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Las cuentas de la lechera

Son varias las historias que hablan sobre castillos en el aire. Una de las más famosas es la de una niña a la que se le encomendó la tarea de llevar un jarro grande de leche a su casa. Mientras volvía con su encargo iba imaginando como esa leche podría ser vendida. Con el dinero ganado se podría comprar más leche, y si la volvía a vender ganaría aún más dinero y podría comprar aún más leche. Justo antes de llegar a su casa el jarro se estrelló contra el suelo y la chiquilla se quedó sin dinero y sin leche. El Zaragoza, en una realidad algo similar a la de la niña, también lleva meses de cuentas y cavilaciones. La realidad que manda ahora es que la próxima semana se lo juega todo. La primera parada será mañana, a las 16.00 horas, ante un Athletic de Bilbao que llega embriagado por la alegría de haber llegado a la final de la Europa League tras vencer al Sporting de Lisboa después de una brillante remontada.

Para los de Manolo Jiménez se ha terminado el tiempo de las cuentas, las combinaciones y las posibilidades. Ahora solo vale ganar y esperar. Fórmula sencilla, a priori, pero complicada a la postre. El primer rival de esos tres duelos a muerte es un conjunto que viene de completar una temporada brillante. Los hombres de Marcelo Bielsa tienen en su mano hacer el deseado doblete para cualquier club con la Copa del Rey y la Europa League. El Real Zaragoza debe aprovechar esas circunstancias. Pero ahí no termina la recta final de infarto. La segunda parada, o más bien visita a La Romareda, es la del Levante. Los de José Ignacio Martínez también llegan jugándose Europa. Casi nada. Es otro equipo al que no se le puede reprochar absolutamente nada este año. Con un presupuesto de guerra y la ilusión por bandera tienen intactas sus opciones de colarse incluso en la Champions League.

Como punto final quedaría el Racing de Santander el próximo fin de semana. Según las cuentas de una lechera zaragocista los cántabros llegarían, supuestamente, descendidos. No debería haber mayores problemas, pero la confianza y dar las cosas por sentadas pueden ser muy malas bases. Así que la moraleja para este tramo final de temporada es que los blanquillos tienen que ir partido a partido, mirar al presente. Lo de después puede esperar. Requerirá concentración y  mucho esfuerzo, eso seguro, pero es más conveniente en estos momentos que el Zaragoza se centre en el ‘ahora’ y no en lo que pueda pasar. Con esa base, la salvación se tendrá que pelear hasta el último momento. Por supuesto, los resultados rivales también tendrán que acompañar, pero esas cuentas ya escapan de las manos del Real Zaragoza. Mientras tanto, la afición seguirá creyendo bajo el lema ‘Sí se puede’.

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