El ultimo pase




Hijo adoptivo de La Romareda

Hijo adoptivo de La Romareda   fotografíaGijón, El Molinón, la penúltima final de las muchas disputadas por el Real Zaragoza en los tres últimos años. Una victoria no aporta título alguno a las vitrinas, sino la posibilidad de seguir sufriendo unas jornadas más en busca de un nuevo milagro. El más difícil todavía si echamos la vista atrás recordando aquel equipo desahuciado de La Rosaleda. Tras aquel partido, temí que Manolo Jiménez hubiera perdido toda esperanza. Preveía su dimisión después de escuchar aquellos 42 segundos. Por primera vez en mucho tiempo, una persona de dentro del club había expresado sin paños calientes y públicamente, el sentir de la afición. Nada más y nada menos que el entrenador.

Tras llegar a Zaragoza, el mister fue consciente que este no era el club que él había conocido en sus tiempos de futbolista y entrenador del Sevilla. Y después de la salida de Salvador Arenere y compañía, Manolo Jiménez se quedó solo, desconcertado, incomunicado con el club más allá de los sms de Agapito Iglesias, como ocurriera días después de la goleada encajada ante el Málaga.

Aquellos primeros coletazos de 2012 también temí su dimisión, llegar y escapar al estilo Jabo Irureta, pero no ocurrió así a pesar de varias promesas incumplidas. Como tampoco al finalizar el mercado invernal de fichajes sin que llegara ninguna de sus peticiones excepto Apoño. Pero como le gusta decir: “sólo las ratas abandonan el barco cuando ven que se hunde”, y el Real Zaragoza era un barco a la deriva encallado en el último puesto de la tabla clasificatoria. Decidió continuar, no rendirse y hay que agradecérselo.

A pesar de todos estos condicionantes, de las dudas consecuentes de trabajar un entorno caótico, Manolo Jiménez ha conseguido despojar a los futbolistas del terror que les infundía saltar al césped. Su trabajo psicológico, pero también el físico y el táctico fructifican en resultados y en un equipo más sólido que cree en la victoria a pesar de sus limitaciones. Pero además, el de Arahal se ha convertido en el referente del zaragocismo, el último en llegar es el primero en el que confía una afición que se ha identificado con su forma de trabajar, su profesionalidad, su honradez y su sinceridad.

Cuestionado esta semana acerca de la figura de Agapito Iglesias respondía: “cuando acabe la Liga, que el público dicte sentencia”. No habrá que esperar tanto para calificar a Manolo Jiménez como hijo adoptivo de La Romareda. El reflejo del aficionado está en el banquillo. Una lástima que haya coincidido en el tiempo con el club más caótico que se recuerda. Pero gracias a él, ha recuperado cierta normalidad y, lo más importante, la esperanza de conseguir el título de la permanencia.

Imagen: Marca.com

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