En un partido
francamente malo, el Real Zaragoza obtuvo un empate a cero en
Tarragona que no le sirve absolutamente para nada. El conjunto
maño jugó a ratos, al comienzo y al final de la
segunda parte principalmente, ante un rival que opuso muy poquita
resistencia, si acaso con alguna llegada al final del camerunés
N'Gal. El tedioso juego de los tarraconenses pareció contagiar
a los maños que tan sólo comenzaron a hilvanar jugadas
gracias a Caffa que actuó de revulsivo al entrar en la
segunda parte. Una semana más se sigue sin ganar fuera
de casa y lo que es aún peor, en tres jornadas tan solo
se ha logrado un gol.
El equipo maño no se contagió del ambiente fiestero(con
charanga incluido) del Nou Estadi y jugó 45 minutos aburridos,
sin sabor que seguro que a más de uno le puso en la boca
aquel dicho de "estar más harto que Tarragona
de pescao". Durante la primera media hora de partido,
ninguno de los dos contendientes disparó a puerta y eso
se notó en los organismos de los aficionados catalanes
y aragoneses, los cuáles empezaron a bostezar de manera
casi simultánea.
Los dos conjuntos
parecían guardarse una especie de respeto mutuo que lejos
de traducirse en un bonito espectáculo se convirtió
en una cantidad ingente de minutos sinsolgas. Tan solo Arizmendi
en la recta final con un tiro cruzado puso algo de mordiente a
una primera parte para olvidar.
La segunda fue radicalmente distinta. Pese a que los dos conjuntos
salieron exactamente igual que acabaron, la entrada del violonista
del Viaducto dotó al equipo blanquillo de mucha más
profundidad y de mucho más ataque, lo que desembocó
en las mejores ocasiones de los aragoneses.
Pero fue precisamente un paisano, Rubén Pérez, quién
se erigió como salvador de su equipo y desbarató
una y otra vez las ocasiones de Caffa, Ewerthon, Jorge López
y Oliveira. Precisamente este último, pecó demasiado
de conducción en las llegadas que tuvo, pues pudo pasar
el balón más de una vez, mientras que el brasileño
decidió tirarse todo lo que le llegaba a los pies.
Pero gracias a estas arremetidas del Real Zaragoza, el Nástic
empezó a encerrarse a tras y a jugar al contraataque. La
salida del camerunés N'Gal dio otro aire a los locales
y suyas fueron las mejores ocasiones, primero dándole un
magnífico balón al oscense Gibanel, que no supo
materializar y después, en la recta final, dejando un esférico
atrás al que iba a llegar Jordi Alba, pero el francés
Pignol se adelantó a sus intenciones.
Con este empate el Zaragoza no estará en puestos de ascenso
al acabar la jornada salvo milagro y sigue preocupando mucho las
rachas de juego que tiene y que no sabe imponer durante los 90
minutos o, al menos, la totalidad del partido.