El ultimo pase




Los jueces anónimos del fútbol

Los jueces anónimos del fútbol   fotografía

Alfredo Flórez, máximo responsable del Comité de Competición

La vuelta de Manolo Jiménez a su hogar futbolístico coincide con la sanción impuesta al técnico andaluz por sus protestas a Turienzo Alvárez en el partido ante el FC Barcelona. Protestas que jamás llegaron a traducirse en insultos. Así las cosas, el de Arahal no podrá sentarse por primera vez en el banquillo visitante del Ramón Sánchez Pizjuán, convertidos desde hace unas semanas en perritos calientes por la creciente necesidad de ingresos económicos. Cualquier espacio es válido hoy en día si hay dinero de por medio. Aunque roce el ridículo.

A falta de lo que dictamine el Comité de Apelación, el entrenador del Real Zaragoza tampoco podrá ocupar su habitual sitio en La Romareda ante el Granada. Una sanción excesiva que deja de nuevo en evidencia a los órganos disciplinarios de la Liga BBVA. Según el acta arbitral, imposible de consultar ya en el portal de la RFEF que sólo permite comprobar la jornada en disputa, Turienzo expulsó a Manolo Jiménez por “estar de pie en el área técnica y protestar de forma airada una decisión arbitral”. Quiero creer que la vara de medir hubiera sido la misma con Pep Guardiola o en próximos partidos que arbitre el ofendido Turienzo Alvárez.

Además, el acta refleja que al finalizar el partido, Jiménez se dirigió al colegiado en los siguientes términos: “Creo en tu honorabilidad pero eres un rencoroso, un rencoroso”. Unas palabras que según los señores Flórez, Arnaldo y Osorio conllevan la misma sanción que insultar gravemente al colegiado de turno, la misma que agredir a un entrenador rival. En otros casos, se obviaron escupitajos a contrarios, pisotones premeditados, insultos en el túnel de vestuarios, dudas sobre la limpieza de la competición o sentadas en el vehículo del colegiado para recordar a este sus errores. Por no recordar la parcialidad con que se cerraban unos estadios y otros recibían un apercibimiento tras otro. Las comparaciones, aunque sean odiosas, dejan en evidencia a los comités. Pero ahí siguen, parapetados, casi en el anonimato, escondidos tras un PDF y un reglamento inexacto y equívoco.

Una de las mayores desfachateces de este órgano tuvo como protagonista a Álvaro Negredo, la mayor amenaza para la defensa zaragocista en el Sánchez Pizjuán. Ocurrió en mayo de 2010, en el transcurso de la última jornada liguera y pocos días antes de la final de la Copa del Rey que el Sevilla ganaría al Atlético de Madrid en el Camp Nou. El delantero fue expulsado por insultar a la madre del linier de forma escatológica. Prefiero no reproducir los insultos. Mejor dicho, no fueron insultos según el Comité de Competición, sino meras observaciones al árbitro asistente. Indulto a Negredo, expulsión convertida en tarjeta amarilla y en billete para la final. Se obviaron insultos graves en día, dos años después Manolo Jiménez o Mendilibar son sancionados con dos partidos por calificarle de “rencoroso” o por ”salir del área técnica y levantar los brazos en señal de disconformidad”, en el caso del técnico de Osasuna.

De cualquier forma, se siente donde se siente, el gran artífice de que el Real Zaragoza siga con vida será recibido como se merece en su antigua casa. Por supuesto, también en La Romareda ante el Granada, una nueva final en la lucha por la supervivencia. Y pase lo que pase a final de esta temporada, cuando Manolo Jiménez regrese al estadio de la capital aragonesa como visitante, la ovación será merecida. “Yo no soy zaragocista, pero soy un profesional”, afirmó en su presentación. Su honorabilidad, la misma que Manolo atribuyó a Turienzo, le ha erigido en el referente de la afición. Un profesional de los pies a la cabeza, un entrenador honrado, leal, trabajador, de pensamiento justo y ecuánime. Todo lo contrario que los comités que velan por el justo cumplimiento del reglamento.

Dirigentes de la RFEF o de la LFP incapaces de adelantar unas horas su única reunión semanal cuando hay competición martes, miércoles y jueves, permitiendo así jugar a futbolistas expulsados en la previa. ¿La mejor liga del mundo? En todo caso, la más opaca y desvirtuada en favor de los que más tienen, curiosamente, los que más se quejan. Quejas y lloros escuchados por estos magistrados anónimos. Jueces de la Liga alejados del fútbol y del aficionado.

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