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Los parones traidores

Siempre que se paraliza la Liga ocurre algo. Agapito se muestra a la afición zaragocista, Jiménez dice algo curioso o Apoño la emprende con un aficionado en el entrenamiento. Menos mal que formaba parte de un grupo de Atades invitado por el Real Zaragoza… Todo el mundo está nervioso y no es para menos. Las cosas no van bien y las expectativas van asemejándose a las de temporadas anteriores. Los números no engañan: es el peor arranque en casa (en Torrero y la Romareda) desde 1952, el Real Zaragoza es el equipo menos goleador de la Primera División y solamente ha marcado en dos de los siete partidos disputados. Las sensaciones serán las que cada uno quiera experimentar pero la realidad es inapelable. Asomados al descenso de la categoría. Como el año pasado. Y el anterior. Y el anterior.

No sé a lo que juega el Real Zaragoza. Neutraliza bien a los adversarios que le crean menos ocasiones de gol pero los errores se pagan muy caros. No hay capacidad de reacción ni gol. Falta el remate, que generalmente es desde fuera del área, pero no se producen apenas asistencias. Ni tampoco el pase anterior a la asistencia. Las grandes apuestas de Jiménez como son Apoño y Romaric, no funcionan. Están lejos de su mejor forma o sufren, como es el caso de Romaric, añgún tipo de lesión que le dejan muy escaso de potencial. y que José Mari o Víctor Rodríguez sean las revelaciones de la temporada te dejan boquiabierto: ambos venían para el filial.

Ahora habrá que esperar y acudir sin Álvaro, Romaric y Aranda a los Cármenes de Granada. ¿Jugará Loovens? ¿Se habrá repuesto ya de sus correntías? ¿Cómo volverán los internacionales de sus respectivos compromisos? El equipo está sin definir, le falta cuajo y le sobran nervios. Solamente una victoria en el próximo partido le daría cierta calma al vestuario. Y fuerzas suficientes para afrontar el próximo partido en la Romareda. pero antes queda mucho tiempo para que alguien salte a la palestra y meta la pata.

Otra vez con urgencias

Regresamos a la cruda realidad de necesitar los puntos en juego. Cuatro derrotas en seis partidos y solamente cinco goles marcados en dos encuentros, nos dejan muy abajo en la clasificación. Tanto, que una derrota contra el Getafe podría volver a enviarnos al temido balcón del descenso y darle alas al equipo madrileño hasta ayer por debajo en la tabla. Salió bien contra Osasuna y los tres puntos nos dieron un respiro pero el tropezón en Mestalla duele por cómo se produjo. Jugar mejor que el rival y perder fastidia, aunque sea el Valencia más flojo de los últimos años.

De todas maneras me preocupa que, como dice Jiménez, los adversarios nos ganen haciendo menos que nosotros. Será un problema para el Real Zaragoza, creo yo, porque tener una mayor posesión, rematar más veces a puerta y jugar con un hombre más durante la segunda parte, nos otorgaba grandes posibilidades de puntuar en el estadio valenciano. No fueron mejor ni el Valladolid ni la Real Sociedad tampoco pero jugando muy poquito, sin apenas cansarse, aprovecharons los fallos en la defensa blanquilla y se hicieron con el botín.

Antes el problema eran las jugadas de estrategia; ahora, que no marcamos pese a generar oportunidades. El calor, el estado del terreno de juego, el horario, también jugaron según el entrenador en nuestra contra. Apoño parece que va encontrando la forma física pero Romaric ofrece muchas dudas sobre su estado. O Jiménez le diseña un programa de recuperación, o mucho me temo que tenga que operarse si padece una lesión de pubis a su vuelta de la Copa de África. Si al final, como parece, Costa de Marfil se clasifica.

Creo que sobra protección al vestuario con esto de dirigir las ruedas de prensa y declaraciones de los futbolistas por parte del “manager general” blanquillo. Como fijarles en su discurso la ”idea fuerza” de que todo va bien, que juegan mejor que los contrarios y que el triunfo llegará tarde o temprano.  O cerrar la Ciudad Deportiva a los medios de comunicación…

El caso es que otra vez estamos con la urgencia de ganar el sábado y tanta presión comienza ya a cansar a la afición. Las expectativas de relativa calma parecen difuminarse y aunque se consiga el triunfo estaremos sobre el filo de la navaja. porque después de acudir a Granada el calendario se complica y la cuesta de noviembre puede ser muy dura.

Todos los hombres del entrenador

Todos los hombres del entrenador   fotografía

Llegó la hora de los futbolistas. Atrás queda un verano marcado por la continuidad de Manolo Jiménez, por el paso atrás de Agapito Iglesias y por la enésima renovación de la plantilla.  El objetivo no es otro que la permanencia en Primera División, pero además, la afición reclama no sufrir cada fin de semana, comparecer en las últimas jornadas con los deberes hechos y así evitar la revalida del examen definitivo. Con la tranquilidad del objetivo cumplido podría alcanzarse el fin último, un proyecto a largo plazo basado en jugadores jóvenes, con futuro y en propiedad. Todo por revivir algún día al Real Zaragoza que rugió por España y Europa. Estos son los futbolistas por los que pasan las ilusiones de la afición blanquilla.

Después del milagro imposible

Ya se terminan los calificativos de la afición para lo que el Real Zaragoza logró hace casi una semana. En un ambiente envidiable en Getafe, el equipo comandado por Manolo Jiménez ponía la puntilla final a una salvación por la que nadie daba un céntimo. Pero ahora la vida sigue. El espectáculo debe continuar, como decía la canción. Es momento de planificación, de reestructura, de renovaciones, de salidas, de nuevas llegadas. El mercado de fichajes está a la vuelta de la esquina y el club blanquillo debe afanarse en trabajar lo mejor posible, por muy difícil que le parezca a toda la afición viendo los precedentes, para no cometer los errores del pasado. Todos esperan, de una vez por todas, que el año que viene sea, después de mucho tiempo, tranquilo y sin sobresaltos.

La primera piedra del futuro a corto plazo es Manolo Jiménez. Para que este equipo siga por el buen camino parece que su continuidad debe ser obligada. Pero él ya lo anticipó en rueda de prensa esta semana. No debe ser a cualquier precio. Habrá condiciones. De esas condiciones se ha especulado mucho. Lo que parece claro, en un principio, es que después de que Jiménez lograse el milagro de la permanencia puede pedir todo y más. Lo más significativo de sus condiciones es la red de ojeadores que quiere detrás. Algo impensable viendo la gestión que han realizado esa red y los directivos en las últimas temporadas. Marco Pérez, Antonio Tomás, Juárez, Fernando Meira, Sinama Pongolle o Paulo Da Silva –este último con contrato en vigor y al que se quiere renovar- son algunos de sus últimos fiascos.

Otro punto en el que se debe trabajar es el centro del campo. Ni Zuculini, ni Apoño, ni Ruben Micael, ni Dujmovic tienen contrato con el Zaragoza. Con la futurible marcha, salvo gestiones, de estos jugadores solamente Pintér sería el que permaneciera en el centro del campo. Del mismo modo, el futuro de Postiga está en el aire, igual que el de Roberto. Paredes, que termina contrato, podría ampliarlo. Lo que queda claro es que en las próximas semanas se va a suceder una vorágine de nombres, de idas y venidas y de movimientos en un club que, por sí solo, ya es noticia todos los días. Después del milagro, la vida sigue. Toca trabajar en las oficinas.

El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

Los 77 de Agapito

Agapito Carmelo Iglesias García. Quizá uno de los nombres más mentados de los últimos seis años en la ciudad de Zaragoza. El presidente de Codesport recibió el timón de la nave blanquilla en mayo de 2006, de manos de Alfonso Soláns. Agapito comenzó de manera positiva, con un conjunto que marchaba sexto en el campeonato y, por tanto, con derecho a jugar en Europa. Las cosas pintaban bien a orillas del Ebro. Sin embargo, al año siguiente el equipo diseñado por el de Navaleno comenzó un desgaste y una degeneración , descenso a Segunda de por medio, que protagonizó una de las debacles más increíbles que recordarse puedan. El proyecto saltó dinamitado por los aires, comenzando una espiral que aún hoy azota los deteriorados basamentos de una escuadra que se tambalea al filo del alambre temporada tras temporada. El proyecto se transformó, a ojos de los zaragocistas y del mundo, en una caída de crecimiento exponencial hacia el averno. Eduardo Bandrés dimitió,  las cuentas se hicieron insostenibles, el final del idilio con la afición se confirmó y el equipo entró en crisis económica, social y deportiva. La fractura era total.

Los 77 de Agapito   fotografía

En unos años se había pasado de luchar por Europa y aglutinar estrellas a entrar en disputas institucionales con el Getafe, el Deportivo, el Shakhtar… a tener que realizar milagro invernal tras milagro para sostener al club en Primera. A garantizar la viabilidad del club ante la duda de miles de aficionados. A las catástrofes semanales de Braulio, de las entradas baratas, los silbatos, la polémica de la Selectividad de Ramiro, el “extravío” de Ortí y Lacruz o la marcha de jugadores como Ponzio o Meira.

¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Fueron primero las deudas o la mala gestión deportiva? ¿Cómo se transformó un equipo plagado de estrellas como los Milito, Aimar o D’Alessandro en el, hasta hace 4 días, colista de la Primera División? Evidentemente la realidad tiene infinitos matices, explicaciones y puntos de vista. Seguro, por ejemplo, que el del propio presidente difiere mucho del de la afición maña. Por eso desde aquí hemos querido establecer una relación, una progresión completamente objetiva del estado del equipo temporada a temporada. Una valoración exenta de polémicas económicas, cuentas y escándalos: sólo de aquellos que son encargados de hacer que la pelotita y la malla se junten cada 7 días. De los jugadores que se trajeron para construir un equipo. Los que trajo, a fin de cuentas, el máximo accionista. Y esta relación es larga, mucho más de lo que debiera si el rumbo del equipo hubiera sido otro. Entre técnicos y jugadores superan las siete decenas. Sí, han leído bien. Estos son los 77 de Agapito.

Bajito, moreno, y con mala hostia

La verdad es que el fichaje -cesión- no me gustó. Ni un pelo. El recuerdo más nítido que tenía era el de un pequeño broncas, en un Málaga menor, comparado con lo que tenemos hoy enfrente; un jugador acostumbrado a liderar al equipo, sí, con carácter, raza, huevina, todos los adjetivos costumbristas. Especialmente, cuando se trataba de liarla. No era raro ver uno de sus enfrentamientos, frente a frente, con un rival, aprovechando para equilibrar el pique la ayuda de sus rasgos de granito y esa barba que se escucha crecer mientras el partido se despliega. Bajito, moreno, y con mala hostia.

Bajito, moreno, y con mala hostia   fotografíaY está claro que ése es un tipo de jugador que siempre tiene el favor de buena parte de la grada. Luchadores, corajudos, elementos que acaben con el tedio de un partido a base de… bueno, de liarla. Lo dicho.

Pero yo esperaba en ese momento algo más a un conejo blanco, dentro de lo que se puede extraer de nuestra pequeña chistera de mago venido a menos. Algo como el Chupete, pero para el centro del campo, para que nos entendamos. Alguien que busque conseguir la notoriedad que se le niega en otra parte. Simplemente con hambre de hacerse ver, por fin, en una liga con tantas cámaras. Pero que funcionara: una figura, digamos, que se hiciera con el campo y la afición y nos sacara del torpor de tantas tardes de derrota. Que fuera tremendamente efectivo en lo suyo y personalizara en sí mismo el éxito de una salvación, despertando con sus acciones a los zombis en los que se han convertido muchas tardes nuestros jugadores. Una vez más.

Pero llegó Apoño. Y otros, sí, pero mi deseado conejo blanco se quedó en algún lugar desconocido, y lo que ves es lo que hay, amigo. Los resultados no mejoraron, y vimos de cerca el fondo del pozo. Tanto, que ya ni siquiera parecía quedarnos como opción la astilla de las matemáticas para justificar el acudir semana tras semana al encuentro con el Real Zaragoza.

Pero ahora que, por dejadez de los rivales en la lucha más emocionante de esta liga, digan lo que digan los telediarios, que es la del descenso, el equipo ha dado algún zarpazo suelto que lo ha aupado cerca de la superficie, que casi vemos la luz…, me sorprendo a mí mismo, especialmente en actuaciones como la de Valencia, diciéndome que, al fin y al cabo, cuando la cuerda está tan tensa, no está de más que haya alguien que aporte ese plus de… garra, eso era. Nervio y tensión que permitan que un equipo defenestrado, al menos, mantenga la cabeza más alta que la cintura durante el mayor tiempo posible.

Apoño, de momento, es el que lo está consiguiendo, con alguno más que se suma a su estela. Bien vale que el zaragocismo se lo reconozca, aunque sea hasta el domingo. De momento, y para superar el tembleque habitual, ya va diciendo que ganando, ¡ganando!, estamos en la lucha. Ésa es la actitud. Bien por él.

‘Apoño’ moral

Antes de comenzar con mi primera columna me gustaría explicar por qué la he llamado We Believe. En 2007, mi equipo de la NBA, Golden State Warriors, se clasificó en el último partido a los Playoffs, donde no estaba desde hacía 13 años. Al ser los octavos les tocó medirse a los primeros cabezas de serie, Dallas, que tenían la mejor marca de victorias. Los aficionados de los Warriors crearon el eslogan de We Believe soñando con dar la mayor campanada de la historia.

Todos los hinchas llenaban su cancha con camisetas del mismo color y esa frase. Y se logró. Golden State se cargó a los Mavericks por 2-4 e hicieron historia, ya que por primera vez el octavo clasificado había logrado eliminar al número uno y con mejor marca de la NBA desde que se estableció el formato al mejor de siete partidos. Por eso, ante la actual situación del Real Zaragoza y siempre, estemos como estemos y donde estemos, yo creeré en mi equipo y en que todo es posible.

Hace un mes aproximadamente, el Real Zaragoza se encontraba a 12 puntos de la salvación. Yo seguía haciendo cuentas y aún pensaba que podíamos salvarnos. La gran mayoría opinaba todo lo contrario y ya daba al equipo por descendido. Y es más, mucha gente criticaba mi optimismo y me tildaba de loco. Nunca entendí que se critique a alguien por tener fe y esperanza. Para decir que el Real Zaragoza era un equipo muerto y descendido ya habría tiempo de sobra. Que uno fuera optimista no quería decir que no supiera que lo normal era un descenso, pero jamás entenderé a la gente pesimista. Su negatividad no hace más que generar más pesimismo y en situaciones así, creo que es lo último que hay que hacer. Si Jiménez fuera pesimista y se lo dijera a los futbolistas, éstos se hundirían más, por lo tanto la negatividad sólo perjudica.

Por eso, yo (y algunos pocos más) decidí creer. Agarrarme a esa esperanza y tener fe en los jugadores. ¿Qué sentido tiene el fútbol si no piensas que tu equipo puede conseguir algo?, ¿acaso alguien cuando tiene a un paciente enfermo lo da por muerto, aunque esté muy grave? Pues eso. En los partidos veía que sí, que el nivel de los jugadores es bajo, pero que también los árbitros y la mala suerte se habían cebado, dejando a una plantilla muy golpeada anímicamente. Ahora, el Real Zaragoza ha recortado la mitad de puntos a la salvación mediante varios milagros y está a ‘sólo’ 6 de la vida.

El triunfo en Mestalla con dos goles de Apoño puede ser el punto de inflexión definitivo. Los que no creían, ahora creen, y los jugadores ven la luz al final del túnel. La forma en que se ha producido la victoria ha supuesto un ‘Apoño’ moral para todos. El ‘virus’ optimista invade la capital del Ebro y ante el Atlético, La Romareda debe ser una olla a presión. Así que tal y como reza el nombre de mi columna ¡We Believe!