Tinta de Emborronar




Soria no tiene la culpa

Soria no tiene la culpa   fotografíaLos lectores que me siguen sabrán que me gusta comenzar mis columnas ofreciéndoles una serie de datos, porque me gusta y porque creo que son muchas veces una manera idónea de refrendar las ideas que aporto después. El de hoy no es un dato cualquiera, es un dato aplastante y que habla por sí mismo: Más de 17.000 sorianos viven en Zaragoza. Esto quiere decir que en Zaragoza hay casi la mitad de sorianos que en Soria, que se dice pronto; sin contar todos los que viven pero están empadronados fuera. La mayoría de ellos proceden de la emigración de las familias sorianas en torno a los años 50-60, pero tampoco hay que olvidarse de la cantidad de universitarios sorianos que vienen a Zaragoza y se instalan en la ciudad por el tiempo que duran sus carreras.

Yo no habré estado más que un par de veces en Soria, tampoco tengo una gran cantidad de amigos sorianos y ni siquiera he estado en Sanjuanes, cosa de la que me arrepiento enormemente. Pero siento empatía por la gente de Soria. Creo que es algo que la mayoría de los zaragozanos lo llevamos dentro sin saber muy bien porqué, probablemente sea porque nos lo hayan inculcado nuestros propios padres o la gente que nos rodea. El caso es que es así y a la inversa sucede igual. El máximo exponente para ver esto de lo que hablo son los partidos que enfrentaban al Real Zaragoza y al CD Numancia, donde el hermanamiento de ambas aficiones era total. Como si de una norma no escrita se tratara, parece más que evidente que el soriano y el zaragozano se llevan bien por naturaleza.

Por eso hay cosas que soy incapaz de entender y que me molestan en alto grado. Agapito Iglesias formaba parte de una de las muchas familias de las que he hablado antes que tuvieron que emigrar hacia Zaragoza en busca de trabajo. Cuando empezó y las cosas parecía que marchaban bien, que fuese de Soria era poco más que un hecho fortuito, sin importancia. Pero desde hace un tiempo hasta ahora, que las cosas van de mal en peor, no; ahora su condición de ser oriundo de la capital soriana parece que lo convierten en un ‘intruso’ en Zaragoza y en Aragón, pese a que lleva aquí más de treinta años. Hacer comentarios del tipo “Éste de Soria que sabrá de Zaragoza” o hablar de “el soriano” en tono despectivo se ha convertido en algo habitual no sólo en muchas conversaciones zaragocistas, sino también en prensa escrita y narrada. Y esto habla muy poco a favor de nosotros. Porque el problema no es que se falte al respeto a Agapito Iglesias, el problema es que se falta a todos los sorianos, a los de aquí y a los de allí, pudiendo crear una confrontación inútil, innecesaria, pero sobre todo muy triste. No sería la primera vez una discordia futbolística traspasa el ámbito del deporte. Mención aparte requiere la frase “Agapito vete a Soria”, como si Soria tuviese que aguantarlo simplemente por haber nacido allí.

Me pongo en la piel de cualquier soriano que lleve aquí viviendo toda la vida, que sienta y ame Zaragoza como cualquier nacido aquí y la verdad es que me sienta como una puñalada por la espalda. Es entendible el odio hacia Agapito y es hasta aceptable que el zaragocista muestre su ira por él, pero no todo vale. Meter a un colectivo tan apreciado y querido por estos lares en el mismo saco que al señor Iglesias no es justo. Habría que ver si en Soria comenzasen a llamar a cualquier zaragozano de forma despectiva. Sacaríamos los tanques a la calle y encima, nos sentiríamos ofendidos.

Imagen: El Periódico de Aragón

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Una respuesta a Soria no tiene la culpa

  1. Daniel Miñana dice:

    Totalmente de acuerdo.
    Además, hay diecisiete mil directos… pero muchísimos más descendientes que sienten Soria como propia.
    Etiquetas desafortunadas, en fin.

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