El ultimo pase




¿Y este año qué?

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Se denota obligatorio vaticinar el devenir del Real Zaragoza en una Liga de la que solo se han visto ciento ochenta minutos. Quizá se deba a las ansias de la afición por llegar a la última jornada. Sin amagos de infarto, sin disputar finales que no reportan títulos a las vitrinas y sin la necesidad de invadir pacíficamente una ciudad para asegurar la permanencia. ¡Qué acabe ya! Pero esto no ha hecho más que empezar.

Las prisas no son buenas consejeras, tampoco a la hora de analizar lo que puede dar de sí esta temporada. Menos aún si se trata del Real Zaragoza de los últimos años, acostumbrado a vaivenes y giros inesperados. La ilusión de consolidar el ‘Proyecto Jiménez’ choca de bruces frente a la experiencia de lo ocurrido los últimos años, a la incredulidad que suscita el paso atrás de Agapito Iglesias, más cómodo en la sombra que en el sillón que dejó vacío la pasada temporada y hoy ocupado por el vicepresidente del RCD Español los últimos años. Insólito.

Manolo Jiménez pretende evitar el mismo camino que siguieron en su día Marcelino, Gay y Aguirre. Para ello, el andaluz echó un pulso este verano al máximo accionista y se erigió en manager al más puro estilo Premier League. Entrenador, director deportivo, portavoz y estandarte de un club que busca empezar de cero, renacer de las cenizas a las que estuvo a punto de verse minimizado. Pero vuelven las prisas, como si nada hubiera cambiado en la entidad en estos meses estivales toca apurar el mercado de fichajes con el riesgo que esto conlleva. “Un central, un lateral derecho y un medio centro”, ha demandado el técnico andaluz desde hace semanas. Quién ha llegado ha sido Babovic, media punta y una incógnita más.

Ya sobre el césped, el fantasma de los últimos años no tardó en reaparecer durante el debut de madrugada ante el Real Valladolid. También se oyeron sus cadenas durante el descanso en Cornellá, pero amablemente se evaporó tras el gol de Postiga. Parecía el encuentro de vuelta del Memorial Carlos Lapetra, un partido sin tensión por ambas partes, impropio de una Liga ya empezada, similar en cuanto a sensaciones al de la primera jornada en La Romareda. Uno se ganó y otro se perdió, pero bien podría haber sido al revés, incluso se pudieron empatar los dos.

Una derrota no hubiera sido ni mucho menos definitiva, más allá de las voces agoreras que habrían surgido vaticinando un descenso inevitable. Sin embargo, la remontada del pasado sábado proporcionará tranquilidad a una plantilla que necesita tiempo, tanto en el campo como en los despachos. Tiempo para asimilar el estilo de juego que quiere implantar Jiménez, para convencer a Coke y a Squillaci, las dos peticiones más firmes del entrenador. Tiempo para comprobar la evolución de Montañés y Javi Álamo, la adaptación de José Mari a Primera División en una posición fundamental, el ancla que sujeta al resto, para recuperar a Romaric, o para buscar el mejor equipo posible a Porcar o a Laguardia.

Algunas dudas se resolverán esta semana, la noche mágica del 31 de agosto, otras incógnitas jornada a jornada. Pero Manolo Jiménez se ganó la confianza del zaragocismo el pasado año cuando no se intuía una solución, se la sigue ganando día a día, frase a frase, demostrando honradez y sinceridad en cada declaración. ¿Y este año qué? No lo se, sólo confío en Manolo y en que la historia no se repita una temporada más.

Foto: vavel.com

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