En corto y al pie




El cuchillo entre los dientes

Este Real Zaragoza se ha ganado el derecho unánime a soñar. Henchido el pecho maño, por fin podemos caminar por la Liga con la cabeza alta. El milagro que casi nadie contemplaba ha comenzado a vislumbrarse. 10 puntos de 12 posibles y dos rivales hundidos, por debajo de los de Jiménez en la clasificación. Ahora es posible mirar hacia abajo. Incluso los escándalos que hacían enrojecer a más de un zaragocista y nos ridiculizaban a nivel nacional se han trasladado a otras ciudades del norte, donde capean como pueden a Clemente mientras aquí nos ilusionamos.

Ahora se puede creer sin temor a caminar entre lo cómico y lo utópico. El fútbol nos ha volteado y elevado a la cresta de una ola que, sin duda, afronta un obstáculo de proporciones mayúsculas. Podemos creer, es cierto. Pero ahora llega el Fútbol Club Barcelona, gigante entre gigantes. Después, un complicado choque en Sevilla. Lo lógico sería que volviéramos a resoplar y a ver cómo el equipo pierde fuelle. Pero, al menos, ahora la situación ha cambiado.

Ahora no esperamos a ver cuántos goles suben al marcador, o si la cifra cabe en el marcador de la Romareda. Ahora no estamos en Segunda. Hemos ascendido. Ahora toca luchar, gritar, jalear, meter la pierna, el brazo y lo que haga falta. El Real Zaragoza, exento de toda calidad, capacidad de desarrollo o concepto futbolístico, ha recuperado su carácter, su imagen de equipo, su lucha y su garra.

Por eso hay que pedir al equipo, a la afición, a la ciudad… que aunque llegue un revés (que en ocho jornadas llegará, seguro) no ceje en su empeño. El grito “Sí se puede”, el “Zaragoza nunca se rinde” han de imponerse a la desesperanza de la cruda realidad. Mantengámonos unidos. Hace tres semanas recibiríamos al Barça y viajaríamos al Pizjuán con miedo. Ahora no. Ahora esperamos con la media sonrisa del que sabe que, teniendo poco que perder, va a salir a la desesperada, a luchar y pelear hasta que Lafita, Apoño o cualquier otro lance un zarpazo de este león herido que tanto tiene por rugir. No hay que pensar en nadar para morir en la orilla. Hay que pensar en hacer de la Romareda un fortín y esperar a los de Guardiola con el cuchillo entre los dientes.

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Una respuesta a El cuchillo entre los dientes

  1. Sastronicus dice:

    La pena es no haber conseguido más puntos en la primera vuelta, que fue pésima, ahora vienen partidos muy complicados. Habrá que seguir apelando a la épica como en los últimos.

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