Te levantas con la resaca del día anterior.
Pillas un café con leche hasta arriba de azúcar
para evitar el sabor amargo. Recorres el pasillo hacia el ordenador
pensando: “Aún me quedan diez días de libertad
hasta que comience la universidad”. Tomas asiento delante
de la pantalla y entras en blanquillos.org. Tienes que actualizar
tu sección. Presentar un nuevo artículo. ¿Qué
narices puedo contaos yo ahora?
Hago un repaso de lo que he escrito hasta ahora. Para empezar
os comenté los catastróficos resultados de la
campaña de abonados. Seguí con una dura crítica
hacia lo que había hecho el club este verano. Intenté
hacer un resumen de la anterior temporada, buscando alguna luz
al final del túnel que yo personalmente no encontré.
Son malos tiempos. La ilusión no existe. El pesimismo
recorre las calles de nuestra Zaragoza. Se pega a nosotros al
igual que el calor y el bochorno que estamos padeciendo estos
días. Queremos quitárnoslo de encima, pero no
podemos. Confiamos en que el sábado todo cambie. Nos
volvemos ciegos. Nos creemos que hay alguna posibilidad para
llevarnos, partido tras partido, una bofetada cada vez más
fuerte y dolorosa. Comenzará la nueva semana y el pesimismo
se habrá convertido en catastrofismo. Transcurrirán
los días y el tema se irá enfriando hasta que
de nuevo, volvamos a cegarnos y a tener fe en nuestro equipo…Es
un ciclo que llevamos padeciendo desde el inicio de la temporada
pasada.
La ciudad está dormida. El club también. No pasa
absolutamente nada. Inactividad total. De lunes a viernes no
salta ninguna noticia. “Entrenamiento en la Ciudad Deportiva
a las 18 horas”. Interesantísimo. ¡Qué
ilusionado estoy!. Llega el jueves y la prensa escrita no sabe
ni que incluir en sus páginas. Las radios reducen el
tiempo dedicada al Real Zaragoza al mínimo indispensable.
No saben ni qué decir. Ni qué pensar.
Sales de tu casa y pasas por La Romareda. El estadio cada vez
peor. La plaza Eduardo Ibarra abierta hace apenas unos meses
y que no tendrá ningún sentido de aquí
a unos años, vuelve a estar en obras por un defecto en
las fuentes. Al parecer los tanques tienen problemas y el agua
llega al aparcamiento subterráneo. Las oficinas del club,
desiertas. Emprendes el camino hacia el Paseo de la Independencia.
Pasas por Gran Vía y te encuentras con la tienda del
Real Zaragoza. Te asomas y te encuentras en la entrada con los
pósters de César Sánchez, Diego Milito
y D’Alessandro. Le comentas a un amigo: “Deberían
de quitar esos pósters y poner a Agapito y a Bandrés
con una corona haciéndonos un corte de mangas”.
Y me contesta: “Y a Pedro Herrera haciéndonos un
calvo”.
Todo está dormido. Todo está desierto. Todo está
muerto.