Archivo de categorías: El último pase

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografíaPartamos de la base de lo injusto de las comparaciones. Sin embargo, la aparición de José Mari y de Víctor Rodríguez en La Romareda recuerda a la de esos dos imberbes chavales que en doce meses pasaron de jugar en el campo del Barbastro a ser titulares el día de mayor gloria de la historia del fútbol español. No sólo no han notado el salto, tras lo visto ante Osasuna, tienen la posibilidad de convertirse en imprescindibles.

Por supuesto, hay distancias insalvables en ambos cuentos. La diferente repercusión de ambos clubes es obvia, también los objetivos, pero no el contexto que ha enmarcado sus primeras apariciones en Primera División.

Aquel Barcelona de Guardiola debía soportar la presión del declive de los Rijkaard, Ronaldinho, Deco… y los inicios no fueron fáciles. Por aquel entonces, a todos sorprendió que Pep diera el mando en puestos claves del equipo a dos desconocidos. El extremo para Pedrito, aún no era Pedro, quien debía abrir al equipo y desbordar a su lateral. El medio centro, el Guardiola del Pep entrenador, para el hijo de Carles Busquets. Aún no era Sergio.

Este verano, Manolo Jiménez apostó por mantener el 4-3-3 que salvó al equipo la pasada campaña. El Real Zaragoza, La Romareda, es un marco exigente, poco apto a ser paciente con los más jóvenes. Tras los apuros pasados los últimos años y tantos fichajes infructuosos, a los nuevos se les mira con lupa.

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografía

El mercado se cerró sin el medio centro demandado por Jiménez. Le faltaba ese 5 clásico que tapara cada agujero y apoyara a sus compañeros en la salida de balón. Tenía un as bajo la manga. Procedente del Jaén, según el club para reforzar el filial, José Mari se ganó desde un principio la confianza del técnico. Y  tras cinco jornadas, también la de La Romareda.

En cambio, tras la baja de Lafita o Luís García, hasta cuatro jugadores llegaron para sumarse a Edu Oriol y competir para ocupar los extremos. Amante de utilizar futbolistas a banda cambiada, el técnico ha otorgado la vitola de titular a Montañés en la izquierda. En la derecha, Oriol no acaba de convencer al míster, mientras Javi Álamo y Wílchez siguen siendo incógnitas por resolver. Cada entrenamiento en la Ciudad Deportiva, un recién llegado de Badalona gracias a Ánder Garitano, demostraba que tenía hueco en el once. Y Manolo Jiménez apostó por Víctor Rodríguez, quien volvió loco a Nano hasta que Mendilibar cambió al lateral osasunista.

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografía

En la misma posición que Busquets y Pedro se consagraron hasta ser campeones de todo, José Mari y Víctor comienzan a hacerse un nombre en Primera División. Futbolistas que La Romareda puede disfrutar durante muchos años. Como decía hoy Movilla: “Los que llegan nuevos al Real Zaragoza tienen que desear estas muchos años aquí y no con la idea de que sea un trampolín e irse pronto”. Démosles la posibilidad de crecer. El futuro es suyo y han demostrado estar preparados. Que lo aprovechen. Que lo disfrutemos. Por mucho tiempo.

Fotografías: El Periódico de Aragón, Los Blanquillos, Vavel

Una historia ya contada

Obviando nombres propios, podría acogerme a la táctica universitaria denominada ‘copiar & pegar’  y repetir la misma crónica que hace dos semanas. Como ocurriera ante el Málaga, el centro del campo que alineó Manolo Jiménez en Anoeta dejó claras las intenciones del equipo en la primera parte. Una decisión quizá marcada por el estado físico de Apoño y de Movilla, quizá entendible al actuar como visitante, pero tan poco efectiva como inofensiva y aburrida para el espectador neutral. El plan: aguantar el 0-0 hasta el minuto 70, dar entrada a Apoño e ir a buscar el partido. Pero una vez más, la estrategia aguó el plan previsto.

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Sólo Babovic, zurdo cerrado, talentoso y disperso, parecía salirse del guión mientras Postiga luchaba y se indignaba en su isla particular en busca de encontrar milagrosamente el tesoro del gol. De las bandas, Oriol y Montañés, aún no hay noticias. Sin embargo, salvo un error que Roberto se encargó de solucionar, el Real Zaragoza sobrevivió hasta el descanso, en parte gracias a la imprecisión dela Real Sociedad en su fase de creación.

Tras la reanudación, apareció el fantasma que Manolo Jiménez no consigue ahuyentar del club blanquillo y que, como recordaba Chema Erre Bravo, tampoco logró en Sevilla. Pero más allá del enésimo gol de estas características, mi preocupación se agrandó al escuchar al míster reconocer el haber probado infinidad de sistemas defensivos para este tipo de jugadas. Intuyo dudas, inquietud y ansiedad cuando quizá el mejor remedio para combatir estos errores sea la tranquilidad, la paciencia y el convencimiento a la hora de optar por una única forma de blindar la portería de Roberto del balón parado, con los ajustes necesarios dependiendo del rival de turno.

 

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¿Qué ocurrió en ese minuto 55? El cuento maldito lo comienza la pierna izquierda de Carlos Vela. El centro es perfecto, fuerte, plano y con la rosca ideal, el córner soñado por los delanteros. Roberto, sospechoso habitual en este tipo de jugadas, su punto débil que le martirizó en Lisboa, esta vez no tiene tiempo de salir en busca del balón colgado. Seis defensores en el área más el portero, cuatro atacantes de la Real Sociedad, Postiga y José Mari son los hombres libres que han de ayudar en los marcajes y atacar el balón.

La obsesión del primer palo, ahí se falló ante el Málaga, provoca que Jiménez coloqué al andaluz liberado para despejar un posible saque corto. En cambio, el portugués se incrusta en el centro. He ahí una de las claves, Postiga llegaba para peinar el esférico, pero su falta de centímetros y de aptitudes defensivas conllevarán que ante el miedo de rozar la bola y crear una segunda jugada inesperada decida dejar vía libre al balón. Escribiendo supuestos que carecen de validez científica, José Mari posee mayor altura y rigor para ocupar ese lugar y así haber despejado el esférico.

Además, Jiménez aludió a la falta de “especialistas” en la rueda de prensa posterior. Desconociendo si existen expertos en este tipo de jugadas defensivas, quiero entender que el mister quiso referirse a la falta de centímetros del equipo. Sapunaru con Agirretxe, Álvaro junto a Mikel González, Paredes cubre a Griezmann, quién se ocupará entonces de Iñigo Martínez se preguntaría el cuerpo técnico. Tendrá que ser Zuculini, dijo aquel.

Una historia ya contada   fotografía

Intenso en la marca, el argentino era la opción más natural –una vez excluido José Mari para liberarlo- pero se conformó una pareja de baile claramente descompensada, no tanto por la altura sino por la potencia de salto y costumbre de disputar el juego aéreo. Álvaro acudió a la ayuda, sin fe, y de nada sirvió. Y en ese momento acabó el partido, ya que por el momento, este equipo tiene nula capacidad de reacción. El cruce de cables de Paredes, cometiendo un penalti impropio y ridículo que denotó nerviosismo, tan claro que Iglesias Villanueva se avergonzó de mostrarle la segunda cartulina amarilla, fue lo único reseñable del resto del encuentro.

En el deporte de élite no está bien visto lo de beber, por lo que toca trabajar para olvidar esta derrota y sobreponerse ante Osasuna. Si las circunstancias lo permiten, Manolo Jiménez tendrá a su disposición y en perfectas condiciones a todos sus centrocampistas. Llega el momento de elegir y de comprobar si este equipo es capaz de salir a mandar el partido desde el primer minuto. Hay mimbres para no pasar los apuros de antaño, para evitar la misma historia y caer ya en septiembre en un estado de ansiedad que sería muy perjudicial para esta plantilla. Paciencia y confianza.

Fotografías: JOSUME MARTÍNEZ DE ALBÉNIZ

Fútbol y demás enredos

Fútbol y demás enredos   fotografíaRueda el balón. Se acabaron los debates sobre los sentimientos personales de las estrellas mediáticas. La atención se centrará de nuevo en el cuero o, en el peor de los casos, en el árbitro de turno. Después de sobrellevar el mono gracias a la droga blanda de los compromisos internaciones, el circo del pueblo moderno inundará de nuevo las televisiones este fin de semana. Incluso el lunes. Yo, encantado.

En el entorno blanquillo, alejado de posturas independentistas y de cracks mundiales endiosados, Arnaldo Félix ocupó el espacio vacío provocado por el parón liguero. Una salida tardía, una expulsión fulgurante y su culpabilidad admitida. Detrás queda todo el daño que durante su mandato ha provocado a la Federación de Peñas del Real Zaragoza. Sólo queda desear que esta asociación represente con dignidad, honor y creatividad al aficionado. Todo lo contrario que hasta ahora.

Manolo Jiménez, ajeno a todo conflicto y él sí ejemplo de transparencia, contará en Anoeta con un equipo de garantías, cercano al que el entrenador esperaba a principios de julio. Las lesiones y la tardanza en ciertos fichajes, principalmente el del lateral derecho, lo habían imposibilitado hasta ahora. Sapunaru apunta a titular, desde este domingo hasta mayo. En el centro del campo cuenta con diversas posibilidades tras la puesta a punto de Apoño, Movilla y Romaric e incluso también son varias las opciones en las bandas. Tener posibilidad de elección ya es una buena noticia. Siempre con el gol en la mente, Helder Postiga llega en racha tras marcar con Portugal, frente a este rival anotó su primer tanto como blanquillo, probablemente, el mejor gol de su vida. El objetivo común: firmar un 2/2 como visitante.

Pero no será fácil. La Real Sociedad mantiene el bloque de la pasada temporada, encabezado por Philippe Montanier en el banquillo, a pesar de  las dudas que transmitió al comienzo de la Liga2011/2012. La apuesta por la cantera se mantiene intacta en el seno txuri-urdin, ejemplificada este año en la elección del joven Rubén Pardo, a sus 19 años, como manija del centro del campo. A su lado Illarramendi, por detrás Iñigo Martínez volverá a la titularidad tras su lesión y arriba Griezmann y Agirretxe. Todos ellos, hay más en la plantilla, formados en Zubieta. Para tranquilidad zaragocista, de Javier Paredes particularmente, faltará Xabi Prieto.

Dos clubes que han vivido situaciones de inestabilidad similares, pasos por el infierno y que pretenden consolidar un proyecto que devuelva tranquilidad a corto plazo y éxitos como antaño en un futuro más lejano. Al menos, contribuyendo a la calma y al hipnotismo social, el balón ya está de vuelta.

Foto: Heraldo de Aragón

El cierzo sopló en contra

El cierzo sopló en contra   fotografía

Segundo partido en La Romareda. Otra derrota y ningún gol a favor actuando como local. Este es el bagaje antes del clásico parón provocado por los compromisos internacionales. Bien es cierto que ambos encuentros, ante el Real Valladolid y el Málaga, pudieron acabar con victoria blanquilla, tampoco las derrotas pueden calificarse como injustas.

A menudo, el centro del campo ejemplifica lo que el técnico espera de su equipo en el terreno de juego y cuáles son sus intenciones. Esta vez, obligado por la lesión de Apoño y por la inexistencia de un sustituto con características similares al malagueño, Manolo Jiménez dio la manija a Adam Pinter y José Mari, mientras Romaric sufría su pubalgia algo más adelantado. El estado físico del africano, llamado a ser uno de los puntales del once, no es digno de un titular del Real Zaragoza, pero entre lesiones y recién llegados pocas más opciones tenía el técnico andaluz. El marfileño, demostró compromiso, pero no pudo más y se guardo su sprint más intenso para salir del partido en dirección al banquillo. Espero que el club mueva ficha y no permita al jugador acudir con su selección. Lo veo venir, jugará con Costa de Marfil y se resentirá.

El Real Zaragoza no quiso el balón, consciente de que una guerra por el esférico ante el Málaga podía acabar mal. Así las cosas, Jiménez apostó, como ante los pucelanos en el debut, por defender la portería de Roberto, apoyado por Álvaro González como mariscal de la defensa, parar con faltas a los andaluces y buscar una oportunidad en el desierto. La búsqueda del 1-0, acabó con un 0-1 en contra. Y remontar para este equipo es aún una utopía.

Sin embargo, el plan estuvo cerca de salir bien. Romaric desperdició una heroica jugada por banda de Pinter, mkientras Wílchez disparó ingenuamente una gran internada de Paco Montañés. Ahí estuvo el partido. Los extremos, muy alejados del islote Postiga y sin apoyos del centro del campo, apenas tuvieron importancia en el partido. Más Montañes, quien demuestra detalles en cada balón siempre que el césped se lo permite. El césped, o la arena, porque el lamentable estado del terreno de juego deLa Romaredase asemeja más a una playa que a un campo de fútbol.

Y tuvo que ser Nacho Camacho. El canterano se libró de la marca de Pinter, Goni luchaba con Demichelis y tapó la visión del balón a Romaric, quien dudó y no atacó el esférico. Roberto vendidó y poco amante de salir por alto: gol. Un error provocado por un gran centro de Eliseu en uno de los diez corners sacados por los de Pellegrini. Veinte centros al área, solo uno se defendió mal, pero costó una derrota.

No debe magnificarse esta jugada y pensar que el mayor problema del equipo es el balón parado. Ni tampoco escudarse en la estrategia como excusa. Jugando a no encajar, dando el balón al rival, esperando acertar arriba en una de las dos oportunidades creadas en 90 minutos, encomendados a Roberto, con un césped impracticable que provoca un partido lentísimo… una derrota no se puede justificar por un balón parado. El Real Zaragoza no supo remontar el viento en contra.

Foto: El Mundo

¿Y este año qué?

¿Y este año qué?   fotografía

Se denota obligatorio vaticinar el devenir del Real Zaragoza en una Liga de la que solo se han visto ciento ochenta minutos. Quizá se deba a las ansias de la afición por llegar a la última jornada. Sin amagos de infarto, sin disputar finales que no reportan títulos a las vitrinas y sin la necesidad de invadir pacíficamente una ciudad para asegurar la permanencia. ¡Qué acabe ya! Pero esto no ha hecho más que empezar.

Las prisas no son buenas consejeras, tampoco a la hora de analizar lo que puede dar de sí esta temporada. Menos aún si se trata del Real Zaragoza de los últimos años, acostumbrado a vaivenes y giros inesperados. La ilusión de consolidar el ‘Proyecto Jiménez’ choca de bruces frente a la experiencia de lo ocurrido los últimos años, a la incredulidad que suscita el paso atrás de Agapito Iglesias, más cómodo en la sombra que en el sillón que dejó vacío la pasada temporada y hoy ocupado por el vicepresidente del RCD Español los últimos años. Insólito.

Manolo Jiménez pretende evitar el mismo camino que siguieron en su día Marcelino, Gay y Aguirre. Para ello, el andaluz echó un pulso este verano al máximo accionista y se erigió en manager al más puro estilo Premier League. Entrenador, director deportivo, portavoz y estandarte de un club que busca empezar de cero, renacer de las cenizas a las que estuvo a punto de verse minimizado. Pero vuelven las prisas, como si nada hubiera cambiado en la entidad en estos meses estivales toca apurar el mercado de fichajes con el riesgo que esto conlleva. “Un central, un lateral derecho y un medio centro”, ha demandado el técnico andaluz desde hace semanas. Quién ha llegado ha sido Babovic, media punta y una incógnita más.

Ya sobre el césped, el fantasma de los últimos años no tardó en reaparecer durante el debut de madrugada ante el Real Valladolid. También se oyeron sus cadenas durante el descanso en Cornellá, pero amablemente se evaporó tras el gol de Postiga. Parecía el encuentro de vuelta del Memorial Carlos Lapetra, un partido sin tensión por ambas partes, impropio de una Liga ya empezada, similar en cuanto a sensaciones al de la primera jornada en La Romareda. Uno se ganó y otro se perdió, pero bien podría haber sido al revés, incluso se pudieron empatar los dos.

Una derrota no hubiera sido ni mucho menos definitiva, más allá de las voces agoreras que habrían surgido vaticinando un descenso inevitable. Sin embargo, la remontada del pasado sábado proporcionará tranquilidad a una plantilla que necesita tiempo, tanto en el campo como en los despachos. Tiempo para asimilar el estilo de juego que quiere implantar Jiménez, para convencer a Coke y a Squillaci, las dos peticiones más firmes del entrenador. Tiempo para comprobar la evolución de Montañés y Javi Álamo, la adaptación de José Mari a Primera División en una posición fundamental, el ancla que sujeta al resto, para recuperar a Romaric, o para buscar el mejor equipo posible a Porcar o a Laguardia.

Algunas dudas se resolverán esta semana, la noche mágica del 31 de agosto, otras incógnitas jornada a jornada. Pero Manolo Jiménez se ganó la confianza del zaragocismo el pasado año cuando no se intuía una solución, se la sigue ganando día a día, frase a frase, demostrando honradez y sinceridad en cada declaración. ¿Y este año qué? No lo se, sólo confío en Manolo y en que la historia no se repita una temporada más.

Foto: vavel.com

Una nueva final

Una nueva final   fotografíaNo acabó todo con el triunfo ante el Getafe. Se aseguró la permanencia, se evitó un descenso que  parte de la afición ya había asumido, aunque nadie conocía a ciencia cierta lo que podría haber significado para el futuro económico del club. Tras mantenerse en Primera División, el Real Zaragoza tiene ante sí la posibilidad de romper con un ciclo de cuatro años nefastos, repleto de sinsentidos protagonizados por el máximo accionista y que han acabado en un ascenso y tres salvaciones milagrosas. Manolo Jiménez es la esperanza, la piedra angular de un proyecto ideal, y por una vez, que el paso atrás de Agapito Iglesias sea de verdad. Sin mentiras, sin falsas promesas, incluso sin comunicados en la web oficial del club.

El técnico andaluz ha puesto sobre la mesa las condiciones y si se cumplen firmará el contrato. Pero es consciente de lo que ocurrió con sus antecesores. Primero fue Marcelino García Toral, después la dupla formada por José Aurelio Gay y Nayim, y tras elllos Javier Aguirre, quienes acabaron devorados por el torbellino de inestabilidad en el que vivía el equipo. Eso quiere evitar Manolo Jiménez al reclamar el control total de la parcela deportiva. Hace unos días, Jiménez aseguraba que “el dinero no sería un problema”, mientras que en su última aparición pública se mostraba más tajante afirmando que renovar con esas condiciones “traicionaría al club y a la afición”.

No es posible vaticinar lo que está por venir, cuál será la decisión de Agapito Iglesias y cuánto tardará en pensar lo contrario. Manolo Jiménez ha puesto las cartas sobre la mesa, aceptando la confianza que la afición de La Romareda le ha trasladado durante estos meses. El clavo al que se aferra el zaragocismo. Las finales que ha disputado el Real Zaragoza en este lustro son incontables, pero quizá este sea el partido más complicado, el más trascendental. El fin de un ciclo.

 Foto: Carlos Muñoz

A dos pasos de la orilla

A dos pasos de la orilla   fotografíaTras cuatro meses de regata, repletos de trabajo y sacrificio, el barco capitaneado por Manolo Jiménez avista la tierra prometida, la salvación deseada. Desde aquel partido en El Sardinero, el primero del nuevo comandante de El Arahal, plantilla y cuerpo técnico han sido capaces de no bajar los brazos, por muy adversas que fueran los condiciones, con jornadas para olvidar como aquellos desplazamientos a Málaga, San Sebastián o las oportunidades perdidas en La Romareda ante compañeros de viaje como el Rayo Vallecano. Pero el capitán del navío ha cumplido con el objetivo y el Real Zaragoza llega al tramo final con opciones de mantener la categoría acallando a aquellos -donde me incluyo- que en febrero habían perdido la esperanza en este equipo.

Pero los jugadores no son los mismos que entonces. Tanto individualmente como de forma colectiva han alcanzado su mejor nivel en este último tramo de la temporada. La garra de Postiga y Lafita, la entrega tan argentina, alocada y contagiosa de Zuculini,  el control de Micael y Apoño, la aparición inesperada de Edu Oriol, una defensa menos promiscua a los errores infantiles… y Roberto. El no ha cambiado, siempre ha estado. Viviendo en el alambre, el Real Zaragoza ha vuelto a dominar los partidos que juega como local, ha aprendido a aguantar resultados sin provocar un infarto en cada jugada -sólo los justos- y ha recuperado las ganas de competir. Gracias Manolo.

También la afición ha cambiado su forma de ver el partido. De la apatía y de la resignación con la que se contemplaba cada encuentro de la primera vuelta al grito incondicional de “Zaragoza nunca se rinde” y “Sí se puede”. La grada lleva en volandas al equipo, sufre junto a él en el campo, a través de la radio o de la televisión, con Manolo Jiménez como referente y los jugadores parte de nuestra familia. Animándoles como si fueran nuestros hermanos, sobrinos o hijos jugando en el equipo del colegio. Quizá haya que acabar agradeciendo el cobarde gesto de Agapito Iglesias de no acudir al palco de La Romareda y pedirle que, en favor del equipo, tampoco acuda al Coliseo Alfonso Pérez Muñoz.

Pero será el Racing de Santander, un club destrozado institucionalmente y ya descendido, el primero de los dos escollos. Una noche de transistores, con los ojos puestos en el campo y los oídos atentos a las noticias que lleguen desde el Sánchez Pizjuán y Los Cármenes. Las cuentas están claras: el Rayo no ha de ganar en Sevilla y el Granada no puede puntuar ante el Real Madrid. Ambos se ven las caras en la última jornada y no les valdría empatar. Michel debe dar una mínima alegría a su afición en el que quizá sea su último partido en el Sevilla tras perder ante el Betis. Por su parte, Cristiano Ronaldo quiere el Pichichi y Mourinho en San Mamés aseguró que, como equipo campeón, no han de desvirtuar la competición jugando con la vida de otros equipos.

Parecía impensable, pero el Real Zaragoza puede llegar a la última jornada dependiendo de sí mismo. Ni siquiera Amarillo Slim, el mejor apostante de todos los tiempos, se le habría ocurrido desafiar así al destino, pero la permanencia está más cerca que nunca. Cuerpo técnico, plantilla y afición, todos unidos en busca de la salvación. Se prevé un viaje masivo a Getafe, siempre y cuando el domingo salgan las cuentas, que podría superar el desplazamiento a Levante. Después de tanto remar, con la esperanza de no morir en la orilla.

Foto: RZFans

Los jueces anónimos del fútbol

Los jueces anónimos del fútbol   fotografía

Alfredo Flórez, máximo responsable del Comité de Competición

La vuelta de Manolo Jiménez a su hogar futbolístico coincide con la sanción impuesta al técnico andaluz por sus protestas a Turienzo Alvárez en el partido ante el FC Barcelona. Protestas que jamás llegaron a traducirse en insultos. Así las cosas, el de Arahal no podrá sentarse por primera vez en el banquillo visitante del Ramón Sánchez Pizjuán, convertidos desde hace unas semanas en perritos calientes por la creciente necesidad de ingresos económicos. Cualquier espacio es válido hoy en día si hay dinero de por medio. Aunque roce el ridículo.

A falta de lo que dictamine el Comité de Apelación, el entrenador del Real Zaragoza tampoco podrá ocupar su habitual sitio en La Romareda ante el Granada. Una sanción excesiva que deja de nuevo en evidencia a los órganos disciplinarios de la Liga BBVA. Según el acta arbitral, imposible de consultar ya en el portal de la RFEF que sólo permite comprobar la jornada en disputa, Turienzo expulsó a Manolo Jiménez por “estar de pie en el área técnica y protestar de forma airada una decisión arbitral”. Quiero creer que la vara de medir hubiera sido la misma con Pep Guardiola o en próximos partidos que arbitre el ofendido Turienzo Alvárez.

Además, el acta refleja que al finalizar el partido, Jiménez se dirigió al colegiado en los siguientes términos: “Creo en tu honorabilidad pero eres un rencoroso, un rencoroso”. Unas palabras que según los señores Flórez, Arnaldo y Osorio conllevan la misma sanción que insultar gravemente al colegiado de turno, la misma que agredir a un entrenador rival. En otros casos, se obviaron escupitajos a contrarios, pisotones premeditados, insultos en el túnel de vestuarios, dudas sobre la limpieza de la competición o sentadas en el vehículo del colegiado para recordar a este sus errores. Por no recordar la parcialidad con que se cerraban unos estadios y otros recibían un apercibimiento tras otro. Las comparaciones, aunque sean odiosas, dejan en evidencia a los comités. Pero ahí siguen, parapetados, casi en el anonimato, escondidos tras un PDF y un reglamento inexacto y equívoco.

Una de las mayores desfachateces de este órgano tuvo como protagonista a Álvaro Negredo, la mayor amenaza para la defensa zaragocista en el Sánchez Pizjuán. Ocurrió en mayo de 2010, en el transcurso de la última jornada liguera y pocos días antes de la final de la Copa del Rey que el Sevilla ganaría al Atlético de Madrid en el Camp Nou. El delantero fue expulsado por insultar a la madre del linier de forma escatológica. Prefiero no reproducir los insultos. Mejor dicho, no fueron insultos según el Comité de Competición, sino meras observaciones al árbitro asistente. Indulto a Negredo, expulsión convertida en tarjeta amarilla y en billete para la final. Se obviaron insultos graves en día, dos años después Manolo Jiménez o Mendilibar son sancionados con dos partidos por calificarle de “rencoroso” o por ”salir del área técnica y levantar los brazos en señal de disconformidad”, en el caso del técnico de Osasuna.

De cualquier forma, se siente donde se siente, el gran artífice de que el Real Zaragoza siga con vida será recibido como se merece en su antigua casa. Por supuesto, también en La Romareda ante el Granada, una nueva final en la lucha por la supervivencia. Y pase lo que pase a final de esta temporada, cuando Manolo Jiménez regrese al estadio de la capital aragonesa como visitante, la ovación será merecida. “Yo no soy zaragocista, pero soy un profesional”, afirmó en su presentación. Su honorabilidad, la misma que Manolo atribuyó a Turienzo, le ha erigido en el referente de la afición. Un profesional de los pies a la cabeza, un entrenador honrado, leal, trabajador, de pensamiento justo y ecuánime. Todo lo contrario que los comités que velan por el justo cumplimiento del reglamento.

Dirigentes de la RFEF o de la LFP incapaces de adelantar unas horas su única reunión semanal cuando hay competición martes, miércoles y jueves, permitiendo así jugar a futbolistas expulsados en la previa. ¿La mejor liga del mundo? En todo caso, la más opaca y desvirtuada en favor de los que más tienen, curiosamente, los que más se quejan. Quejas y lloros escuchados por estos magistrados anónimos. Jueces de la Liga alejados del fútbol y del aficionado.

Hijo adoptivo de La Romareda

Hijo adoptivo de La Romareda   fotografíaGijón, El Molinón, la penúltima final de las muchas disputadas por el Real Zaragoza en los tres últimos años. Una victoria no aporta título alguno a las vitrinas, sino la posibilidad de seguir sufriendo unas jornadas más en busca de un nuevo milagro. El más difícil todavía si echamos la vista atrás recordando aquel equipo desahuciado de La Rosaleda. Tras aquel partido, temí que Manolo Jiménez hubiera perdido toda esperanza. Preveía su dimisión después de escuchar aquellos 42 segundos. Por primera vez en mucho tiempo, una persona de dentro del club había expresado sin paños calientes y públicamente, el sentir de la afición. Nada más y nada menos que el entrenador.

Tras llegar a Zaragoza, el mister fue consciente que este no era el club que él había conocido en sus tiempos de futbolista y entrenador del Sevilla. Y después de la salida de Salvador Arenere y compañía, Manolo Jiménez se quedó solo, desconcertado, incomunicado con el club más allá de los sms de Agapito Iglesias, como ocurriera días después de la goleada encajada ante el Málaga.

Aquellos primeros coletazos de 2012 también temí su dimisión, llegar y escapar al estilo Jabo Irureta, pero no ocurrió así a pesar de varias promesas incumplidas. Como tampoco al finalizar el mercado invernal de fichajes sin que llegara ninguna de sus peticiones excepto Apoño. Pero como le gusta decir: “sólo las ratas abandonan el barco cuando ven que se hunde”, y el Real Zaragoza era un barco a la deriva encallado en el último puesto de la tabla clasificatoria. Decidió continuar, no rendirse y hay que agradecérselo.

A pesar de todos estos condicionantes, de las dudas consecuentes de trabajar un entorno caótico, Manolo Jiménez ha conseguido despojar a los futbolistas del terror que les infundía saltar al césped. Su trabajo psicológico, pero también el físico y el táctico fructifican en resultados y en un equipo más sólido que cree en la victoria a pesar de sus limitaciones. Pero además, el de Arahal se ha convertido en el referente del zaragocismo, el último en llegar es el primero en el que confía una afición que se ha identificado con su forma de trabajar, su profesionalidad, su honradez y su sinceridad.

Cuestionado esta semana acerca de la figura de Agapito Iglesias respondía: “cuando acabe la Liga, que el público dicte sentencia”. No habrá que esperar tanto para calificar a Manolo Jiménez como hijo adoptivo de La Romareda. El reflejo del aficionado está en el banquillo. Una lástima que haya coincidido en el tiempo con el club más caótico que se recuerda. Pero gracias a él, ha recuperado cierta normalidad y, lo más importante, la esperanza de conseguir el título de la permanencia.

Imagen: Marca.com

La generación perdida

La generación perdida   fotografía

Un Real Zaragoza ya octogenario se presenta en Valencia como un desconocido. Un recién llegado, el rival propicio al que asestarle una goleada con la que olvidar los frecuentes silbidos de Mestalla. Deseos al margen, no se antoja descabellado. Aunque los recuerdos de este estadio trasladen a la Supercopa del gol de Javi Moreno, a la última jornada con la Liga en juego – con su consecuente participación en Champions League silenciada – o a las primeras eliminatorias de la Recopa en el aún denominado Luis Casanova. Con el amargor del empate ante Osasuna, el zaragocismo abrió su regalo por el 80 cumpleaños: una caja con recuerdos de grandes gestas como estas y el deseo de saborear algún día sensaciones similares.

Especiales de antes y de ahora, recuperar libros como la obra obligada de Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente, enrabietan más si cabe tras volver a la realidad. Cuando eres consciente que precisamente es su afición y esa octogenaria historia lo único que le queda a este club dirigido por Agapito Iglesias. Bien sean líneas, palabras o imágenes, son todo lo que tiene un niño que descubra al Real Zaragoza en este época sin un asidero al que agarrarse. Nada atrayente. Cuando no tienes un ídolo del que comprar una camiseta a no ser que ese niño sueñe con jugar de portero.  En esa generación perdida he acabado pensando esta semana, los niños que ya no bajan al recreo a imitar a Lapetra, Arrúa, Señor, Nayim o Milito. Y es que no hay nadie que se parezca, ni en carisma ni en calidad, a futbolistas así. Un solo canterano en la plantilla, Ángel Lafita, al que esta directiva dejará escapar gratis dentro de unos meses.

Hace tiempo que no creo en la salvación, aunque de ganar ciertos partidos podría haberse dado caza a un Villarreal que cada día recuerda más al Real Zaragoza del úlimo desceso, pero sí en una futura regeneración. Con el máximo mandatario actual siguiendo el ejemplo del expresidente Alfonso Usón, abandonar La Romareda, pero también la gestión. Atravesamos tiempos difíciles, los más oscuros según los que han visto todo, pero algo ha quedado grabado a fuego en el sentir zaragocista durante esta semana de celebración cercana al luto. Aunque al menos yo no aventure ni el momento ni la forma. El león siempre vuelve.

Imagen: Peña Zaragocista Ángel Lafita