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Es imposible conocer el futuro de un club que solamente vive el presente

Son muchas las informaciones, filtraciones y rumores interesados que se están vertiendo sobre la opinión pública zaragocista. El club es un volcán y la apariencia sosegada y tranquila del máximo accionista invita a la reflexión. En los momentos más delicados de los últimos años, con lo que está ocurriendo dentro y fuera del club, mantiene el tipo como si conociera el desenlace final de esta complicada historia.

No sé si realmente quienes dicen estar interesados en la adquisición del paquete accionarial de Agapito van a terminar comprando el club. Tampoco sé si los intereses son deportivos, económicos o políticos; incluso si el propio Iglesias García podría favorecer una operación donde él estuviera en la sombra con gente de paja supuestamente al frente.

No creo tener capacidad para apostar por la permanencia. Hace un mes parecía imposible y ahora, aunque es muy difícil, las emociones se abren paso a la inteligencia y luchan por cambiar el signo de la opinión general. Mucho se ganaría venciendo en el Molinón, pero después de esta reacción de los tres últimos partidos no es fácil mantener una racha de victorias que, estadísticamente, parece tener fecha de caducidad. El estadio gijonés registrará un lleno y un ambiente memorable y el Sporting necesita un triunfo para no ser superado por un Real Zaragoza que dejaría vencido al equipo asturiano. Es verdad que la presión estará del lado local, pero unos primeros minutos de explosión con la consecución de un gol podrían desanimar a un equipo cuya moral es quebradiza. Apenas se generan ocasiones, los últimos encuentros se han ganado por la heroica y con una carga de fortuna formidable.

Me preocupa Javier Clemente: no es un entrenador que me guste y le veo anticuado, sin raíces en los últimos años tras su salida de la selección española de fútbol. Pero es astuto, capaz de prepararle una trampa mortal al Real Zaragoza. Se desenvuelve bien en el fango, mucho mejor que Jiménez, muy comprometido con el club porque está construyéndose su carrera como técnico y es el único portavoz, el único líder válido del equipo aragonés.

Muchas cosas van a ocurrir desde ahora hasta que termine la temporada y algunas serán sorprendentes. Pero ya nos hemos acostumbrado a vivir sobre el filo de la navaja, a punto de cortarnos las venas y de arrojarnos desesperadamente al vacío. Cosas de un club que se encuentra en estado de shock pero que terminará superando uno de sus episodios más oscuros aunque apenas veamos a nuestro alrededor.

Pinta de Primera

Hace una semana todo eran lamentos por el empate ante Osasuna y la esperanza que se había despertado en algunos volvía a desaparecer, más aun viendo los dos partidos que llegaban. Yo sabía que había que mantener la calma y fiel a mi optimismo mantuve que nada estaba perdido y que por qué no íbamos a ganar en Mestalla y al Atlético. Y se logró. La semana fue fantástica para un Real Zaragoza, que con esta actitud es de Primera.

La euforia se ha desatado entre la afición con dos partidos para el recuerdo y el barco, en el que estaba yo y algunos pocos aficionados cuando estábamos a 12 de salvarnos, ahora parece lleno. De hecho, antes era una canoa y ahora, tras el 1-0 del domingo, es un barco en el que el zaragocismo se ha contagiado del We Believe. Precisamente, ante el Atlético un nombre destacó por encima de todos y fue el de Adam Pinter.

Pinta de Primera   fotografíaEl húngaro cuajó su mejor partido con la elástica blanquilla y creo que habría que apodarle The Artist por dos motivos: 1-Es un artista en lo que a sus cualidades le permiten cortando balones, robando e, incluso, distribuyendo juego. Y 2-Desde su llegada nunca ha dado ruedas de prensa y no concede entrevistas ni aquí ni en su país. No le gusta hablar, por lo que ponerle de apodo el título de una peli muda le va que ni pintado, nunca mejor dicho.

Volviendo a la situación del Real Zaragoza, el calendario le exige no perder este sábado ante el Sporting porque es un rival directo y luego visita La Romareda el Barcelona. Ganar equivaldría a sumar cuatro puntos, los tres por ganar más el golaverage (2-2 en la primera vuelta). Pese a la victoria del Villarreal, que vuelve a dejar la permanencia a seis puntos, lo positivo es que ahora hay más equipos en la pelea por no descender como la Real Sociedad, el Granada o el Betis. Los verdiblancos son, además, quienes tienen el calendario más complicado. Les quedan jugar ante Málaga, Villarreal, Real Sociedad, Osasuna, Valencia,  Atlético, Sevilla, Sporting y Barça.

Por su parte, al cuadro maño le restan nueve encuentros de los que sólo ante el Barcelona parece imposible de puntuar. Cinco de ellos son partidos en casa (tres son seguidos de los últimos cuatro ligueros) y los cuatro que quedan de visitantes no son temibles. En la última jornada, la visita a un rival como el Getafe, que nada se jugará, hace presagiar otro final como el del Ciutat de Valencia.

Además, el equipo de Manolo Jiménez cuanta con dos ventajas respecto a sus rivales. La primera es que el equipo se había visto en Segunda y ahora está muy vivo. Como si del videoclip de la canción de Thriller de Michael Jackson se tratara, los jugadores se han levantado de la tumba y se han puesto a bailar al son de las victorias. Por eso, la mentalidad de la plantilla ha crecido hasta límites insospechados, a la vez que la de sus rivales ha descendido de golpe.

Y la segunda es que el gen de Manolo Jiménez ha transformado a un equipo que se hundía en los minutos finales, en un conjunto que, aunque le falten fuerzas, lucha hasta el último segundo de partido y busca su objetivo hasta lograrlo. Por todo ello, por mi camiseta mágica, por la teoría del Stuttgart, por una afición de Primera y porque somos el Real Zaragoza: ¡¡¡We Believe!!!

Imagen: www.heraldo.es

Hay que seguir

Hay que seguir. Como si de una octavilla repartida en los exteriores de La Romareda se tratara, se repetía ayer la misma consigna. Jugadores, periodistas y aficionados, todos a una, nos hemos subido al carro de la esperanza. La postrera victoria frente al Atlético de Madrid ha devuelto el optimismo a gran parte del entorno zaragocista. Se trata de una llama frágil, surgida de los rescoldos de innumerables decepciones que, a lo largo de la temporada, han apagado una y otra vez las brasas del equipo.

Merced al maravilloso vaivén al que la evolución del equipo nos ha castigado, la realidad de la ilusión varía cada semana. Ora estamos en Segunda, ora nos vamos a salvar. Vamos camino de convertirnos en un “equipo-milagro” que, cada quince o veinte días, protagoniza un ascenso moral a la Primera División para volver a abandonarla sólo unos días después.

Bajito, moreno, y con mala hostia

La verdad es que el fichaje -cesión- no me gustó. Ni un pelo. El recuerdo más nítido que tenía era el de un pequeño broncas, en un Málaga menor, comparado con lo que tenemos hoy enfrente; un jugador acostumbrado a liderar al equipo, sí, con carácter, raza, huevina, todos los adjetivos costumbristas. Especialmente, cuando se trataba de liarla. No era raro ver uno de sus enfrentamientos, frente a frente, con un rival, aprovechando para equilibrar el pique la ayuda de sus rasgos de granito y esa barba que se escucha crecer mientras el partido se despliega. Bajito, moreno, y con mala hostia.

Bajito, moreno, y con mala hostia   fotografíaY está claro que ése es un tipo de jugador que siempre tiene el favor de buena parte de la grada. Luchadores, corajudos, elementos que acaben con el tedio de un partido a base de… bueno, de liarla. Lo dicho.

Pero yo esperaba en ese momento algo más a un conejo blanco, dentro de lo que se puede extraer de nuestra pequeña chistera de mago venido a menos. Algo como el Chupete, pero para el centro del campo, para que nos entendamos. Alguien que busque conseguir la notoriedad que se le niega en otra parte. Simplemente con hambre de hacerse ver, por fin, en una liga con tantas cámaras. Pero que funcionara: una figura, digamos, que se hiciera con el campo y la afición y nos sacara del torpor de tantas tardes de derrota. Que fuera tremendamente efectivo en lo suyo y personalizara en sí mismo el éxito de una salvación, despertando con sus acciones a los zombis en los que se han convertido muchas tardes nuestros jugadores. Una vez más.

Pero llegó Apoño. Y otros, sí, pero mi deseado conejo blanco se quedó en algún lugar desconocido, y lo que ves es lo que hay, amigo. Los resultados no mejoraron, y vimos de cerca el fondo del pozo. Tanto, que ya ni siquiera parecía quedarnos como opción la astilla de las matemáticas para justificar el acudir semana tras semana al encuentro con el Real Zaragoza.

Pero ahora que, por dejadez de los rivales en la lucha más emocionante de esta liga, digan lo que digan los telediarios, que es la del descenso, el equipo ha dado algún zarpazo suelto que lo ha aupado cerca de la superficie, que casi vemos la luz…, me sorprendo a mí mismo, especialmente en actuaciones como la de Valencia, diciéndome que, al fin y al cabo, cuando la cuerda está tan tensa, no está de más que haya alguien que aporte ese plus de… garra, eso era. Nervio y tensión que permitan que un equipo defenestrado, al menos, mantenga la cabeza más alta que la cintura durante el mayor tiempo posible.

Apoño, de momento, es el que lo está consiguiendo, con alguno más que se suma a su estela. Bien vale que el zaragocismo se lo reconozca, aunque sea hasta el domingo. De momento, y para superar el tembleque habitual, ya va diciendo que ganando, ¡ganando!, estamos en la lucha. Ésa es la actitud. Bien por él.

‘Apoño’ moral

Antes de comenzar con mi primera columna me gustaría explicar por qué la he llamado We Believe. En 2007, mi equipo de la NBA, Golden State Warriors, se clasificó en el último partido a los Playoffs, donde no estaba desde hacía 13 años. Al ser los octavos les tocó medirse a los primeros cabezas de serie, Dallas, que tenían la mejor marca de victorias. Los aficionados de los Warriors crearon el eslogan de We Believe soñando con dar la mayor campanada de la historia.

Todos los hinchas llenaban su cancha con camisetas del mismo color y esa frase. Y se logró. Golden State se cargó a los Mavericks por 2-4 e hicieron historia, ya que por primera vez el octavo clasificado había logrado eliminar al número uno y con mejor marca de la NBA desde que se estableció el formato al mejor de siete partidos. Por eso, ante la actual situación del Real Zaragoza y siempre, estemos como estemos y donde estemos, yo creeré en mi equipo y en que todo es posible.

Hace un mes aproximadamente, el Real Zaragoza se encontraba a 12 puntos de la salvación. Yo seguía haciendo cuentas y aún pensaba que podíamos salvarnos. La gran mayoría opinaba todo lo contrario y ya daba al equipo por descendido. Y es más, mucha gente criticaba mi optimismo y me tildaba de loco. Nunca entendí que se critique a alguien por tener fe y esperanza. Para decir que el Real Zaragoza era un equipo muerto y descendido ya habría tiempo de sobra. Que uno fuera optimista no quería decir que no supiera que lo normal era un descenso, pero jamás entenderé a la gente pesimista. Su negatividad no hace más que generar más pesimismo y en situaciones así, creo que es lo último que hay que hacer. Si Jiménez fuera pesimista y se lo dijera a los futbolistas, éstos se hundirían más, por lo tanto la negatividad sólo perjudica.

Por eso, yo (y algunos pocos más) decidí creer. Agarrarme a esa esperanza y tener fe en los jugadores. ¿Qué sentido tiene el fútbol si no piensas que tu equipo puede conseguir algo?, ¿acaso alguien cuando tiene a un paciente enfermo lo da por muerto, aunque esté muy grave? Pues eso. En los partidos veía que sí, que el nivel de los jugadores es bajo, pero que también los árbitros y la mala suerte se habían cebado, dejando a una plantilla muy golpeada anímicamente. Ahora, el Real Zaragoza ha recortado la mitad de puntos a la salvación mediante varios milagros y está a ‘sólo’ 6 de la vida.

El triunfo en Mestalla con dos goles de Apoño puede ser el punto de inflexión definitivo. Los que no creían, ahora creen, y los jugadores ven la luz al final del túnel. La forma en que se ha producido la victoria ha supuesto un ‘Apoño’ moral para todos. El ‘virus’ optimista invade la capital del Ebro y ante el Atlético, La Romareda debe ser una olla a presión. Así que tal y como reza el nombre de mi columna ¡We Believe!

La generación perdida

La generación perdida   fotografía

Un Real Zaragoza ya octogenario se presenta en Valencia como un desconocido. Un recién llegado, el rival propicio al que asestarle una goleada con la que olvidar los frecuentes silbidos de Mestalla. Deseos al margen, no se antoja descabellado. Aunque los recuerdos de este estadio trasladen a la Supercopa del gol de Javi Moreno, a la última jornada con la Liga en juego – con su consecuente participación en Champions League silenciada – o a las primeras eliminatorias de la Recopa en el aún denominado Luis Casanova. Con el amargor del empate ante Osasuna, el zaragocismo abrió su regalo por el 80 cumpleaños: una caja con recuerdos de grandes gestas como estas y el deseo de saborear algún día sensaciones similares.

Especiales de antes y de ahora, recuperar libros como la obra obligada de Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente, enrabietan más si cabe tras volver a la realidad. Cuando eres consciente que precisamente es su afición y esa octogenaria historia lo único que le queda a este club dirigido por Agapito Iglesias. Bien sean líneas, palabras o imágenes, son todo lo que tiene un niño que descubra al Real Zaragoza en este época sin un asidero al que agarrarse. Nada atrayente. Cuando no tienes un ídolo del que comprar una camiseta a no ser que ese niño sueñe con jugar de portero.  En esa generación perdida he acabado pensando esta semana, los niños que ya no bajan al recreo a imitar a Lapetra, Arrúa, Señor, Nayim o Milito. Y es que no hay nadie que se parezca, ni en carisma ni en calidad, a futbolistas así. Un solo canterano en la plantilla, Ángel Lafita, al que esta directiva dejará escapar gratis dentro de unos meses.

Hace tiempo que no creo en la salvación, aunque de ganar ciertos partidos podría haberse dado caza a un Villarreal que cada día recuerda más al Real Zaragoza del úlimo desceso, pero sí en una futura regeneración. Con el máximo mandatario actual siguiendo el ejemplo del expresidente Alfonso Usón, abandonar La Romareda, pero también la gestión. Atravesamos tiempos difíciles, los más oscuros según los que han visto todo, pero algo ha quedado grabado a fuego en el sentir zaragocista durante esta semana de celebración cercana al luto. Aunque al menos yo no aventure ni el momento ni la forma. El león siempre vuelve.

Imagen: Peña Zaragocista Ángel Lafita

Twitter sí, pero así no

Twitter. Quién no lo conoce ya, y más en el mundo de Internet. Doscientos millones de usuarios y más de sesenta y cinco millones de ‘tweets’ diarios así lo avalan. Ahora no hay empresa que se precie un poco que no disponga de esta herramienta. Y es que más que útil se podría decir que es utilísima, permitiendo a una gran multinacional contarle al usuario de a pie al minuto lo que está realizando o el cómo es el producto que va a sacar, por ejemplo. Y no sólo eso, sino que además en muchos casos le permite interactuar con él, creando una complicidad con éste que es básica para mejorar la imagen de la marca. Pero no sólo multinacionales, también actores, políticos, cantantes, escritores, periodistas de renombre, etc. son usuarios habituales de este microblogging. Y por algo será.

El twittero zaragocista pronto echó en falta un usuario que representase la imagen del Real Zaragoza en esta red social. Lo reclamó durante mucho tiempo pero no hizo su aparición hasta hace apenas unos meses, cuando ya todos los equipos de Primera División y muchos de Segunda ya estaban; y realmente, para lo que hemos visto hasta ahora, se lo podían haber ahorrado.

La presencia de @RZ_Oficial en Twitter parece deberse más a un intento de acallar al zaragocismo en su intento de recriminar al Real Zaragoza su poca implicación en tareas de acercamiento al aficionado que en lo que realidad debería tratarse, limpiar y mejorar un poco su imagen  interactuando y debatiendo con él, dando una imagen de cercanía que sería de mucho agradecer en los tiempos que corren. Las conversaciones con los usuarios o simplemente las respuestas a los centenares de preguntas que éstos le formulan se pueden contar con los dedos de una mano, y sinceramente, para informarnos de cuándo entrena el equipo, qué ha dicho quién en la rueda de prensa o cuándo es el desplazamiento al próximo partido ya existía la página web, que también merecería una mención aparte. Un pequeño concurso de fotos con una camiseta como premio y el seguimiento al minuto de los partidos es de lo poco salvable.

Es cierto que otros equipos utilizan Twitter de una manera similar a como lo hace el Real Zaragoza, pero no viven la convulsa situación institucional que se está viviendo aquí. Los aficionados se sienten solos ante el oscurantismo que ofrecen los dirigentes del club y miles de preguntas les taladran la cabeza debido a la incierta actualidad que rodea al equipo y a un futuro que se antoja presumiblemente desolador. Evidentemente la incorrecta utilización de esta red social es un asunto baladí comparado con la crisis deportiva e institucional que vive el equipo blanquillo y una mejora en su uso no va a acabar no este conjunto de adversidades, pero hacerlo bien te puede mejorar la relación del día a día con el aficionado. Y hacerlo bien cuesta muy poco.

Un pedazo de historia siniestra

Hace algo menos de un año, cuando veníamos de perder en Anoeta un partido clave para terminar la permanencia y Osasuna le daba la vuelta al marcador en un encuentro que tenía perdido, abandoné la habitación del hotel donde había presentado “Tiempo Extra” y me arrodillé en el pasillo levantando los brazos y preguntándole a Dios qué pecado había cometido para tanto sufrimiento. Lógicamente, no recibí respuesta alguna pero, días más tarde, entendí como una señal divina el triunfo del Real Zaragoza en el estadio Ciudad de Valencia. Daba la impresión que todos nuestros pesares habían terminado con una agónica victoria y una permanencia lograda en la última jornada de Liga.

Debo interpretar con escaso acierto los signos celestiales porque lo sufrido desde junio del año pasado no tiene parangón alguno con los padecimientos de los años anteriores. Y, efectivamente, el cuerpo humano es capaz de soportar la crueldad hasta límites insospechados. Porque la que nos está cayendo es de abrigo, con una ferocidad similar a la de un depredador cegado por el olor y el sabor de la sangre de su presa. Hace unos meses contemplé a través de la pequeña pantalla una escena que me impresionó: unos leones hambrientos se habían atrevido a dar caza a un elefante y lo devoraban vivo porque el paquidermo no terminaba de ser derribado y luchaba por su vida. Así está el zaragocismo, con sus carnes mordidas y las vísceras colgando de su cuerpo que soporta la terrible tortura del camino a su desaparición, negándose a caer pese al acoso atroz que soporta. Se aferra con obstinación a un futuro que parpadea pese al descenso, a la quiebra, a la pérdida de su patrimonio humano y económico, al descrédito en todos los escenarios.

La resistencia es heroica pero se necesita de la ayuda de alguien para restañar sus heridas, recuperar el aliento, alimentarse y comenzar a caminar con lentitud para encontrar la senda que nos lleve a la regeneración. Sufro por mi club, por la buena gente que quiere al Real Zaragoza, por el sentimiento que no entiende sexo, edad, cultura y posición económica. Por los años de historia, por las personas que han trabajado para hacerlo grande, por los que han muerto tras vivir con intensidad sus colores. Por no poder acudir a los estadios a transmitir los partidos por las ondas de la radio a causa de la codicia de los dirigentes del fútbol español que se van a cargar este espectáculo. Porque los goles que canto apenas sirven para nada.

Me toca narrar, explicar y compartir un pedazo de historia siniestra. Y aunque estoy seguro que volveremos a competir con dignidad y a recuperar la ilusión, nada será como antes. Hemos descendido a un infierno que no se nos olvidará, aunque se trate de algo provisional, porque el fuego ha quemado también los pliegues de nuestra alma.

Aranda, Coentrao y la hipérbole del fútbol

¿Cuándo dejó el fútbol de ser noticia? ¿Cuándo pasaron su entorno, sus curiosidades y anécdotas, de considerarse un bonito complemento a ocupar portadas, debates y bits de este mismo espacio? Sí, lo sé. Caigo en mi propia trampa. Prometo en las líneas que preceden a estas hablar de 22 tíos y una pelota de cuero, y la primera opinión que vierto versa sobre cigarrillos, calentamientos y demás historias que no debieran ser protagonistas sino meros satélites que orbiten en torno al balón, las coberturas, las líneas, las follas secas y las tarascadas: el fútbol. ¿Por qué, entonces, empiezo la casa por el tejado? Tal vez porque pretendo colaborar al hartazgo de la masa lectora de este género y que, de tanto hastío, dejen de leer la prensa deportiva.

 El caso es que, en este bendito país nuestro, la noticia del día (y de los días, que casi es más lacerante) en el ámbito futbolístico no ha sido un gol, ni un fichaje, ni nada relacionado con los campos de fútbol. Ha sido un cigarro. Un pequeño y diminuto cúmulo de nicotina. Igual que los que consumían Kluivert, Futre o Rijkaard o de los que consume, hoy en día, Miguel Brito, a la sazón lateral del Valencia. Desde luego, no es un hábito recomendable en un deportista, mucho menos si el alto rendimiento es su modo de vida o si ha de alcanzar la excelencia para justificar, como es el caso, un carísimo traspaso. Pero de ahí a convertirlo en alegre algarada de los debates, en tema del día para vilipendiar o defender a muerte al portugués, según sea el color de la bandera, el abismo es grande.

En la órbita  blanquilla coincide la circunstancia, aunque a escala. El Real Zaragoza convive con una muerte anunciada desde hace semanas, con una mezcla de desesperanza y desazón; rabia y frustración. En estas circunstancias los ánimos están a flor de piel y las suspicacias aumentan exponencialmente. Con el don de la oportunidad, Aranda, en un momento crítico en la historia de un equipo recientemente octogenario, “aprovecha” la coyuntura. El reportaje del Día Después enciende la ya renegrida llama de la indignación maña, inflamando la red y los maltratados corazones zaragocistas. Al día siguiente, Manolo Jiménez acude al rescate y resta importancia al incidente. Contemporizador, lo deja en diez minutos de retraso y la multa de un “tapeo”, como dicen en su tierra. El ex de Osasuna demostró una falta de implicación bastante dolorosa, realidad suficiente para que una afición suficientemente noqueada se indigne. A partir de ahí, es mejor no hacer leña del árbol caído. Se aplica el código interno en lo que esté estipulado y se asume que, a pesar de todo, cuando ha jugado, Aranda ha luchado y peleado dentro de sus posibilidades. No nos engañemos: el Real Zaragoza no está como está porque Aranda llegue diez minutos tarde al vestuario. Eso es sólo un vaso de agua en el océano.

Es la hipérbole del fútbol. Cualquier detalle sirve para llenar telediarios, páginas o minutos de radio, y si se maximiza se convierte en un fenómeno superventas. Modelo Hollywood. Al final, las botas de “CR7″ y las desventuras amorosas de Piqué tienen más valor que el legítimo protagonista: el balón. Afortunadamente, hay quien aún cree que la liga huele a césped, a colegiados con extraño apellido y a domingo por la tarde. A estos rara avis aún nos quedan Vicente Verdú, Martin Girard, Martí Perarnau, Michael Robinson, Rubén Uría…  para leer y disfrutar en este reducto de la soledad. Mientras tanto, se admiten apuestas. ¿Cuál será la próxima noticia del día?