Archivo de categorías: La salida del túnel

Un respiro para la afición

Comenzar la Liga de manera equilibrada supone cierta tranquilidad para los seguidores blanquillos. Después de la desilusión que supuso ceder los tres puntos ante el Valladolid, el triunfo en casa del Espanyol ha concedido una tregua al equipo de Manolo Jiménez. Es cierto que todos los equipos están en período de construcción, que apenas se han realizado fichajes y que el nivel ha bajado otro escalón más con respecto a la temporada pasada; lamentablemente eso nos beneficia en la enésima revolución impuesta por Agapito Iglesias porque la plantilla ha tenido que ser renovada tan profundamente como en los últimos años.

No podemos perder tiempo y hay que ganar todos los puntos posibles en el arranque de la temporada para evitar otra remontada y, sobre todo, las angustias y sinsabores experimentadas en el último lustro. Así, cuando se complete el grupo, será más fácil con un colchón de buenos resultados caminar con paso firme en la competición. Que no será, ni más ni menos, estar algo alejados de los puestos de descenso a los que nos hemos acostumbrado.

Es muy pronto para extraer ninguna conclusión sobre el futuro del Real Zaragoza. no sabemos si Agapito seguirá agazapado como hasta ahora,  lo sabremos si se produce un fichaje sorpresa antes del cierre de mercado que nos indique si mantiene sus intereses personales por encima de los históricos del club. Tampoco se ha dejado ver mucho Fernando Molinos, que debería asumir algo más de protagonismo y no dejárselo todo a Jiménez, que ya tiene bastante trabajo con poner en marcha al equipo.

Es un placer para mi volver a asomarme a esta atalaya de zaragocismo, poder compartir con la afición una líneas que ensamblen un sentimiento que ha demostrado ser más fuerte que iniciativas y voluntades personales que pusieron en una situación dramática al Real Zaragoza.

Ojalá disfrutemos de la temporada.

¿El comienzo de un ciclo?

No parece una buena tarjeta de presentación que haya tardado tres semanas Agapito en convencer a Manolo Jiménez. Pero es posible que Carlos Bucero, su representante, haya sido la horma del zapato del máximo accionista blanquillo. Demasiadas cláusulas y opciones de desenganche en un contrato que parece muy ambicioso en el contexto temporal. De todas formas es posible que algo haya cambiado y que este proceso de desgaste también le haya pasado factura a Iglesias García y esté cansado de permanecer en la primera línea de fuego. Va a protegerse en el escudo que le proporciona el entrenador andaluz y le arrojará a los leones en el caso de que vayan mal las cosas. Como ya ha ocurrido con todos los entrenadores que han comenzado un proyecto deportivo bajo su mandato.

Pero podría tomar vida propia el futuro del Real Zaragoza con la creación de un equipo de trabajo que le diera sentido común y organización a un diseño coherente de club. Sería el comienzo de un ciclo que aportaría normalidad a una era convulsa marcada por la pésima gestión, el capricho y el personalismo de quien entró como salvador y ha terminado como el posible liquidador de una institución que supera los ochenta años de vida. Consiste en que Jiménez mantenga a distancia al presidente y asuma las funciones del gobierno del club, especialmente las concernientes a fichajes, construcción de la plantilla y reconversión de la cantera.

No creo en los cambios radicales, en los giros copernicanos de personalidad. y menos cuando el fútbol es un negocio lucrativo para algunos mientras los clubes y sus aficiones sufren el empobrecimiento de sus expectativas y realidades. Pero deseo que el agotamiento que todos hemos experimentado en estos últimos cinco años hayan hecho mella también en Agapito y sea capaz de reconocer la aversión que provoca en la afición zaragocista y el escaso crédito que tiene en el mundo del fútbol. Algo que puede paliar manteniéndose al margen de la gestión y demostrando que es capaz de presidir sin mandar.

Tensa y larga espera

Tengo ganas de que firme de una vez Manolo Jiménez para que se despeje un poco el horizonte zaragocista. Demasiado tira y afloja, excesivas cláusulas, mucho recelo entre ambos que no sé si al final será una bomba de relojería. Todo esto mientras se espera lo que diga primero la fiscalía y luego la jueza, sobre la presentación en la pieza de calificación de la APARZ. Que sea lo que sea, pero que pase de una vez, para saber hacia dónde se encamina el futuro zaragocista.

Porque hay que confeccionar la plantilla, buscar gente válida para formar la comisión deportiva y generar un proyecto deportivo serio y bien diseñado. Eso en el peor de los casos, con el supuesto paso atrás de Agapito, porque en el mejor de los supuestos una comisión gestora se haría cargo de todo esto. Desde luego no va a ser ni sencillo, ni rápido ni exento de complicaciones. El futuro es tan complicado como desconocido y ahora es muy difícil que la afición tome el mando porque la temporada ha terminado.

Los silencios de Agapito son largos, pesados y contradictorios. Nadie sabe lo que piensa ni cuál será su próximo movimiento. Le tiene al pairo lo que piense la afición porque el Real Zaragoza es su negocio y tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana, hasta que cometa un error que le pase factura.

Y mientras tanto, la Liga de Fútbol Profesional mantiene el pulso con las emisoras de radio a las que quiere hacerles pagar 718.000 euros por temporada y cadena. Por ocupar la cabina. Sin derecho a ruedas de prensa y zona mixta, que las cobraría aparte. Una afrenta intolerable a la libertad de expresión, al derecho a informar de los medios. Y un trato vejatorio con respecto a otros medios.

Esto reventará tarde o temprano, como pasó con la burbuja inmobiliaria y ahora con los Bancos y Cajas. La ambición, la codicia, el dinero. Les estallará en las manos y se cargarán el fútbol. Pero no doblegarán nuestro ánimo ni la capacidad de servicio a los oyentes. Eso sí, me preocupa que el Gobierno calle y mire hacia otro lado, cuando en la oposición manifestó que intervendrían en el conflicto.

¿La caída del imperio?

La decisión de la APARZ de personarse en la pieza de calificación del concurso de acreedores del Real Zaragoza ha sido aplaudida por todos los movimientos zaragocistas. Javier Laínez y Sixto Genzor junto con los abogados de la asociación, han defendido siempre dar este paso después del trabajo continuado y de desgaste en un foro tan complicado como el jurídico. Ahora será el fiscal quien decida si la admite o no, según la documentación aportada por la Asociación de Pequeños Accionistas del Real Zaragoza. En el caso de que existan indicios de una gestión negativa para el club, dará traslado de ello a la jueza Villellas para determinar si el proceso debe calificarse de fortuito o culpable. Y si la responsabilidad fuera del administrador de la compañía, podría inhabilitarse a Agapito y constituir una junta gestora que se hiciera cargo de la sociedad anónima deportiva.

La persistencia de las diferentes organizaciones y movimientos, de los aficionados anónimos que han secundado las iniciativas en protesta de la continuidad de Iglesias García, podría dar sus frutos. Ha sido modélico y ejemplar el comportamiento de la afición que ha sabido discriminar la permanente protesta contra el presidente y el ánimo solidario y profundo a la plantilla y al cuerpo técnico. Sin perjudicar a los futbolistas, animando al entrenador, llenando la Romareda y desplazándose masivamente a Getafe.

Agapito no quiere marcharse y me cuentan que ya ha comenzado a contemplar posibles fichajes de fondos de inversión. También me comentan, no tengo la certeza en cualquier caso, que preparara a su hijo para perpetuarse en el poder. Que ese era su proyecto de “un paso atrás” para dirigir desde la distancia el club sin que se le vea por los alrededores de la Romareda o de la propia ciudad. No lo sé, son informaciones que no tengo contrastadas pero de personas muy próximas a Iglesias que insisten en ello.

A mi me da lo mismo, tiene derecho a poner y a quitar gente de su cuadro de mando porque dispone de la mayoría de las acciones. Pero está claro que el fútbol es diferente a todo y que la fuerza de la afición, de nuestra afición, es tremenda. Y que habrá que esperar a lo que decidan el fiscal y la jueza en virtud de los argumentos que les aporte la APARZ. Con calma y tranquilidad.

La “pequeña Romareda” de Getafe

Después de casi un año sin entrar en un estadio por culpa de la codicia depredadora de la liga de Fútbol profesional, que no ha evitado el éxito de las emisoras de radio tras un año de coacción de la libertad de expresión en nuestro país, accedí al Coliseo Alfonso Pérez. Había terminado ya el partido y me disponía a intervenir en el programa “La Jornada” de Aragón TV. Agapito estaba hablando por teléfono, pisando el césped, con el eco todavía de los abucheos de una afición que no le quiere pero que olvidó su enfrentamiento con el presidente y animó como nunca al equipo. Fue la más clara e inteligente manifestación blanquilla, ofreciendo su corazón a quienes defendían el escudo y el rechazo a quien ha precipitado al abismo a un club histórico como el nuestro. Me encontré a gusto en el escenario de los acontecimientos donde minutos antes el Real Zaragoza había certificado su permanencia en Primera División después de milagro mucho más impresionante que el de los dos años precedentes.

La “pequeña Romareda” de Getafe se calentó con los cánticos de miles de aficionados que estaban convencidos del triunfo. En estas condiciones es muy difícil fracasar pese al temblor que pueda producir la responsabilidad ante unas gradas seguras de la permanencia. Fue diferente al desplazamiento de Valencia, donde parecía más fácil conseguir el triunfo y la fiesta se vivió con una complicidad mayor con la afición granota. Los comentarios previos al encuentro, las acusaciones contra Agapito desde varios frentes, hacían incómodo el partido porque éramos seguidos con lupa por todos. Y aunque el juego fue trabado, pesado y sin calidad, no había duda que la necesidad del triunfo ponía en ventaja a los aragoneses en un choque que no regaló el Getafe.

Lo difícil ya está hecho, la afición consiguió que reaccionase el equipo y Manolo Jiménez fue capaz de canalizar esa corriente positiva mejorando la actitud y las posibilidades de sus hombres. Lo imposible, ya veremos. Por ahora la batalla es favorable a Agapito, que no dice nada y que puede preparar su continuidad en el club ya que se considera el salvador del Real Zaragoza. Sus golpes de efecto mediáticos los mide con astucia y sabe cuándo propinarlos, desorientando a la mayoría porque nadie es capaz de leer entre líneas su plan de ruta. No nos queda más que esperar, estar alertas, no olvidar lo que ha ocurrido este último lustro y ser capaces de seguir con la misma fortaleza que hasta ahora.

Esta vez es de verdad

Hemos hablado desde hace semanas de auténticas finales para el Real Zaragoza. Después de cada una de ellas siempre había otra más, una oportunidad para encadenar dos o tres victorias o para recuperarse tras una derrota. Esta vez es de verdad, llega la gran final. Y no se trata de jugarse un título, de culminar una temporada con un formidable éxito que nos haga escribir otra página más de historia en el zaragocismo. Consiste en ir a ganar a Getafe para no perder la categoría; ni más ni menos. La España futbolística profunda nos aguarda para acogernos en su seno con rabia y deseo, para no dejarnos escapar de su yugo. Con un montón de gente a la espera de la caída de Agapito que ha ido sembrando vientos y recogiendo tempestades allá por donde ha pasado.

Mientras tanto la afición ha vuelto a ponerse el mundo por montera y a resistirse al desastre. A insuflar aire en los vacíos pulmones del equipo y hacerle reaccionar por vergüenza torera, con un entrenador que se parece en el físico a Manolete y en el coraje a Paquirri. La primera jornada de inscripción para el sorteo se apuntaron diez mil setecientos abonados. Y aún queda tiempo para llegar a un nivel superior en intención de desplazamiento masivo a la gesta de Levante la temporada pasada. No sé si se podrá llegar a los once mil de entonces, porque el club solamente pone a la venta cuatro mil, aunque varios centenares de zaragocistas han retirado sus entradas en la localidad del sur de la Comunidad de Madrid. Será difícil  porque el estadio es más pequeño, el partido se disputa a las ocho de la tarde del domingo y la crisis es aún mayor que la del año anterior. La representación, en cualquier caso, será espectacular.

Me alegra que Agapito o sus asesores hayan reaccionado y tengan también la llave de la logística al poner a disposición de los abonados afortunados con la entrada, una flota de autobuses para acudir al partido. Hubiera sido un error irreparable y que dificultaría un éxodo masivo y seguro a los miles de zaragocistas. Como se ha visto, son susceptibles a las críticas y yo fui especialmente duro en “Tiempo Extra” con esta imprevisión. Lo cual es bueno y me anima a seguir metiendo el dedo en la llaga cuando entienda que algo es reprobable.

Llega el momento, amigos. Se trata de vencer o morir. La permanencia le daría fuerzas a  los zaragocistas para ejecutar la segunda parte del plan: conseguir que el máximo accionista venda la sociedad y regenerar al Real Zaragoza sin la necesidad de una refundación.

Ha llegado el gran momento

Queridos amigos, he seguido con mucha atención el encuentro del Molinón. Y he sufrido por la derrota del Sporting que permite respirar a nuestro más directo rival para eludir el descenso. El final del partido ha sido agónico y muy desagradable pero ni el marcador de Gijón ni el de Granada nos tiene que importar. Hay que ganar mañana y esperar acontecimientos, sin que nuestra moral se vea resentida por la necesidad del triunfo. No dependemos de nosotros mismos pero habría que ganar, de igual manera, al Levante para seguir vivos.

Bien mirado, esta tensión añadida puede ser favorable para el Real Zaragoza. De esta forma no hay lugar para rebajar la intensidad y saldrán todavía más motivados nuestros jugadores. Incluso la afición estará más enchufada, con más ambición de triunfo. Será una tarde, una noche, emocionante. Donde veremos de qué pasta están hechos los futbolistas de Manolo Jiménez y si son capaces de echarles el valor necesario para demostrar su implicación sobre el terreno de juego.

Creo en el zaragocismo, en el sentir de miles de personas a las que une un sentimiento tan fuerte como el de su historia. Y que darán lo mejor de sí mismos para que el coliseo zaragozano sea una gran fiesta blanquilla. Porque no podemos rendirnos, entregar nuestro cuello al verdugo humillados, de rodillas, sin luchar. Es posible que sucumbamos al temido descenso, pero lo haremos con dignidad. Con la cabeza muy alta, con la mirada puesta en la regeneración.

Pase lo que pase, en Primera División o en Segunda, desde que termine la Liga debemos exigirle las responsabilidades al máximo accionista, culpable del desastre de un club que podría desaparecer si todo sigue como hasta ahora. La batalla no terminará cuando se decida nuestro futuro deportivo. La supervivencia, a partir de ese momento, se comvertirá en nuestro objetivo.

Tendencia a la resignación

La derrota en Mallorca y cómo se produjo ha dejado envueltos en el velo de la resignación a gran parte de los aficionados zaragocistas. La mayoría piensa en que no se defendieron correctamente las opciones de triunfo en el estadio balear, ni en el diseño del partido ni con la actuación de los jugadores sobre el campo. Esperar al rival y buscar solamente un empate, incluso con el marcador en contra, no parece el mejor planteamiento para conseguir tres puntos vitales en la lucha por la permanencia.

Hubo aficionados que se sintieron poco representados por el equipo después del masivo respaldo a los jugadores y que pensaron que se había tirado la toalla antes de tiempo. Así las cosas, la casi imposible realidad de ganar cuatro partidos seguidos se acumula a la situación negativa de tener que esperar a lo que haga el Villarreal, mejor posicionado para evitar el descenso.

Fuera de casa no se ha terminado de apuntalar el crecimiento en la Romareda, posiblemente por no contar con el apoyo masivo de una afición que ha creído en una plantilla que, en momentos determinados, ofreció una imagen de superación que se ha convertido en intermitente y, posiblemente, insuficiente en el tramo final dela Liga.

Ahora vuelven a tornarse las miradas en el máximo accionista, que toma protagonismo otra vez al limitarse las opciones de una permanencia que siempre estuvo muy alejada de la realidad. ¿Realmente hay negociaciones para la compra de sus acciones? ¿Se trata de otra cortina de humo para cegar a la masa social? Las filtraciones resultan interesadas, controvertidas y cambian en función de los resultados. Él mismo pidió una segunda oportunidad a través de su cuenta de twitter, muy poco utilizada y escasamente seguida para sus deseos de notoriedad. Pero su crédito hace tiempo que está agotado. Y, de momento, no se han cumplido sus deseos y predicciones de estar fuera del proceso concursal antes de terminar la temporada.

El partido contra el Athletic parece el definitivo: si se pierde, el descenso será casi una realidad; si se gana, habrá que esperar al partido contra el Levante. Pero ambos clubes parece que están enchufados a metas europeas más altas que terminar con calma y tranquilidad la Liga.

La grandeza de la base

La tremenda carrera de obstáculos que está disputando el Real Zaragoza en este tramo final de la Liga nos recuerda la importancia de la unión del club con la afición. Este cambio de actitud, creer que es posible la permanencia pese a las connotaciones milagrosas del hecho, solamente se ha producido por la generosidad zaragocista. Pero quizás no sea suficiente y no debemos desanimarnos por ello. En realidad lo más lógico es que se descienda de categoría porque los cinco puntos de diferencia con nuestros antecesores pueden ser demasiados. Se ganó al Granada con muchas dificultades y una gran dosis de fortuna, otra vez, y las cuentas nos indican que debemos de ganar dos partidos más que ellos. Pero, por supuesto, no debemos darnos por vencidos.

Creo que tenemos que reflexionar sobre la grandeza de la base, del aficionado sin nombre que, uniéndose a las diferentes iniciativas populares, ha sido capaz de levantar al resto de la hinchada y ser noticia positiva en contraposición al máximo accionista. Y así debe continuar, sin bajar los brazos, a la espera de que esto cambie para que los nuevos dirigentes sepan que el sentimiento de una población no se puede comprar ni vender.
Eso, en el caso de que al final se produzca la deseada venta. Hay quienes dicen que la permanencia reforzaría a Agapito y que le animaría a continuar. Otros comentan que todo estriba en la oferta económica de los compradores. Y los menos vaticinan que pronto se resolverá el misterio pero que no antes del final de la Liga.

Hay mucho trabajo por hacer y la más absoluta ignorancia sobre nuestro futuro a corto y a medio plazo. Y lo peor es que no podemos hacer nada más que esperar porque no somos dueños de nuestro destino. Y nos enteraremos de lo que pase de manera imprevista, de repente, como de la venta de las acciones de Soláns poco después de perder la final de Copa frente al Espanyol en el Bernabéu.
En consecuencia, recomiendo que disfrutemos de la emoción en esta reñida lucha por la permanencia y que, una vez sepamos el resultado de la batalla, nos centremos en el futuro del club con la contundencia que hasta ahora el zaragocismo ha demostrado.

Me quedo con lo nuestro

Ha sido un fin de semana muy entrañable y que ha compensado los malos momentos vividos esta temporada. La respuesta de la afición blanquilla en la Romareda fue impresionante y aunque no la pude palpar en directo, la sentí a través del teléfono que tenía dentro del estadio y la observé a través de las imágenes ofrecidas por la televisión. Son instantes impagables que me hubiera gustado vivir con la gente, como ocurrió en el estadio del Levante en una de las tardes más hermosas que recuerdo en un desplazamiento. Y han sido centenares en más de treinta años siguiendo al Real Zaragoza, incluidas seis finales de Copa, una Supercopa de España y una Recopa de Europa.

La codicia de la Liga, su afán de ganar más para gastar más, de convertir en un espectáculo bicefálico la competición española, ha provocado que se llegue a este esperpéntico proceso. Las grandes cadenas ya no presionan porque les debe de salir a cuenta y no han perdido oyentes y el Gobierno ha pasado de puntillas por un problema que prometió resolver antes de llegar a 2012. Y ahí estamos, con el Real Madrid y el Barcelona en un pañuelo y ambos en las semifinales dela Liga de Campeones. Y miles de seguidores de clubes que no se comen un rosco, contagiados de merengues y culés sometidos a modas donde unos prefieren a Messi y otros a Cristiano, con odios viscerales a Mourinho por su actitud, o aversión a un entorno culé donde se desprecia lo español.

En este sentido, tengo que agradecer que centenares de followers reprodujesen una frase que me salió del alma al conocer que espectadores aragoneses en la Romaredase mofasen del Real Zaragoza con la odiosa frase de: “a segunda, a segunda”. No entiendo que miembros de nuestra sociedad busquen la desgracia de un club con tanta ferocidad. Acepto, eso sí, que sigan y animen a otros clubes porque están en su derecho, estamos en un país libre. Por eso escribí en menos de 140 caracteres que “es mucho más digno apoyar a tu equipo en la pobreza que regodearse del humilde con tu riqueza”.

Sí, el Barcelona es más poderoso, económicamente muy superior al Real Zaragoza. Con más títulos y mejores jugadores. Con más apoyos financieros y políticos. Con más trascendencia y una historia más dilatada. Pero no me parece digno que desde la opulencia se aplaste al indigente, se le intente humillar, se burle de su afición. Quien lo hace, posiblemente se revolverá contra su ídolo cuando no consiga los triunfos y cambiará de camiseta.

Me quedo con lo nuestro, con lo más cercano, con lo que se puede querer aunque nos cueste la vida y nos proporcione tantos disgustos que nos lleven a repentinos y esporádicos momentos de desesperación.