Mario Ornat: “El Real Zaragoza se ha convertido en un equipo que cada temporada sufre para mantenerse y esa no es su naturaleza”

Redactor de la delegación del Diario AS en Zaragoza, Mario Ornat llega a la cita con el gesto relajado, distanciado de los sobresaltos inducidos en los últimos días por el equipo de su ciudad, de su vida. Una conversación sobre el fútbol actual y el de antaño, sobre periodismo, rugby, música o literatura en unos tiempos en los que es difícil ver a alguien que reflexiona antes de dar su respuesta.

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Tras el gol de Pablo Hernández y la posterior expulsión de Álvarez en Mestalla, el descenso se antojaba ineludible. Las puertas del infierno se abrían ya de par en par. Sin embargo, tres tantos consecutivos de Apoño, el último gracias a la torpeza de Godín y la experiencia de Postiga, provocaron el resurgir de la esperanza blanquilla. En La Romareda volvió a escucharse que sí se puede. Ya saben, ¡Zaragoza nunca se rinde!

¿En qué punto de la ola de optimismo se encuentra Mario Ornat?

En el más alto desde hace muchos meses. Es normal tras tanto tiempo de frustración y resultados tan decepcionantes, estábamos inmersos en una espiral de pesimismo que nos ha llevado a condenar al equipo antes de tiempo. Con la lógica de lo que se veía en el campo, pero olvidando que esto es un juego en el que ocurren cosas impensables y en el que las dinámicas cambian de un día para otro sin un motivo aparente. Yo estoy expectante, la experiencia de tantos partidos vistos me dice que los últimos encuentros son larguísimos y puede ocurrir de todo.

Seis puntos le separan al Real Zaragoza del tercer milagro. Una distancia insalvable cualquier otra temporada, pero no este año…

Claro, porque el equipo viene de atrás y ellos creen en sus posibilidades. No solo ellos, no solo aquí, en la prensa nacional se tiene la sensación de que es el Real Zaragoza el favorito para salir de esos puestos por delante de Racing o Sporting. Pero la lucha va a ser larga. Seis puntos es una distancia considerable. Se ha recortado la mitad del camino perdido.

Por gestos que se ven en el campo, a esta plantilla parece influirle el ambiente de las gradas y La Romareda responde al primer detalle positivo.

La afición tiene asumido su papel permanente de sostén del equipo. Ha traspasado la condición de mero espectador para asumir un papel protagonista y activo en los partidos. Como si jugara los partidos también, como si fuera un miembro más de la plantilla y que participa tanto de las derrotas como en el empeño por las victorias. Excepto en las grandes ocasiones, no había visto nunca a la grada tomar un papel de forma tan constante durante los últimos años como este de sentirse protagonista en primera persona de lo que hace el equipo.

La capacidad del zaragocismo para saber diferenciar las críticas hacia el palco y el apoyo a los futbolistas.

Eso ha sido básico. Hubo un momento en el que temí que el rechazo a la propiedad se llevara por delante el compromiso de la gente con el equipo. Llega un momento en el que todos, yo lo veo en mi mismo, necesitamos desconectar de tanta frustración. Aunque se quiera apoyar siempre necesitas alejarte y tienes la tentación de dejar de ir a La Romareda. También porque crees que el destino está decidido, pero en cuanto se ha avistado una posibilidad, un resquicio de esperanza, la masa se ha entregado a ello. Siempre digo que aquí se quiere mucho al Real Zaragoza, de una manera especial, de forma que en estas situaciones la gente llega a responder sin más miramientos. A esta afición no hace falta llamarla, lo hace sola.

Ocurre que en esta época de decepción en la que temporada tras temporada se coquetea con el descenso, se pasa un año en Segunda, se teme incluso por la desaparición… la adhesión es mucho más notable por parte de una afición que siente que su equipo necesita alguien que lo sostenga

Sin embargo, el futuro deportivo de este club está totalmente ligado al institucional. Sea en Primera o en Segunda, ¿es posible una regeneración?

Tiene que serlo. No lo veo fácil pero tiene que serlo. El club no puede resistir mucho más en esta situación de fractura social y rechazo al máximo accionista. No me puedo imaginar lo que tiene que ser para Agapito Iglesias contemplar el rechazo de una ciudad. Sólo por esa lógica humana el asunto ha de cambiar. Y también porque se ha demostrado que así no se va a ningún lado. No es similar al descenso de 2008, que se contempló como un bache pasajero de un año: el Real Zaragoza se ha convertido en un equipo que cada temporada sufre para mantenerse en Primera División y esa no es su naturaleza. Ni ciudad, ni afición, ni la prensa están preparadas para eso por lo que siempre va a haber una rebelión que obligue al cambio.

No recuerdo una unanimidad tal ante una situación de este tipo en el fútbol español.

Verdaderamente, con la perspectiva que da el tiempo, el periodo de Agapito desde 2006 ha resultado opinable durante dos temporadas. Pero a partir del segundo año ha llegado a un punto en el que es imposible no estar de acuerdo en que el club es un desastre. Y la confirmación está en el terreno de juego todos los días. Al final el equipo ha terminado siendo un reflejo de lo que es el club, de la falta de estructura, de la falta de criterio, de la ausencia de un proyecto y de un estilo. Es normal la unanimidad, aunque haya gente que pueda pensar que el que tiene la propiedad tiene derecho a hacer lo que quiera y si alguien quiere cambiarlo que compre el club. Esto hablando de la unanimidad popular, si hablamos de la prensa, yo jamás había vivido una situación en la que todos coincidiéramos.

Se refleja en el campo y en el palco, donde encontramos un sillón vacío desde que Agapito Iglesias no acude a La Romareda.

Esa ausencia es un síntoma más de un derrumbe y de una pérdida de identidad total. Aquí se ha caído tan bajo, han pasado cosas tan extrañas que todo acaba pareciendo rutinario. Ya comienza a parecer normal que el máximo accionista no acuda al palco, pero es una anormalidad muy profunda.

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Y en el banquillo Manolo Jiménez, ¿qué opinas de su trabajo?

Más allá de lo futbolístico, Jiménez viene de fuera con un concepto del Real Zaragoza de antes. Así lo dice y lo siente, tratando en la medida de lo posible de devolver a este equipo al lugar que le corresponde.

Momento cumbre e inesperado. La casualidad provoca que Agapito Iglesias haya elegido el mismo lugar que nosotros. No puedo evitar la mala idea de pensar que a La Romareda no irá, pero sí a San Siro. Retomamos la conversación alabando la capacidad de Manolo Jiménez para despojar al vestuario del miedo.

Es la gran habilidad de este tipo de entrenadores, también Javier Aguirre lo consiguió la pasada temporada. Con su forma de expresarse, de referirse a los aspectos meramente futbolísticos, rebajó la tensión de los jugadores. Manolo Jiménez lo ha hecho de otra manera, ha logrado en medio del caos en el que está inmerso el club que la grada se identifique con él. Ha conseguido que la afición vea en el entrenador un reflejo, una prolongación y se ha agrupado en torno a él y por tanto en torno al equipo. Esa unión, además de cuestiones de juego que también han influido, ha sido clave para exprimir las posibilidades mínimas de este equipo.

Aguirre lo logró con una mejor plantilla, sobre todo en el centro del campo. Se ha pasado de un trivote con Ponzio, Ánder y Gabi a jugar con Pinter y Djumovic por delante de la defensa

Si, fueron los jugadores más decisivos del pasado año y por su forma de ser y jugar tiraban del equipo. Pero el gran problema de esta temporada ha sido en la defensa. Manolo Jiménez le ha dado ya 55 vueltas y no ha habido manera de que funcionara con regularidad y cierta fiabilidad. Un equipo que vive en un estado de necesidad tan brutal de conseguir victorias y con semejante problema atrás, no tiene la base para ganar.

¿Qué hubiera sido del Real Zaragoza sin Roberto?

[Ríe] No lo quiero ni pensar. Ha sido fundamental, el portero al que más goles han metido y el que más paradas ha hecho. Además, a sus actuaciones en la portería ha unido una implicación enorme ya que siente que esta es su casa, donde ha pasado sus mejores momentos como profesional. Se han encontrado dos necesidades complementarias, y desde luego sin él, no tendríamos estos puntos.

La celebración del 75 aniversario tuvo su punto álgido en un partido ante el Atlético de Madrid. Mismo rival cinco años después, ya convertido en un club octogenario ¿Es este el peor momento de la historia del Real Zaragoza?

Yo no lo he visto así nunca. Mi primer recuerdo me lleva a los ‘zaraguayos’ de mediados de los 70 y jamás ha llegado a este punto. Recuerdo con claridad broncas enormes en La Romareda y un sentimiento de frustración enorme porque el Real Zaragoza acaba undécimo la Liga. El objetivo siempre era aspirar a Europa y la permanencia se daba por supuesta. Por ejemplo, aquel descenso consumado en El Madrigal llegaba tras más de dos décadas seguidas en Primera, precisamente tras el final de los ‘zaraguayos’. Era una generación completa que no había visto jamás al Real Zaragoza descender.

Ahora la gente se frustra, se enfada, sufre… pero aquel descenso de 2002 resultaba inconcebible, increíble, bajar a Segunda División. No lo habíamos vivido y parecía algo ajeno a la realidad. Sin embargo, tras descender en Mallorca ya se ha estado en el mismo trance las siguientes temporadas. ¿El peor de la historia? Habría que remontarse a aquellos años oscuros de mediados de los cincuenta.

¿Y cuál es el mejor Real Zaragoza que has podido disfrutar?

Yo me quedo con el de la Recopa porque es el que he vivido más de cerca como periodista, compartí vivencias con ellos y eso provocó que quizá lo disfrutara más. Los ‘zaraguayos’ eran personajes formidables, más allá de su condición de grandes futbolistas, Arrúa, Ocampos o Diarte eran estrellas pop en la ciudad. Por su vida fuera del campo, por sus coches, su forma de vestir. Era un impacto similar al del boxeador Perico Fernández en la ciudad, ahora olvidado, que entrenaba con ellos en ocasiones.

¿De qué futbolista guardas mejor recuerdo, como jugador y como persona?

Mi primer ídolo fue el “Lobo” Diarte. Me dolía verlo jugar con el Betis o con el Valencia. Del equipo de la Recopa, todos los que nombre como futbolistas los nombro también como personas. Tenía debilidad por Nayim, Aguado, Belsué, Aragón, Poyet, Esnaider… Por todos, aquel equipo era admirable, era muy fácil idolatrarlos. También me ha gustado mucho Cani, he querido y he sufrido mucho con la trayectoria de César Lainez. También los hermanos Milito. Y jugadores que quizá no han destacado en el campo pero personalmente me ha unido una gran relación con ellos como Goran Drulic.

Y me olvidaba de uno del que no me quiero olvidar: Víctor Muñoz. Me encantaba su forma de concebir el fútbol, su estilo de juego, su raza. Y tener la oportunidad de conocerlo y convivir con él como entrenador del Real Zaragoza es uno de mis mejores recuerdos.

¿Crees que se está perdiendo esta relación entre el jugador y el periodista?

Sí, totalmente, porque los futbolistas y el fútbol se han querido aislar del periodismo. Se protegen cada vez más. En estos últimos años la atención mediática se ha disparado y ellos utilizan esto como excusa para mantenerse un poco al margen. Por un lado, se entiende su deseo de gozar de una cierta intimidad, es una deriva normal del profesionalismo, de cómo funciona ahora el negocio. Esto, en equipos como el Real Zaragoza, ya sin hablar de los grandes como el Barça o el Madrid, tiene un efecto horrible: aleja a los futbolistas de la realidad.

El hecho de no relacionarse y no tener conversaciones normales lejos de la tensión de las ruedas de prensa o de los campos de fútbol nos aleja. Antes se mantenía más el contacto. Para hacer una entrevista con un jugador te ibas a comer con él o a tomar algo después del entrenamiento. Ese intercambio enriquecía a los dos: ellos tenían otra perspectiva, desde fuera, de cómo lo percibía la gente, y a nosotros nos ayudaba, personal y profesionalmente, a comprender las cosas que pasan dentro de un vestuario, a las que normalmente no tienes acceso.

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¿El desarrollo de las redes sociales ha podido contribuir a ello? Prefieren manifestarse a través Twitter que ante un periodista.

Sí, más que nada en el control del mensaje. Ahora el mensaje que llega de los futbolistas está controlado por un departamento de comunicación: es una realidad empaquetada de antemano y es más complicado sacarle el jugo periodístico. Los focos se van desplazando hacia otros asuntos: cada día vemos menos tiempo entrenar al equipo, cada día es más complicado analizar y sacar conclusiones futbolísticas de una sesión de entrenamiento. Los argumentos periodísticos se van desplazando porque la atención mediática continúa y hay que responder a esa demanda. Hay que generar otros campos de interés. Así, termina por tener importancia lo que un futbolista dice en Twitter ya que se supone más personal que lo que se dice en una rueda de prensa. Ese tipo de contenidos tienen peso periodístico como para soportar una portada o una información, o una página si hablamos de megaestrellas: si Messi, Rooney o Cristiano dicen algo. En un equipo como el Real Zaragoza todo es mucho más sencillo, más terrenal, más llano, y las páginas de los periódicos no se sostienen con cualquier cosa.

¿Es una de las razones por las que la opinión le gane terreno a la información?

Exacto. El periodismo tiene que seguir produciendo sus contenidos. Si no los encuentra en un lado, los encuentra en otro. Prevalece el ruido por encima de los análisis o éstos vienen ya empaquetados como parte intrínseca del personaje del “periodista-forofo” alimentando esa pulsión del público de asistir a ese tipo de espectáculos más allá del periodismo. Al final, son shows más que programas periodísticos. Pero ese formato sólo vale para la televisión, hasta el momento no se ha trasladado a la radio donde se hace un periodismo mucho más parecido al que se hacía. Y con muchas dificultades, porque las radios son voces, y las voces escasean y son más inaccesibles. Mientras, en los periódicos eso no funciona, o funciona a un nivel muy limitado, básico. Hay que seguir haciendo periodismo, no vale con llenar un periódico de opiniones.

El periodista reflexivo frente al llamado periodista forofo. ¿Quizá se escucha menos al primero que al segundo, al menos, como bien dices, en televisión? ¿Pueden convivir?

Conviven, pero no participan el uno del otro. Siempre va a haber un público para todo. No ven el mismo tipo de programas, ni participan en los mismos espectáculos, y si lo hacen es con gran dificultad. Pero insisto en que esto es una cuestión muy ceñida a la televisión. En España la televisión ha derivado hacia productos de consumo inmediato, en los que no hay mucho riesgo en el formato, se reproducen y copian… llega un momento que todo parece y suena a lo mismo. Es lo que triunfa ahora. Eso sí, para eso hay que valer: hay periodistas que valen para eso y otros que  no valemos. Yo personalmente viví una experiencia en un programa de Aragón Televisión en la que me daba perfecta cuenta de que la necesidad del programa no tenía nada que ver con mi forma de ser, de comportarme y de hacer periodismo. No es mejor ni peor, sino distinta. Yo pienso de otra manera y ahí no pegaba bien.

La actual redacción del Diario AS, ¿en qué se parece a la primera que pisaste como periodista?

El periodismo escrito sigue siendo el que más se parece a lo que ha sido siempre. Ha cambiado porque las condiciones han cambiado: es más difícil acceder a la información, se incrementa el número de páginas… del Real Zaragoza cuando yo empecé a principios de los 90 había días que no se publicaba una página entera. Abríamos con el CAI, incluso con el Banco Zaragozano. El fútbol tenía el espacio que generaba. Ahora en cambio en todos los periódicos hay varias páginas diarias. Eso empezó a cambiar a partir de la Recopa y unido a la desaparición del CAI.

El periodismo era diferente. Ahora es otra cosa: se ha multiplicado el espacio pero los contenidos y el acceso a la información son cada vez menores. La gran pérdida del periodismo deportivo es que la información cada vez tiene menos peso. Supongo que porque los clubes son sociedades anónimas, existe mayor control, los profesionales no son tan montaraces y asilvestrados como antes, cuando todo era mucho más espontáneo y al periodismo le daba otro tono.

¿De qué crónica guardas mejor recuerdo?

Ufff… [Se lo piensa]

¿Alguna final?

Podría decirse una final, pero las crónicas de las finales son siempre muy difíciles de escribir y raramente te dejan contento. Es muy difícil aislarte de lo que sientes cuando lo estás viendo, tanto en la alegría como en la decepción, para darle a la crónica el tono ajustado con el que sea un buen relato de lo acontecido. Yo a menudo en las finales me he visto superado por esos sentimientos y eso ha provocado que no sean las crónicas que más he disfrutado. Se acercó mucho a lo que debería ser cuando escribí la de la final de Montjüic. Por motivos personales, yo estaba muy fastidiado ese día, la alegría y la euforia de la victoria estaban compensadas. Escribí con más tranquilidad, con más perspectiva.

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Pero, tantas crónicas después, el fútbol te ha acabado cansando… ¿De quién ha sido la culpa, de la evolución del fútbol o de ti como espectador y periodista?

Ha sido culpa mía, seguro. Soy una persona con muchas dificultades para generarse estímulos y mantenerse ilusionado cuando hace algo durante mucho tiempo. Yo necesitaría cambiar permanentemente: de escenario, de actividad, escribir de distintas cosas…  eso en la realidad no es posible. Trabajas en lo que trabajas, y en realidad mi blog, por ejemplo, es una respuesta o una revancha contra eso, contra la imposibilidad de escribir cada día de algo diferente, que realmente te apetezca.

Imagino que el hartazgo también deriva de la situación del Real Zaragoza, que me ha cansado mucho. Es un cansancio que tiene que ver con aquello en lo que se ha convertido el Real Zaragoza, el fútbol en general y el español en particular. Me resulta todo un poco previsible, poco emocionante, artificial… bombardeo permanente con los mismos argumentos, protagonistas… El fútbol ha cambiado mucho y, desde luego, eso nos afecta a los que vamos cumpliendo años [ríe], pero es más culpa mía que del fútbol, de eso estoy seguro.

Cada vez hay más fútbol pero se habla menos de deporte en los medios de comunicación. Tras treinta partidos de Liga en una semana, los protagonistas han sido los Comités, los árbitros o los desplantes a la prensa

Ese es el negocio que tenemos montado en España. Yo he vivido en Inglaterra, he visto mucho fútbol inglés y cómo lo vive la gente allí y la percepción es totalmente diferente. Creo que forma parte de nuestro carácter. Yo tiendo a pensar que a la gente no le gusta el fútbol en realidad, le gusta que su equipo gane y que las cosas sean como desea que sean. Echo de menos mucho más análisis, me gusta cuando un periodista explica algo que no está a la vista del espectador y te lleva más allá de lo evidente, y eso en el periodismo deportivo español está muy perdido. Ahora, la polémica funciona muy bien y hay medios que se dedican a provocarla porque es lo que vende.

Hablando de periodistas que te gustan, cuáles fueron tus referentes y cuáles sigues ahora con más asiduidad.

Nunca he sido lector de prensa deportiva, he sido lector de periódicos de información general. Cuando empecé en los años 90 me gustaba mucho la escuela de El País, el estilo, la forma de hacer las cosas me llamaban mucho la atención. Estaban Santiago Segurola, Miguel Mora, me encantaban las crónicas de baloncesto de Luis Gómez… Nunca he sido muy taurino pero las crónicas taurinas de Joaquín Vidal eran un ejercicio de periodismo fantástico; cuando éste murió publicaron un libro con las mejores, lo compré y las releo de vez en cuando porque son totalmente atemporales. También me gustaba Osvaldo Martínez, un periodista argentino.

En la actualidad leo a mucha gente, pero no tengo ningún periodista de cabecera al que siga asiduamente. Si busco referentes me tengo que ir muy lejos, hasta Estados Unidos o a periodistas de la España de los años 30 que hacían un ejercicio de escritura fantástico como Julio Camba, Josep Pla o González Ruano.

¿Qué crees que ha sido lo que ha perjudicado a la evolución del periodismo?

Ha sido que el periodismo ha ido evolucionando y cada vez es más difícil encontrar a alguien que escriba con personalidad propia, también debido a que los géneros periodísticos se han ido uniformando. Creo que cada vez se escribe peor, no sé si es porque cada vez está llegando más gente y no existe una verdadera vocación por escribir bien, pero está a la vista de cualquiera que el lenguaje se ha empobrecido y que al periodismo le falta calidad. Y no me refiero a calidad literaria porque no creo que se deba escribir literariamente, sino escribir bien.

Hablas de vocación periodística, pero un periodista deportivo siempre ha pensando en ser ‘el deportista’.

Yo soy un deportista frustrado porque me gusta hacer deporte, pero yo no me recuerdo queriendo ser otra cosa que no fuera periodista, desde muy pequeño. Y muchas veces me pregunto cómo pude confundirme tanto, tan pronto y de manera tan evidente [Ríe]. Ahora me paso el tiempo queriendo ser otra cosa, siempre digo que para mi el periodismo es un trabajo temporal hasta que encuentre algo mejor, pero así llevo más de veinte años y no tiene pinta de que vaya a cambiar. En realidad soy periodista y no creo que sepa hacer casi ninguna otra cosa más.

Escribes y hablas de fútbol y sin embargo tu pasión es el rugby. Dos deportes que nacieron de forma contrapuesta, ¿no resulta algo contradictorio?

En realidad no nacieron de forma contrapuesta, porque si tú escarbas en los inicios del fútbol encuentras cosas que son clásicas de los inicios de cualquier deporte. Ahora vemos el fútbol y está totalmente estandarizado, hay una estructura global que lo sostiene y nos parece que siempre ha sido así; pero en los inicios tenían muchas cosas en común. En el rugby, su condición de amateur hasta mediados de los años 90 provocaba que esos valores de sus inicios se mantuvieran como en un congelador a lo largo del tiempo. Salvo el 5 Naciones no había campeonatos internacionales, los partidos internacionales reciben el nombre de ‘test’ porque las selecciones se retaban simplemente para ver cuál de ellas era mejor.

Has estado en varios partidos del 6 Naciones, ¿se vive de manera similar al fútbol o es totalmente distinto?

La apariencia externa es similar, al final es una reunión de gente apasionado por un deporte, que tiene unos colores y quiere que gane su equipo. En el sentido de la competición son deportes parecidos. Ahora bien, al rugby lo acompañan valores de convivencia que en el fútbol muchas veces se pierden. En el rugby la violencia entre el público no existe, es como si todos formásemos parte de una ‘hermandad’ y todos nos sentimos depositarios de los valores de limpieza, nobleza, tradición y respeto del rugby.

¿Quizá debería copiarse del fútbol algo del rugby?

El rugby tiene cosas que serían muy deseables en el fútbol, pero es inútil porque el fútbol ha evolucionado hacia una cosa distinta. Veremos hacia dónde evoluciona el rugby: puedes encontrar mucha genete a la que la evolución del rugby hacia el profesionalismo le provoca nostalgia de lo que era antes, cuando se jugaba por amor a la camiseta y se compraban los propios jugadores las equipaciones, se las lavaban en casa, profesionales de distintas ocupaciones: granjeros, abogados o comerciales que cogían sus días de fiesta para jugar con la selección nacional o irse de gira con los Barbarians o con los Lions a jugar a Sudáfrica o al Pacífico Sur.

Se habla del tercer tiempo como posibilidad en el fútbol. El tercer tiempo no es más que una derivación del respeto por el rival y el árbitro que se tienen en el rugby. Es una parte del juego que se escenifica, por decirlo de alguna manera, ya que en el campo te pegas todo lo que puedes, con momentos duros, de violencia, con gente que muerde o mete los dedos en el ojo… pero el rugby es muy estricto, lo castiga con dureza y anima a que los equipos convivan después, se tomen una cerveza… está institucionalizado. Son valores que se mantienen y que, a pesar del profesionalismo, esperamos que sigan ahí.

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Es difícil encontrar un partido de 2ªB en fútbol que, al margen del sentimiento, llegue a entretener. Eso en el rugby no sucede tanto. ¿Es más entretenido el juego en sí?

Por eso llego a la conclusión de que no me gusta el fútbol. No me trago cualquier partido de fútbol, y de hecho no tengo los canales de Gol T o Digital+: los tuve y me los quité porque no tengo interés en estar viendo todos esos partidos ni me quedaría viendo nada de equipos que no me dicen nada. Si lo hago es por deformación o necesidad profesional, para conocer jugadores, tener referencias… en cambio en rugby me puedes poner un partido del nivel que sea y de la liga que sea y lo veo sin ningún esfuerzo. Por eso pienso que esto me gusta más que lo otro. ¿Es más divertido? Bueno, siempre me ha llamado la atención que el rugby es un deporte al que jugamos pocos pero que encuentras muchos aficionados, porque visualmente es entretenido, diferente, peculiar… y además explota muy bien sus tradiciones.

Pero ves un partido de rugby de la selección española y ves que en el quince inicial hay 12 franceses, ¿qué piensas? ¿Es consecuencia de esa profesionalización?

Tengo sensaciones ambivalentes con esto [Ríe]. Ni siquiera estoy muy seguro de qué me parece todavía. Por un lado el rugby español ha estado por delante, no hace mucho, de equipos que ahora le ganan y van al mundial, como Rusia, Rumania, Portugal, Georgia… a todos esos España les ganaba, pero no hemos sabido evolucionar, tirar para delante. Este último entrenador ha tirado de “oriundos”, de franceses con antecedentes españoles, para armar un equipo que ha competido y ha ganado a todos estos equipos. Entonces no estás muy seguro qué camino es el mejor, de si esto desnaturalizará el rugby español o le va a ayudar a evolucionar a través del contacto con gente mejor y de mejores resultados. Es una situación que no conozco en profundidad y los problemas que pueda suscitar, ni el nivel de la liga española como para tener una opinión muy absoluta, pero es un camino que está abierto y que me resulta difícil de juzgar.

Volviendo a tu faceta periodística… Cuando Mario Ornat comienza a escribir la crónica de un partido, ¿qué música le gusta que le acompañe?

Pues durante muchos años no podía ponerme ninguna. No sé el porqué, porque con música puedo hacer de todo, escucho música a todas horas, incluso leyendo o estudiando. Pero al escribir necesitaba concentrarme tanto que me molestaba la música. Sin embargo de un tiempo a esta parte la música va ganando la batalla y metiéndose en ese único espacio vetado del día a día. Ahora no es raro que escriba con música, en el trabajo no pero en casa sí.

Escucho tanta música y tantas cosas diferentes, y encima ahora con la “música digital”, te pones el iPod en modo aleatorio y escucho a 50 ó 60 grupos diferentes o solistas diferentes al mismo tiempo. Rara vez quiero oír un disco concreto, sólo eso, salvo cuando lo compro. Las primeras escuchas las exploto durante un tiempo, pero no sé decirte grupos de cabecera… de los Beatles a los Smiths, Wilco, Joy Division, James… son gente que escucho casi a diario.

La música está presente en tu vida… y según parece el cine también. Aunque Mario Ornat no se sube al barco de The Artist…

No, no, para nada. [Ríe] De ese barco me tiré en marcha mientras la veía. Pero bueno, yo de cine no sé más que la mayoría, sólo soy un aficionado, alguien a quien le gusta el cine y como tengo esa afición, la aúno con la de escribir y por eso opino, pero no va más allá. Mis opiniones me las tomo yo mismo bastante a broma. A veces pongo cosas en el blog, pero tampoco sirve para conocerme, porque hay bastante de recreación, es una mezcla de ficción y realidad, porque yo estilizo un poco las cosas. Yo soy muy discreto, y me gusta pasar desapercibido. Hablar de mi mismo me resulta poco natural, incómodo. Escribiendo me resulta más sencillo pero tampoco cuento toda la verdad, sólo cosas que tienen que ver con ella. Para generar un personaje entretenido.

Entonces, ¿qué resulta más fácil, entrevistar o ser entrevistado?

Entrevistar, sin duda. Es muy sencillo, al menos si tienes la costumbre. Otra cosa es hacer grandes entrevistas, pero yo creo que es más fácil preguntar que responder. Sobre todo para los que no estamos acostumbrados a responder. A veces las entrevistas te hacen hablar de cosas que ni te habías planteado y dan ganas de decir: “Espera, que me voy diez minutos a dar una vuelta, me lo pienso y te doy una respuesta” y estás todo el rato temiendo dar una respuesta que no sea la que darías dentro de media hora. No equivocada, sino que no refleje lo que verdaderamente quieres decir.

No te subías al barco de The Artist. ¿Para el de la permanencia te cogemos billete?

Sí. Hay que creer hasta las últimas consecuencias. La trayectoria del equipo lo demuestra. Si el fútbol tiene algo verdaderamente incomparable es su capacidad para sorprender, escapar a la lógica y ser arbitrario, para escapar a todas las consideraciones y juicios previos que se hagan. Hay una frase que siempre me ha gustado mucho: “En el fútbol, todo el mundo tiene razón alguna vez”. Y es verdad, porque el dichoso da tantas vueltas, es tan cambiante y tan caprichoso que al final te acaba dando la razón.

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Un deseo para después de conseguir la permanencia…

Mi deseo siempre ha sido el mismo: yo quiero ver al Real Zaragoza ganar la Liga. Eso es lo que siempre he querido. Y pese a todas las circunstancias, lo sigo queriendo. Necesito pensar que esta situación es pasajera y que un mal período como otros a lo largo de la historia. El Real Zaragoza volverá a ser lo que todos hemos conocido.

TEST

Alfredo Relaño

Ves, tengo que pensarme las respuestas. Antes cuando he nombrado a mis periodistas de cabecera, se me ha olvidado él. Independientemente de que sea mi director, que eso es circunstancial, me parece el mejor periodista deportivo español de los últimos 20 ó 30 años. Casi todo lo que ha funcionado y triunfado en el periodismo deportivo se lo ha inventado Relaño o ha sido impulsor. Casi todo. Desde el Canal+, que cambió la forma de hacer deporte en televisión a la escuela de El País, el origen de Paco González va unido a él… y la conversión del AS: el antes y el después de Relaño en el diario se puede ver cada día: no hay color. ¡Ha alcanzado a discutirle el liderazgo a Marca!

Tomás Roncero

[Ríe] Personalmente, es un tipo divertidísimo. Muy apasionado. Me cae muy bien. Periodísticamente, es la consagración del modelo “periodista-forofo” que hablábamos antes. El modelo se lo ha inventado él o, al menos, lo ha llevado al paroxismo. Provoca filias y fobias por igual y es una forma de hacer periodismo que ahora tiene su público y él la sabe explotar. No es mi ideal de periodismo, pero yo recuerdo a Tomás escribiendo crónicas de baloncesto en El Mundo del siglo XXI y siendo un periodista completamente diferente del personaje al que vemos ahora. Se ha adaptado a una situación, a un mercado, a una forma de hacer las cosas que tiene su público.

Ídolo en rugby

No tengo. No hay uno que me identifique. Tengo equipos y jugadores preferidos pero ninguno que me marque. Me provocan admiración por motivos muy diferentes muchísimos jugadores. Ninguno por encima de los demás. El rugby es el deporte de equipo por antonomasia. Las estrellas son sólo parte de un engranaje. Un hombre sólo contra quince que le quieren pegar no vale nada.

Capitán del Real Zaragoza

Con la suma de todos ellos. He vivido de cerca con Xavi Aguado, amigo personal, pero creo que la capitanía tiene un contenido más interno que externo. Para el equipo y su día a día. Es una situación que desde fuera no se puede juzgar. Yo de los que he conocido me quedaría con todos y con ninguno: Xavi Aguado, Miguel Pardeza, Juan Señor… todos los que han sido capitanes del Real Zaragoza… Cuartero… todos tienen valores que defendían al equipo.

Entrenador

Tengo debilidad personal y profesional, por su forma de trabajar, por Víctor Muñoz, pero no diría que es mejor o peor entrenador que otro. ¿Por qué? No sé, opiniones personales más allá de la lógica. El Zaragoza ha tenido grandísimos entrenadores, pero yo conectaba con él ya cuando era futbolista, y por eso me gusta su forma de trabajar, afrontar los partidos, dirigir al equipo…

Cerveza

Guinness negra

Una película

Centauros del Desierto

Un libro

[Pide tiempo para reflexionar e incluso llega a declararse incapaz de resaltar un libro]

Un gol

El de Nayim, no se puede elegir otro más especial en la historia del Real Zaragoza. Aunque recuerdo más los goles que me he perdido por tener que irme antes de La Romareda a escribir la crónica

Un ensayo

El mejor de todos los tiempos. Gareth Edwards con los Barbarians frente a los All Blacks en el 73

Click aquí para ver el ensayo de Gareth Edwards

[Horas más tarde llega la respuesta acerca del libro]

Cualquier relato corto de Julio Cortázar. Particularmente, Todos los fuegos el fuego o Las armas secretas

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Entrevista realizada por: Beto Abán | @Beto_aban

Colaboración: Javier Allué | @Javiallulli , Antonio Martínez Obón | @A_Mtnez_Obon , Iván Aparicio | @Ivan_suek 

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Una respuesta a Mario Ornat: “El Real Zaragoza se ha convertido en un equipo que cada temporada sufre para mantenerse y esa no es su naturaleza”

  1. luis villamonte garcia dice:

    Mario, soy Luis de Bilbao, no soy nada ducho en ésto de Internet, quisiera que por favor me mandaras tu correo electronico, para poder mantener contacto y hablar contigo, tuve tu tfno. móvil, pero con tanto cambio lo he extraviado. Mira a ver si me esccribes y hablamos.- Un abrazo.-Luis.-

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