por Fran Castarlenas - 05/02/2010
Volvió a resurgir el Real Zaragoza de sus cenizas como siempre lo hacen los grandes. Cuando la gente había dejado de creer en el equipo, los propios jugadores mostraban las caras desencajadas y Gay aparecía en ruedas de prensa con un tono depresivo, llegó Tenerife. Y llegó en un momento similar al de Las Gaunas hace ya muchos, muchos años. En aquel entonces Gustavo Poyet marcó un gol en los minutos finales que supondría el inicio de una bonita remontada en Liga que aseguraría la permanencia, con Luis Costa como entrenador. El partido después del Logroñés fue contra el Sevilla, al que se le venció por 2-1 con un gol del Kily González cuando el partido parecía destinado al empate. Demasiadas similitudes, ¿no?
No cabe duda que las lágrimas de Ander y Pulido al final del partido son sinónimo de una explosión de tensión dentro del vestuario. Un alivio que sólo los jugadores pueden llegar a entender. Eran ya demasiados los partidos sin ganar, en los que se saltaba al campo con las piernas completamente agarrotadas. ¿Se les había olvidado jugar al fútbol? No, simplemente uno cuando mira la clasificación y se ve ahí abajo, se desmoraliza y entra en una dinámica derrotista de la que es muy difícil salir.
Los goles de Suazo, Lafita y Colunga deben ser un soplo de aire fresco para unos jugadores que lo que necesitan con victorias para coger confianza y creer en ellos mismos. Unos jugadores que se tienen que encerrar en el vestuario y olvidarse de los problemas institucionales del club. Lo que importa sólo es una cosa: ganar. Y ganando al Sevilla el equipo podrá salir de los puestos de descenso, algo que no ocurre desde hace varios partidos. Por fin se enseñó el camino de lo que se tiene que hacer si se quiere ganar fuera de casa, algo que no ocurría desde el día de Almería de hace dos temporadas.
El Real Zaragoza no es un equipo cualquiera, y eso lo sabemos todos. El espíritu de Las Gaunas tiene que impregnar las botas de los futbolistas de la actual plantilla, que sin duda, necesitan ayuda divina. Poyet, Kily, Gustavo López, etc. pudieron salvar al equipo. Esperemos que el Chupete y compañía también puedan.
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