Rio Arriba




Esperando a Romaric

En un equipo donde el entrenador juega con piezas prestadas, las pocas que pueda haber escogido por su propia mano son siempre referencia, punto de crítica y observación obligada. La Romareda, además, es un estadio conocido por la sorna con la que se acogen este tipo de novedades, con una afición demasiado acostumbrada a ser vapuleada en sus ilusiones por tejemanejes de directivos, representantes y todo aquél capacitado para hacer caja con el paso de un jugador.

Con el peso que tradicionalmente recae sobre este tipo de fichajes (véanse las recientes incorporaciones de los ya famosos “mexicanos de Aguirre“, de los que tanto se esperó y que tantos disgustos acarrearon, medido todo por la levísima huella que van a dejar en la historia del club), y en tiempos de especial delicadeza económica y deportiva, Jiménez jugó a apostar sobre seguro, según lo que él entendía, y la cartera alcanzaba. Y señaló a Romaric, una aspiración que no era nueva en la ciudad.

Pese a las intenciones iniciales de Sevilla, que pretendía recuperarlo para reforzar el centro del campo, y Espanyol, que había encontrado en él una pieza vital para asentar al equipo, consiguió que recalara a orillas del Ebro.Teniendo en cuenta lo acostumbrados que estábamos a las negativas y desilusiones encadenadas, toda una novedad. Además de los fichajes de ilusión y juventud, el zaragocismo necesitaba, si no figuras mundiales, sí componentes contrastados y juzgados en la liga.

A partir de ahí, el trabajo se ha centrado en espantar el fantasma que siempre ha perseguido a este jugador: la forma física, su condición para participar en los encuentros al cien por cien, superar las molestias que suelen acompañarlo y el conseguir no sólo una amplia participación en el centro del campo, sino alguna internada hacia la portería contraria. Que buena falta nos va haciendo.

De momento, demasiado porcentaje del partido lo vemos sufrir para mover ese corpachón con soltura, pero promete estar mejorando y a punto de alcanzar el punto óptimo (en unas semanas se ve en condiciones de espantar los suspiros y bufidos de la grada).

Y ahí seguimos. Si Romaric es capaz de acallar las malas lenguas que desde el Sur apuntan a su mala cabeza a la hora de prepararse físicamente, y Apoño despierta del letargo en el que se ha sumido durante los últimos partidos, sumado al buen hacer de José Mari y la experiencia de Movilla, tendremos un centro del campo más que sólido, y podremos, una vez aseguradas las dos líneas de atrás, volcarnos algo más en ataque durante todo el partido. Oportunidades para que Montañés, Oriol, Álamo, Wílchez, o incluso Babovic, demuestren a la afición para y por qué han venido a Zaragoza.

Apresúrate, Christian. Que no estamos para siestas.

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