipo, una afición y un sentimiento. Esa misma afición, que gritó que sí podía y lo demostró hazaña tras hazaña, no debe bajar ahora la guardia. Hemos de construir un nuevo equipo desde casi menos de cero. El conjunto que hasta el 30 de mayo dirige Manolo Jiménez se desmantela por piezas, quedando sólo algunas de ellas. Ni siquiera la continuidad del andaluz en el banco es probable. Ahora toca gestionar, moverse, fichar, negociar… toca el ‘otro fútbol’. El que construye equipos y gana campeonatos o bien construye deudas y pierde categorías. En el corazón zaragocista queda la esperanza de que esto no sea un bucle: que no volvamos a empezar, a sufrir, a silbar e indignarnos con unos gestores y una gestión impropia de los despachos que ocupan. En la retina, sin embargo, guardamos el recuerdo de innumerables decepciones que, con los años, van desplazando las copas y las alegrías. Que nadie se olvide: la permanencia no era un éxito, era una obligación. Ahora comienza una nueva senda y, aunque caminemos con el pecho henchido y la cabeza alta, no debemos olvidar lo que dejamos a nuestra espalda, ni el horizonte que está por venir.

Todo a una carta

Las tres de la madrugada. Sea por el calor inusual de estos días (ya está el ventilador situado tras el ordenador, preparado para conseguir que este cascajo supere otro verano más con vida), o bien por la situación que espanta hoy los sueños de cualquier zaragocista, quién lo sabe.

El centro de mis desvelos inminentes se sitúa, precisamente, en el tradicionalmente considerado centro geográfico de la Península Ibérica, hacia donde se han dirigido, o dirigirán durante el día de mañana (hoy), miles de seguidores del Real Zaragoza a prestar su aliento al equipo, que se apresta para combatir en su última y más importante batalla. Esa gente, que son el verdadero Zaragoza, son los que van a sufrir y disfrutar el partido más importante (ahora sí que sí) de la temporada. El partido de Getafe, lo llamarán en los fascículos sobre el Real Zaragoza que aparezcan en los coleccionables de los periódicos aragoneses del 2020 en adelante. Esto puede ser algo como una especie de renovación de la promoción contra el Murcia de hace dos décadas largas. Al tiempo.

Y, para un combate que promete teñirse de épico en nuestro recuerdo durante mucho tiempo, qué mejor que un espacio cuyo nombre empieza por Coliseum, un sustantivo con ecos de gladiadores, fieras y sangre. Para un partido que acabará siendo mítico, sin importar el destino que nos depare, no está mal como complemento subconsciente. Especialmente desde que afición y equipo se encuentran conjurados como pocas veces se ha visto para salir de este mal paso; y nos vemos revueltos, de forma simultánea, desde hace unas semanas en las broncas nacidas de los nervios que recorren el fútbol español, sobre todo procedentes de Granada (que esperaban, por alguna razón, un final de liga un poco más tranquilo).

Más prosaico y cercano al deporte es el nombre que lo acompaña: Alfonso Pérez, aquel genial jugador de los noventa y principios del nuevo siglo que recaló en Madrid, Betis y Barcelona. Nacido en Getafe, razón por la cual el estadio luce su nombre, eso sí.

Allí va a ser donde nos lo vamos a jugar todo. A una sola carta. El que gana, se lleva el premio, y además: sí se puede.

Cualquier otra opción es algo con lo que no hay que jugar, porque hasta que pita el árbitro, todo es toro. Y para que éste no nos pille, tenemos que correr más que los demás.

El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

El león de nuestro escudo tiene alma de líder

El león de nuestro escudo tiene alma de líder. Lo demuestran sus garras preparadas para el más letal de los ataques.  Lo demuestra la corona que engalana una melena que ruge y unos ojos que siempre miran hacia el frente. Porque el león del escudo jamás se da la vuelta, porqué no le importa quién venga detrás acechando. Porque sabe que con coraje, honor y empujado por la corriente ventolera de su historia puede levantar un castillo de Primera clase donde solo quedaban escombros. Levantarlo, engalanarlo y tenerlo preparado para albergar la fiesta de la salvación que permitirá al león correr por toda la geografía española una temporada más.

Y es por ese escudo, por ese león encerrado entre los bordes del más sagrado símbolo zaragocista por lo que este domingo el Coliseo getafense y todos y cada uno de los rincones de la Zaragoza más blanquilla del año estarán conectados por la ilusión, la confianza y el esfuerzo. Sufrirán a pie de campo los afortunados que pueden desplazarse hasta las inmediaciones de Madrid para animar y llevar en volandas al equipo hasta el gol. Sufrirán los zaragocistas que se conjuren en los cientos de bares de la capital del Ebro y los que amparados por la seguridad de sus hogares disfruten en casa de los últimos noventa minutos de una ristra de muchas horas de futbol que han de terminar con premio. Y sufrirán los aficionados de tan histórico club repartidos por el mundo que mandarán desde los más recónditos rincones del planeta un gran soplo de esperanza que llegará sin duda hasta las raíces del césped del estadio.

Han sido nueve meses de sufrimiento y angustia. De decepciones y momentos de impotencia. Pero el más duro de los partos puede tener hoy un final que, si bien no está a la altura de lo que merece un club como el Real Zaragoza, alberga el deseo de que un año más sí se pueda. Más temprano que tarde, han de venir tiempos mejores y una cosa está clara: estaremos allí para disfrutarlos.

Esta vez es de verdad

Hemos hablado desde hace semanas de auténticas finales para el Real Zaragoza. Después de cada una de ellas siempre había otra más, una oportunidad para encadenar dos o tres victorias o para recuperarse tras una derrota. Esta vez es de verdad, llega la gran final. Y no se trata de jugarse un título, de culminar una temporada con un formidable éxito que nos haga escribir otra página más de historia en el zaragocismo. Consiste en ir a ganar a Getafe para no perder la categoría; ni más ni menos. La España futbolística profunda nos aguarda para acogernos en su seno con rabia y deseo, para no dejarnos escapar de su yugo. Con un montón de gente a la espera de la caída de Agapito que ha ido sembrando vientos y recogiendo tempestades allá por donde ha pasado.

Mientras tanto la afición ha vuelto a ponerse el mundo por montera y a resistirse al desastre. A insuflar aire en los vacíos pulmones del equipo y hacerle reaccionar por vergüenza torera, con un entrenador que se parece en el físico a Manolete y en el coraje a Paquirri. La primera jornada de inscripción para el sorteo se apuntaron diez mil setecientos abonados. Y aún queda tiempo para llegar a un nivel superior en intención de desplazamiento masivo a la gesta de Levante la temporada pasada. No sé si se podrá llegar a los once mil de entonces, porque el club solamente pone a la venta cuatro mil, aunque varios centenares de zaragocistas han retirado sus entradas en la localidad del sur de la Comunidad de Madrid. Será difícil  porque el estadio es más pequeño, el partido se disputa a las ocho de la tarde del domingo y la crisis es aún mayor que la del año anterior. La representación, en cualquier caso, será espectacular.

Me alegra que Agapito o sus asesores hayan reaccionado y tengan también la llave de la logística al poner a disposición de los abonados afortunados con la entrada, una flota de autobuses para acudir al partido. Hubiera sido un error irreparable y que dificultaría un éxodo masivo y seguro a los miles de zaragocistas. Como se ha visto, son susceptibles a las críticas y yo fui especialmente duro en “Tiempo Extra” con esta imprevisión. Lo cual es bueno y me anima a seguir metiendo el dedo en la llaga cuando entienda que algo es reprobable.

Llega el momento, amigos. Se trata de vencer o morir. La permanencia le daría fuerzas a  los zaragocistas para ejecutar la segunda parte del plan: conseguir que el máximo accionista venda la sociedad y regenerar al Real Zaragoza sin la necesidad de una refundación.

La memoria frágil

La memoria frágil   fotografíaSi hace unos meses nos hubieran dicho que en la última jornada de liga el Real Zaragoza iba a depender de sí mismo para salvarse muchos nos hubiésemos quedado con una cara de incredulidad absoluta. Y sería normal. Esta temporada hemos visto hacer al cuadro blanquillo un fútbol que es digno merecedor de estar catalogado como uno de los peores que se le recuerda, dando una imagen de impotencia absoluta que daba una señal casi inequívoca de que este año el milagro de la salvación no se podría dar.  Pero lo que tienen las temporadas es que son muy largas y lo bueno del fútbol es que te da la oportunidad de hacerte un lavado de cara total si aciertas con la pieza adecuada. Y esta temporada sin duda la pieza adecuada ha sido Manolo Jiménez. Tras su llegada, el Real Zaragoza ha comenzado una remontada que tiene pintas de ser histórica si el equipo logra mantener la categoría tras el pitido final en Getafe. Pero parece que esto no les ha gustado a todos. El Granada se ha levantado en armas haciendo unas declaraciones por parte de sus mandatarios que ponen en duda la limpieza del Real Zaragoza y que esta racha de buenos resultados se deba sólo a méritos deportivos.

Quique Pina, presidente del Granada, dijo ayer que no creía en la limpieza de la competición. Su director deportivo dijo días atrás que los últimos resultados que el Real Zaragoza había estado cosechando eran cuanto menos sospechosos. Entendamos por últimos resultados los obtenidos en los últimos diez partidos: Siete victorias ante Valencia, Atlético, Sporting, Granada, Athletic, Levante y Racing; y tres derrotas ante Barça, Sevilla y Mallorca. No sé hasta qué punto se pueden dejar ganar equipos como Valencia, Atlético, Athletic o Levante que se están jugando nada más y nada menos entrar en Europa. Lo mismo pasa con el Sporting con el descenso, evidentemente al Granada no lo incluimos en estas suposiciones y vencer a un Racing ya descendido es algo que se puede catalogar como normal. Como también se puede hacer con las derrotas ante el Barça y el Sevilla, sin embargo, es curioso que un rival que en teoría no se jugaba nada como el Mallorca no le concediese al Real Zaragoza ninguna posibilidad de victoria.

Es fácil acusar sin pruebas. Es fácil atribuir una racha magnífica de buenos resultados a unos presuntos amaños, como también lo es decir que se ha perdido frente al Real Madrid, vigente campeón de Liga, únicamente porque el árbitro es de Zaragoza. Que el penalti sea más grande que una catedral no interesa, que el segundo gol se lo metan ellos mismos, tampoco. Aquí nadie dijo nada cuando seleccionaron un árbitro andaluz para arbitrar el partido contra el Racing, no somos así. No estamos acostumbrados a echar bilis por cosas banales ni a crear conspiraciones para intentar conseguir fuera del campo lo que no se consigue dentro de él. Porque sólo creemos en el fútbol, porque lo que rodea al Real Zaragoza fuera de él lamentablemente huele a podrido y porque es el fútbol lo que nos recuerda lo que hemos ganado y lo que hemos sido.

Y señor Pina, por favor, que no sea usted el que nos diga que no cree en la limpieza de la competición. Porque ya lo sabemos de sobra. No hay que ser muy perspicaz para verlo, teniendo en cuenta que entre el segundo y el tercero hay casi treinta puntos de diferencia. Es así por gente como usted, gente que sólo ve el fútbol como un negocio, que lo utiliza únicamente para alimentar por detrás a sus empresas lucrándose gracias al aficionado que paga anualmente su abono de temporada con la ilusión que el fútbol sólo fuese lo que decidiesen los veintidós futbolistas que cada semana disputan un partido. Sin embargo, cosas como ver que usted es presidente del Granada, representante del Udinese y director deportivo del Cádiz al mismo tiempo nos devuelven a la cruda realidad. Y tampoco hable usted de árbitros, parece que tiene la memoria frágil ¿O no se acuerda del gol legal del Elche que fue anulado en el partido de vuelta de la promoción y por lo cual está el Granada hoy en Primera División?