Rio Arriba




Bajito, moreno, y con mala hostia

La verdad es que el fichaje -cesión- no me gustó. Ni un pelo. El recuerdo más nítido que tenía era el de un pequeño broncas, en un Málaga menor, comparado con lo que tenemos hoy enfrente; un jugador acostumbrado a liderar al equipo, sí, con carácter, raza, huevina, todos los adjetivos costumbristas. Especialmente, cuando se trataba de liarla. No era raro ver uno de sus enfrentamientos, frente a frente, con un rival, aprovechando para equilibrar el pique la ayuda de sus rasgos de granito y esa barba que se escucha crecer mientras el partido se despliega. Bajito, moreno, y con mala hostia.

Bajito, moreno, y con mala hostia   fotografíaY está claro que ése es un tipo de jugador que siempre tiene el favor de buena parte de la grada. Luchadores, corajudos, elementos que acaben con el tedio de un partido a base de… bueno, de liarla. Lo dicho.

Pero yo esperaba en ese momento algo más a un conejo blanco, dentro de lo que se puede extraer de nuestra pequeña chistera de mago venido a menos. Algo como el Chupete, pero para el centro del campo, para que nos entendamos. Alguien que busque conseguir la notoriedad que se le niega en otra parte. Simplemente con hambre de hacerse ver, por fin, en una liga con tantas cámaras. Pero que funcionara: una figura, digamos, que se hiciera con el campo y la afición y nos sacara del torpor de tantas tardes de derrota. Que fuera tremendamente efectivo en lo suyo y personalizara en sí mismo el éxito de una salvación, despertando con sus acciones a los zombis en los que se han convertido muchas tardes nuestros jugadores. Una vez más.

Pero llegó Apoño. Y otros, sí, pero mi deseado conejo blanco se quedó en algún lugar desconocido, y lo que ves es lo que hay, amigo. Los resultados no mejoraron, y vimos de cerca el fondo del pozo. Tanto, que ya ni siquiera parecía quedarnos como opción la astilla de las matemáticas para justificar el acudir semana tras semana al encuentro con el Real Zaragoza.

Pero ahora que, por dejadez de los rivales en la lucha más emocionante de esta liga, digan lo que digan los telediarios, que es la del descenso, el equipo ha dado algún zarpazo suelto que lo ha aupado cerca de la superficie, que casi vemos la luz…, me sorprendo a mí mismo, especialmente en actuaciones como la de Valencia, diciéndome que, al fin y al cabo, cuando la cuerda está tan tensa, no está de más que haya alguien que aporte ese plus de… garra, eso era. Nervio y tensión que permitan que un equipo defenestrado, al menos, mantenga la cabeza más alta que la cintura durante el mayor tiempo posible.

Apoño, de momento, es el que lo está consiguiendo, con alguno más que se suma a su estela. Bien vale que el zaragocismo se lo reconozca, aunque sea hasta el domingo. De momento, y para superar el tembleque habitual, ya va diciendo que ganando, ¡ganando!, estamos en la lucha. Ésa es la actitud. Bien por él.

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