Opinión
   
  Crisis institucional en el Real Zaragoza
   
 
El Real Zaragoza ha sufrido desde finales de mayo del 2006 un cambio brutal. El presidente de Codesport, Agapito Iglesias, se hacía con la totalidad de las acciones del entonces presidente, Alfonso Soláns, convirtiéndose en el dueño absoluto del club. La primera decisión de Agapito fue contratar (y digo contratar, no nombrar, porque es de los pocos presidentes que se conocen que cobra un sueldo por ejercer en su puesto como tal) como presidente al consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón.

Agapito entró con fuerza en el club, prometiendo un cambio de imagen y una renovación de la ilusión de una afición zaragocista que vivía en el letargo de la mitad de tabla (descenso incluído) desde que Alfonso Soláns (hijo) tomaba las riendas del club tras la muerte de su difunto padre. Nadie le puede negar a Agapito que en su primer verano como máximo accionista, trajo la ilusión e hizo pensar a todos los habidos y por haber, que por fin había llegado un hombre con garra, que quería llevar al Real Zaragoza a lo más alto de la clasificación en un plazo no muy lejano en el tiempo. Los fichajes de jugadores como D'Alessandro, Piqué o sobre todo el mediático Pablo Aimar y la vuelta al banquillo del hijo pródigo Victor Fernández, ayudaron al equipo a completar una gran temporada, consiguiendo un magnífico sexto puesto que daba acceso directo a UEFA.

Aquí llegó el gran problema. Se permitió la marcha de Gabriel Milito en el verano del 2007 por una irrisoria cifra al F.C.Barcelona, convirtiéndose en el primer paso para el gran declive del Zaragoza. El club (con Pedro Herrera y Miguel Pardeza al frente) comenzó a hacer gala de una política de fichajes completamente desacertada y alejada de lo que hasta ahora había sido históricamente el Real Zaragoza. La afición tiene memoria y sabe que cuando el Real Zaragoza ha estado cerca de los grandes ha sido cuando ha fichado gente joven, con ilusión, con ganas, que venían a la Romareda para comerse el mundo, y sí, también para algún día marcharse a un grande (Gaby Milito, David Villa...). La llegada de Ayala, jugador que lo había sido todo pero que con 35 años no se encontraba ya en su mejor momento, o Luccin, son claros ejemplos de lo que aquí se intenta denunciar. Aún así, el Real Zaragoza completó un plantel que podía tranquilamente aspirar a Europa. No fue así.

Una desastrosa campaña completa de decepciones, falta de actitud, y cuatro cambios de entrenador (de Vitín a Villanova, pasando por la estancia fugaz de Garitano y la melancolía de Jabo Irureta) llevó al Real Zaragoza al peor de los casos imaginados, al descenso a los infiernos.

Es aquí donde los que son hombres de verdad y están comprometidos tienen que coger el toro por los cuernos y tomar decisiones drásticas por el bien de un club que les lleva dando de comer muchos años. Sí, hablo de los que planificaron la temporada sin centrales, sin jugadores específicos de banda: Pedro Herrera y Miguel Pardeza. Este último demostró que sabe cuándo no realiza bien su trabajo y decidió dimitir días después de consumarse el descenso en la fatídica tarde de Mallorca.

¿Y qué pasa con Pedro Herrera? Ha demostrado una vez más que le importa más su bolsillo que el Real Zaragoza. Nadie sabe por qué motivos este hombre (que también ha realizado buenos fichajes) sigue en el club, tras dos descensos en los últimos años de los que él es el máximo responsable como secretario técnico del club, y por tanto, primer responsable de los fichajes que se llevan a cabo.

Este verano ha servido para demostrar que a Agapito no le tiembla la mano a la hora de tirar de talonario (fichajes millonarios, mucho más caros que los de muchos equipos de Primera). Ah, y también para demostrar que el club le importa lo mismo que una mierda. Lo digo bien claro y con esto acabo:


DEVOLVEDNOS EL ESCUDO SINVERGÜENZAS.


   

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