Archivo de categorías: Reportajes

Todos los hombres del entrenador

Todos los hombres del entrenador   fotografía

Llegó la hora de los futbolistas. Atrás queda un verano marcado por la continuidad de Manolo Jiménez, por el paso atrás de Agapito Iglesias y por la enésima renovación de la plantilla.  El objetivo no es otro que la permanencia en Primera División, pero además, la afición reclama no sufrir cada fin de semana, comparecer en las últimas jornadas con los deberes hechos y así evitar la revalida del examen definitivo. Con la tranquilidad del objetivo cumplido podría alcanzarse el fin último, un proyecto a largo plazo basado en jugadores jóvenes, con futuro y en propiedad. Todo por revivir algún día al Real Zaragoza que rugió por España y Europa. Estos son los futbolistas por los que pasan las ilusiones de la afición blanquilla.

Jiménez o cómo luchar hasta la extenuación

Desde que cogió las riendas del club hace tres meses, Manolo Jiménez (Sevilla, 1964) ha insuflado esperanza y aliento al Real Zaragoza. El técnico sevillano ha conseguido que un equipo desahuciado afronte la recta final de la temporada con optimismo e ilusión. Tras haber conseguido 10 de los últimos 15 puntos en juego, los blanquillos han dejado de ser el farolillo rojo dela Primera División y están a cuatro puntos de la salvación.

Jiménez o cómo luchar hasta la extenuación   fotografía

Para explicar este milagro, para entender esta inesperada reacción, hay que saber quién es Manolo Jiménez y de dónde viene. Y es que él es el responsable de haber logrado que los jugadores interioricen un espíritu competitivo y guerrero que contrarresta en el campo sus notables carencias y limitaciones.

Jiménez es la viva imagen de un hombre de club. Internacional con la selección española y titular en el Mundial de Italia 1990, el Sevilla FC siempre ha sido su casa desde que aterrizó en los años ochenta para jugar en el filial. Allí desarrolló casi toda su trayectoria deportiva, un bagaje deportivo que se resume en cifras: 14 temporadas como jugador, 354 partidos disputados y 11 cursos como técnico, entre el filial y el primer equipo.

Nada más llegar a la capital aragonesa fue claro: “No soy zaragocista, pero sí un profesional”. Un mensaje que denota que es un hombre de compromisos. Cuando acepta un reto, lo asume con todas las consecuencias. Cuando se marca un objetivo, se deja el alma por cumplirlo.

Los 77 de Agapito

Agapito Carmelo Iglesias García. Quizá uno de los nombres más mentados de los últimos seis años en la ciudad de Zaragoza. El presidente de Codesport recibió el timón de la nave blanquilla en mayo de 2006, de manos de Alfonso Soláns. Agapito comenzó de manera positiva, con un conjunto que marchaba sexto en el campeonato y, por tanto, con derecho a jugar en Europa. Las cosas pintaban bien a orillas del Ebro. Sin embargo, al año siguiente el equipo diseñado por el de Navaleno comenzó un desgaste y una degeneración , descenso a Segunda de por medio, que protagonizó una de las debacles más increíbles que recordarse puedan. El proyecto saltó dinamitado por los aires, comenzando una espiral que aún hoy azota los deteriorados basamentos de una escuadra que se tambalea al filo del alambre temporada tras temporada. El proyecto se transformó, a ojos de los zaragocistas y del mundo, en una caída de crecimiento exponencial hacia el averno. Eduardo Bandrés dimitió,  las cuentas se hicieron insostenibles, el final del idilio con la afición se confirmó y el equipo entró en crisis económica, social y deportiva. La fractura era total.

Los 77 de Agapito   fotografía

En unos años se había pasado de luchar por Europa y aglutinar estrellas a entrar en disputas institucionales con el Getafe, el Deportivo, el Shakhtar… a tener que realizar milagro invernal tras milagro para sostener al club en Primera. A garantizar la viabilidad del club ante la duda de miles de aficionados. A las catástrofes semanales de Braulio, de las entradas baratas, los silbatos, la polémica de la Selectividad de Ramiro, el “extravío” de Ortí y Lacruz o la marcha de jugadores como Ponzio o Meira.

¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Fueron primero las deudas o la mala gestión deportiva? ¿Cómo se transformó un equipo plagado de estrellas como los Milito, Aimar o D’Alessandro en el, hasta hace 4 días, colista de la Primera División? Evidentemente la realidad tiene infinitos matices, explicaciones y puntos de vista. Seguro, por ejemplo, que el del propio presidente difiere mucho del de la afición maña. Por eso desde aquí hemos querido establecer una relación, una progresión completamente objetiva del estado del equipo temporada a temporada. Una valoración exenta de polémicas económicas, cuentas y escándalos: sólo de aquellos que son encargados de hacer que la pelotita y la malla se junten cada 7 días. De los jugadores que se trajeron para construir un equipo. Los que trajo, a fin de cuentas, el máximo accionista. Y esta relación es larga, mucho más de lo que debiera si el rumbo del equipo hubiera sido otro. Entre técnicos y jugadores superan las siete decenas. Sí, han leído bien. Estos son los 77 de Agapito.

El regreso de la ilusión perdida

El regreso de la ilusión perdida   fotografía

La evolución de los sistemas de juego, las rotaciones, el doble pivote, los falsos delanteros o el vaivén de traspasos ya no permiten recordar de carrerilla alineaciones como antaño. Tan solo en la memoria de los fieles consiguen perdurar aquellas míticas delanteras conformadas por cinco futbolistas. Los nombres de Marcelino, Canario, Villa, Santos y Lapetra se convirtieron en un icono del fútbol de los sesenta, pero incluso los más grandes están obligados a despedirse del fútbol a causa del irremediable paso del tiempo. También ellos, también Los Magníficos. Se antojaba imposible, pero el aficionado zaragocista tardaría muy poco tiempo en recuperar la ilusión perdida. No llegaron nuevos títulos a las vitrinas, pero la gloria regresó a la capital aragonesa.

El Real Zaragoza de los ‘zaraguayos’ comenzó a gestarse tras un triste descenso a comienzos de los años setenta, con el reflejo de los ‘magníficos’ como espejo y una Romareda transformada en un público exigente que demandaba un juego intenso, vistoso y alegre. Tiempos de cambio en el fútbol y en el entorno socio político de un país que se encontraba en las postrimerías del franquismo.