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Una nueva final

Una nueva final   fotografíaNo acabó todo con el triunfo ante el Getafe. Se aseguró la permanencia, se evitó un descenso que  parte de la afición ya había asumido, aunque nadie conocía a ciencia cierta lo que podría haber significado para el futuro económico del club. Tras mantenerse en Primera División, el Real Zaragoza tiene ante sí la posibilidad de romper con un ciclo de cuatro años nefastos, repleto de sinsentidos protagonizados por el máximo accionista y que han acabado en un ascenso y tres salvaciones milagrosas. Manolo Jiménez es la esperanza, la piedra angular de un proyecto ideal, y por una vez, que el paso atrás de Agapito Iglesias sea de verdad. Sin mentiras, sin falsas promesas, incluso sin comunicados en la web oficial del club.

El técnico andaluz ha puesto sobre la mesa las condiciones y si se cumplen firmará el contrato. Pero es consciente de lo que ocurrió con sus antecesores. Primero fue Marcelino García Toral, después la dupla formada por José Aurelio Gay y Nayim, y tras elllos Javier Aguirre, quienes acabaron devorados por el torbellino de inestabilidad en el que vivía el equipo. Eso quiere evitar Manolo Jiménez al reclamar el control total de la parcela deportiva. Hace unos días, Jiménez aseguraba que “el dinero no sería un problema”, mientras que en su última aparición pública se mostraba más tajante afirmando que renovar con esas condiciones “traicionaría al club y a la afición”.

No es posible vaticinar lo que está por venir, cuál será la decisión de Agapito Iglesias y cuánto tardará en pensar lo contrario. Manolo Jiménez ha puesto las cartas sobre la mesa, aceptando la confianza que la afición de La Romareda le ha trasladado durante estos meses. El clavo al que se aferra el zaragocismo. Las finales que ha disputado el Real Zaragoza en este lustro son incontables, pero quizá este sea el partido más complicado, el más trascendental. El fin de un ciclo.

 Foto: Carlos Muñoz

¡No oséis llamarlo éxito!

Épicas aparte, el Real Zaragoza consiguió ayer el objetivo mínimo que se había marcado al inicio de la temporada. El alfiler del que pende la supervivencia del club en la élite temporada tras temporada. Su sostén para poder afrontar, salidos ya del concurso de acreedores, los exigentes pagos que tiñen de rojo su calendario.

El éxtasis blanquillo fue total, absoluto, rotundo. Sólo pudo ser superado por la alegría vallecana, a escasos kilómetros del Coliseum y a escasos segundos de culminar la amenaza del descenso a los infiernos. El Villarreal será, junto a Sporting y Racing, quien sufra la pena del olvido y el destierro, mezclados con los dolorosos recuerdos de aquél penalty de Riquelme que pudo ser y no fue.

Ellos fueron grandes, y ahora están en Segunda. Lo mismo que podría haberle pasado al Real Zaragoza. Mejor dicho, lo que debiera haber pasado si la lógica de las matemáticas no se hubiera empotrado contra un muro de fe, casta, pasión y milagros. Contra el muro de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, podría decirse después de atisbar tamaña proeza, digna sólo de unos pocos elegidos.

La marcha del equipo y la mera observación del paciente aficionado en la grada hacían pensar que Javier Paredes, Pablo Álvarez, Zuculini o Edu Oriol no formaban parte de ese selecto grupo de elegidos que decía antes. La proeza resultaba demasiado utópica para el sentir maño. Pero estos jugadores, ajenos a esa excelsa clase de los que ahora llaman ‘top’ no se han resignado. Imbuidos del espíritu revolucionario, se han levantado contra su destino y han asestado un zarpazo al pesimismo, han insuflado aire cargado de ilusión a una afición maltratada, zarandeada y, últimamente, odiada y vilipendiada desde distintos puntos de España (según parece, Granada es el epicentro de la ira antizaragocista).

El episodio de ayer fue glorioso para aquellos que se desplazaron a la capital del Reino, agónico para los que lo siguieron por televisión y por la radio. Épico, antológico. Pero no se os ocurra, no oséis llamarlo éxito. Esto no es un éxito. Es un alivio. Sólo eso. La salvación permite que exhalemos, poco a poco y con placer, el aire que guardábamos en los pulmones desde septiembre del pasado año. Esto no es un éxito. Mirad las imágenes de París, de Montjuïc, de aquellos maravillosos años. Eso sí fueron éxitos. Esto, como mucho, califiquémoslo de proeza por lo heroico e inesperado. Pero no de éxito. No demos esa satisfacción a quien no ha gestionado el club para conseguir verdaderos éxitos, esos que este club sí merece.

A partir de hoy, finalizada ya la temporada, comienza el partido más importante para el Real Zaragoza. No hablamos, como todos saben, de 3 puntos, ni de goles, tarjetas o tarascadas. Éste se juega en los despachos. Esos desgraciados protagonistas del fútbol moderno marcarán el devenir a corto, medio y largo plazo de un equipo, una afición y un sentimiento. Esa misma afición, que gritó que sí podía y lo demostró hazaña tras hazaña, no debe bajar ahora la guardia. Hemos de construir un nuevo equipo desde casi menos de cero. El conjunto que hasta el 30 de mayo dirige Manolo Jiménez se desmantela por piezas, quedando sólo algunas de ellas. Ni siquiera la continuidad del andaluz en el banco es probable. Ahora toca gestionar, moverse, fichar, negociar… toca el ‘otro fútbol’. El que construye equipos y gana campeonatos o bien construye deudas y pierde categorías. En el corazón zaragocista queda la esperanza de que esto no sea un bucle: que no volvamos a empezar, a sufrir, a silbar e indignarnos con unos gestores y una gestión impropia de los despachos que ocupan. En la retina, sin embargo, guardamos el recuerdo de innumerables decepciones que, con los años, van desplazando las copas y las alegrías. Que nadie se olvide: la permanencia no era un éxito, era una obligación. Ahora comienza una nueva senda y, aunque caminemos con el pecho henchido y la cabeza alta, no debemos olvidar lo que dejamos a nuestra espalda, ni el horizonte que está por venir.

Andoni Cedrún: “Algún día estaremos en el balcón de la Plaza del Pilar”

No podíamos seguir con esta serie de entrevistas sin poder hablar con un mito del zaragocismo. Andoni Cedrún (Durango, 1960) supera las expectativas con creces. Quedamos con él en el hall del Hotel Romareda, donde pasó muchísimo tiempo en las concentraciones del equipo que él dice que es su vida: el Real Zaragoza. Doce años que se ven reflejados en las palabras de una persona que desprende zaragocismo por sus cuatro costados. Ahora le toca como a todos vivir momentos muy duros, pero él lo afronta con ilusión, confianza y ambición.

Andoni Cedrún: Algún día estaremos en el balcón de la Plaza del Pilar   fotografía

Empezando por lo más cercano… ¿qué sientes cuando el árbitro pita el final del partido contra el Sporting, después de toda esa tensión?

Pues a los 5 minutos me duelen las piernas de esa misma tensión. Haces ¡uff!, como un suspiro, como un alivio porque si te das cuenta todos los partidos que estamos jugando y ganando son agónicos. Hasta el final, hasta que no pita el árbitro, no ganamos un solo partido. Son todas a la heroica. Tiene una parte positiva: el corazón zaragocista late más. Cuando es épica no es lo mismo que cuando ganas por 3-0. La gente está arropando a su equipo. Pero terminas con un grito. Yo estaba en antena a nivel nacional y cuando pitó el árbitro salté. Debí de estar un poco más ecuánime, porque también hay una afición, la del Granada, escuchando la COPE, pero bueno, ya saben cómo soy yo. Ahí no puedo contenerme.

Jiménez o cómo luchar hasta la extenuación

Desde que cogió las riendas del club hace tres meses, Manolo Jiménez (Sevilla, 1964) ha insuflado esperanza y aliento al Real Zaragoza. El técnico sevillano ha conseguido que un equipo desahuciado afronte la recta final de la temporada con optimismo e ilusión. Tras haber conseguido 10 de los últimos 15 puntos en juego, los blanquillos han dejado de ser el farolillo rojo dela Primera División y están a cuatro puntos de la salvación.

Jiménez o cómo luchar hasta la extenuación   fotografía

Para explicar este milagro, para entender esta inesperada reacción, hay que saber quién es Manolo Jiménez y de dónde viene. Y es que él es el responsable de haber logrado que los jugadores interioricen un espíritu competitivo y guerrero que contrarresta en el campo sus notables carencias y limitaciones.

Jiménez es la viva imagen de un hombre de club. Internacional con la selección española y titular en el Mundial de Italia 1990, el Sevilla FC siempre ha sido su casa desde que aterrizó en los años ochenta para jugar en el filial. Allí desarrolló casi toda su trayectoria deportiva, un bagaje deportivo que se resume en cifras: 14 temporadas como jugador, 354 partidos disputados y 11 cursos como técnico, entre el filial y el primer equipo.

Nada más llegar a la capital aragonesa fue claro: “No soy zaragocista, pero sí un profesional”. Un mensaje que denota que es un hombre de compromisos. Cuando acepta un reto, lo asume con todas las consecuencias. Cuando se marca un objetivo, se deja el alma por cumplirlo.

Los 77 de Agapito

Agapito Carmelo Iglesias García. Quizá uno de los nombres más mentados de los últimos seis años en la ciudad de Zaragoza. El presidente de Codesport recibió el timón de la nave blanquilla en mayo de 2006, de manos de Alfonso Soláns. Agapito comenzó de manera positiva, con un conjunto que marchaba sexto en el campeonato y, por tanto, con derecho a jugar en Europa. Las cosas pintaban bien a orillas del Ebro. Sin embargo, al año siguiente el equipo diseñado por el de Navaleno comenzó un desgaste y una degeneración , descenso a Segunda de por medio, que protagonizó una de las debacles más increíbles que recordarse puedan. El proyecto saltó dinamitado por los aires, comenzando una espiral que aún hoy azota los deteriorados basamentos de una escuadra que se tambalea al filo del alambre temporada tras temporada. El proyecto se transformó, a ojos de los zaragocistas y del mundo, en una caída de crecimiento exponencial hacia el averno. Eduardo Bandrés dimitió,  las cuentas se hicieron insostenibles, el final del idilio con la afición se confirmó y el equipo entró en crisis económica, social y deportiva. La fractura era total.

Los 77 de Agapito   fotografía

En unos años se había pasado de luchar por Europa y aglutinar estrellas a entrar en disputas institucionales con el Getafe, el Deportivo, el Shakhtar… a tener que realizar milagro invernal tras milagro para sostener al club en Primera. A garantizar la viabilidad del club ante la duda de miles de aficionados. A las catástrofes semanales de Braulio, de las entradas baratas, los silbatos, la polémica de la Selectividad de Ramiro, el “extravío” de Ortí y Lacruz o la marcha de jugadores como Ponzio o Meira.

¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Fueron primero las deudas o la mala gestión deportiva? ¿Cómo se transformó un equipo plagado de estrellas como los Milito, Aimar o D’Alessandro en el, hasta hace 4 días, colista de la Primera División? Evidentemente la realidad tiene infinitos matices, explicaciones y puntos de vista. Seguro, por ejemplo, que el del propio presidente difiere mucho del de la afición maña. Por eso desde aquí hemos querido establecer una relación, una progresión completamente objetiva del estado del equipo temporada a temporada. Una valoración exenta de polémicas económicas, cuentas y escándalos: sólo de aquellos que son encargados de hacer que la pelotita y la malla se junten cada 7 días. De los jugadores que se trajeron para construir un equipo. Los que trajo, a fin de cuentas, el máximo accionista. Y esta relación es larga, mucho más de lo que debiera si el rumbo del equipo hubiera sido otro. Entre técnicos y jugadores superan las siete decenas. Sí, han leído bien. Estos son los 77 de Agapito.

Soria no tiene la culpa

Soria no tiene la culpa   fotografíaLos lectores que me siguen sabrán que me gusta comenzar mis columnas ofreciéndoles una serie de datos, porque me gusta y porque creo que son muchas veces una manera idónea de refrendar las ideas que aporto después. El de hoy no es un dato cualquiera, es un dato aplastante y que habla por sí mismo: Más de 17.000 sorianos viven en Zaragoza. Esto quiere decir que en Zaragoza hay casi la mitad de sorianos que en Soria, que se dice pronto; sin contar todos los que viven pero están empadronados fuera. La mayoría de ellos proceden de la emigración de las familias sorianas en torno a los años 50-60, pero tampoco hay que olvidarse de la cantidad de universitarios sorianos que vienen a Zaragoza y se instalan en la ciudad por el tiempo que duran sus carreras.

Yo no habré estado más que un par de veces en Soria, tampoco tengo una gran cantidad de amigos sorianos y ni siquiera he estado en Sanjuanes, cosa de la que me arrepiento enormemente. Pero siento empatía por la gente de Soria. Creo que es algo que la mayoría de los zaragozanos lo llevamos dentro sin saber muy bien porqué, probablemente sea porque nos lo hayan inculcado nuestros propios padres o la gente que nos rodea. El caso es que es así y a la inversa sucede igual. El máximo exponente para ver esto de lo que hablo son los partidos que enfrentaban al Real Zaragoza y al CD Numancia, donde el hermanamiento de ambas aficiones era total. Como si de una norma no escrita se tratara, parece más que evidente que el soriano y el zaragozano se llevan bien por naturaleza.

Por eso hay cosas que soy incapaz de entender y que me molestan en alto grado. Agapito Iglesias formaba parte de una de las muchas familias de las que he hablado antes que tuvieron que emigrar hacia Zaragoza en busca de trabajo. Cuando empezó y las cosas parecía que marchaban bien, que fuese de Soria era poco más que un hecho fortuito, sin importancia. Pero desde hace un tiempo hasta ahora, que las cosas van de mal en peor, no; ahora su condición de ser oriundo de la capital soriana parece que lo convierten en un ‘intruso’ en Zaragoza y en Aragón, pese a que lleva aquí más de treinta años. Hacer comentarios del tipo “Éste de Soria que sabrá de Zaragoza” o hablar de “el soriano” en tono despectivo se ha convertido en algo habitual no sólo en muchas conversaciones zaragocistas, sino también en prensa escrita y narrada. Y esto habla muy poco a favor de nosotros. Porque el problema no es que se falte al respeto a Agapito Iglesias, el problema es que se falta a todos los sorianos, a los de aquí y a los de allí, pudiendo crear una confrontación inútil, innecesaria, pero sobre todo muy triste. No sería la primera vez una discordia futbolística traspasa el ámbito del deporte. Mención aparte requiere la frase “Agapito vete a Soria”, como si Soria tuviese que aguantarlo simplemente por haber nacido allí.

Me pongo en la piel de cualquier soriano que lleve aquí viviendo toda la vida, que sienta y ame Zaragoza como cualquier nacido aquí y la verdad es que me sienta como una puñalada por la espalda. Es entendible el odio hacia Agapito y es hasta aceptable que el zaragocista muestre su ira por él, pero no todo vale. Meter a un colectivo tan apreciado y querido por estos lares en el mismo saco que al señor Iglesias no es justo. Habría que ver si en Soria comenzasen a llamar a cualquier zaragozano de forma despectiva. Sacaríamos los tanques a la calle y encima, nos sentiríamos ofendidos.

Imagen: El Periódico de Aragón

Mario Ornat: “El Real Zaragoza se ha convertido en un equipo que cada temporada sufre para mantenerse y esa no es su naturaleza”

Redactor de la delegación del Diario AS en Zaragoza, Mario Ornat llega a la cita con el gesto relajado, distanciado de los sobresaltos inducidos en los últimos días por el equipo de su ciudad, de su vida. Una conversación sobre el fútbol actual y el de antaño, sobre periodismo, rugby, música o literatura en unos tiempos en los que es difícil ver a alguien que reflexiona antes de dar su respuesta.

Mario Ornat: El Real Zaragoza se ha convertido en un equipo que cada temporada sufre para mantenerse y esa no es su naturaleza   fotografía

Tras el gol de Pablo Hernández y la posterior expulsión de Álvarez en Mestalla, el descenso se antojaba ineludible. Las puertas del infierno se abrían ya de par en par. Sin embargo, tres tantos consecutivos de Apoño, el último gracias a la torpeza de Godín y la experiencia de Postiga, provocaron el resurgir de la esperanza blanquilla. En La Romareda volvió a escucharse que sí se puede. Ya saben, ¡Zaragoza nunca se rinde!

¿En qué punto de la ola de optimismo se encuentra Mario Ornat?

En el más alto desde hace muchos meses. Es normal tras tanto tiempo de frustración y resultados tan decepcionantes, estábamos inmersos en una espiral de pesimismo que nos ha llevado a condenar al equipo antes de tiempo. Con la lógica de lo que se veía en el campo, pero olvidando que esto es un juego en el que ocurren cosas impensables y en el que las dinámicas cambian de un día para otro sin un motivo aparente. Yo estoy expectante, la experiencia de tantos partidos vistos me dice que los últimos encuentros son larguísimos y puede ocurrir de todo.

Javier Paredes: “Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo”

Para nuestra primera entrevista hemos querido elegir un símbolo, una guía. Quién mejor que el capitán del equipo al que nos gusta seguir. Javier Paredes nos recibe en la Ciudad Deportiva en la que entrena desde hace ya 5 temporadas. Cercano y amable, asume el reto de tratar de no dejar sin contestar ninguna pregunta en esta época tan complicada para los jugadores del conjunto blanquillo. Sin soltar el brazalete cuatribarrado (o revolandero, según se prefiera) nos permite conocer la opinión de aquél que asumió los galones tras la marcha de Ponzio, hablándonos de sus orígenes, su futuro, su Oviedo y, por supuesto, del Real Zaragoza. 

Javier Paredes: Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo   fotografía

Cuando uno sueña con ser capitán de un equipo de fútbol, se lo imagina en una situación mejor, en un equipo ganador. El Real Zaragoza es todo lo contrario. ¿Cómo lo asumes? 

Yo creo que independientemente de que sea un equipo grande o de que esté luchando por objetivos menos importantes, ser capitán de un equipo, y sobre todo cuando llevas ya unos años, porque la gente confía en ti, siempre es un orgullo. Lo importante cuando se es capitán es intentar conseguir lo mejor para el club, sea cual sea el momento en el que se encuentre. Ahora mismo es un momento difícil, y por eso mis funciones de cara al entorno, fuera del vestuario, son totalmente diferentes a las de un equipo que estuviese arriba. Por mí pasa demostrar que el Real Zaragoza será importante siempre y cuando esté unido en todos sus frentes. Yo intento dar la idea, a través de la experiencia, de cómo debería ser el club y cómo podría funcionar.