Rio Arriba




Todo a una carta

Las tres de la madrugada. Sea por el calor inusual de estos días (ya está el ventilador situado tras el ordenador, preparado para conseguir que este cascajo supere otro verano más con vida), o bien por la situación que espanta hoy los sueños de cualquier zaragocista, quién lo sabe.

El centro de mis desvelos inminentes se sitúa, precisamente, en el tradicionalmente considerado centro geográfico de la Península Ibérica, hacia donde se han dirigido, o dirigirán durante el día de mañana (hoy), miles de seguidores del Real Zaragoza a prestar su aliento al equipo, que se apresta para combatir en su última y más importante batalla. Esa gente, que son el verdadero Zaragoza, son los que van a sufrir y disfrutar el partido más importante (ahora sí que sí) de la temporada. El partido de Getafe, lo llamarán en los fascículos sobre el Real Zaragoza que aparezcan en los coleccionables de los periódicos aragoneses del 2020 en adelante. Esto puede ser algo como una especie de renovación de la promoción contra el Murcia de hace dos décadas largas. Al tiempo.

Y, para un combate que promete teñirse de épico en nuestro recuerdo durante mucho tiempo, qué mejor que un espacio cuyo nombre empieza por Coliseum, un sustantivo con ecos de gladiadores, fieras y sangre. Para un partido que acabará siendo mítico, sin importar el destino que nos depare, no está mal como complemento subconsciente. Especialmente desde que afición y equipo se encuentran conjurados como pocas veces se ha visto para salir de este mal paso; y nos vemos revueltos, de forma simultánea, desde hace unas semanas en las broncas nacidas de los nervios que recorren el fútbol español, sobre todo procedentes de Granada (que esperaban, por alguna razón, un final de liga un poco más tranquilo).

Más prosaico y cercano al deporte es el nombre que lo acompaña: Alfonso Pérez, aquel genial jugador de los noventa y principios del nuevo siglo que recaló en Madrid, Betis y Barcelona. Nacido en Getafe, razón por la cual el estadio luce su nombre, eso sí.

Allí va a ser donde nos lo vamos a jugar todo. A una sola carta. El que gana, se lleva el premio, y además: sí se puede.

Cualquier otra opción es algo con lo que no hay que jugar, porque hasta que pita el árbitro, todo es toro. Y para que éste no nos pille, tenemos que correr más que los demás.

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Una respuesta a Todo a una carta

  1. Daniel M dice:

    … y, al final, se pudo. Épico final de liga del Real Zaragoza, abocado ahora a transitar por problemas mucho más aburridos y peliagudos.

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