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El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

A dos pasos de la orilla

A dos pasos de la orilla   fotografíaTras cuatro meses de regata, repletos de trabajo y sacrificio, el barco capitaneado por Manolo Jiménez avista la tierra prometida, la salvación deseada. Desde aquel partido en El Sardinero, el primero del nuevo comandante de El Arahal, plantilla y cuerpo técnico han sido capaces de no bajar los brazos, por muy adversas que fueran los condiciones, con jornadas para olvidar como aquellos desplazamientos a Málaga, San Sebastián o las oportunidades perdidas en La Romareda ante compañeros de viaje como el Rayo Vallecano. Pero el capitán del navío ha cumplido con el objetivo y el Real Zaragoza llega al tramo final con opciones de mantener la categoría acallando a aquellos -donde me incluyo- que en febrero habían perdido la esperanza en este equipo.

Pero los jugadores no son los mismos que entonces. Tanto individualmente como de forma colectiva han alcanzado su mejor nivel en este último tramo de la temporada. La garra de Postiga y Lafita, la entrega tan argentina, alocada y contagiosa de Zuculini,  el control de Micael y Apoño, la aparición inesperada de Edu Oriol, una defensa menos promiscua a los errores infantiles… y Roberto. El no ha cambiado, siempre ha estado. Viviendo en el alambre, el Real Zaragoza ha vuelto a dominar los partidos que juega como local, ha aprendido a aguantar resultados sin provocar un infarto en cada jugada -sólo los justos- y ha recuperado las ganas de competir. Gracias Manolo.

También la afición ha cambiado su forma de ver el partido. De la apatía y de la resignación con la que se contemplaba cada encuentro de la primera vuelta al grito incondicional de “Zaragoza nunca se rinde” y “Sí se puede”. La grada lleva en volandas al equipo, sufre junto a él en el campo, a través de la radio o de la televisión, con Manolo Jiménez como referente y los jugadores parte de nuestra familia. Animándoles como si fueran nuestros hermanos, sobrinos o hijos jugando en el equipo del colegio. Quizá haya que acabar agradeciendo el cobarde gesto de Agapito Iglesias de no acudir al palco de La Romareda y pedirle que, en favor del equipo, tampoco acuda al Coliseo Alfonso Pérez Muñoz.

Pero será el Racing de Santander, un club destrozado institucionalmente y ya descendido, el primero de los dos escollos. Una noche de transistores, con los ojos puestos en el campo y los oídos atentos a las noticias que lleguen desde el Sánchez Pizjuán y Los Cármenes. Las cuentas están claras: el Rayo no ha de ganar en Sevilla y el Granada no puede puntuar ante el Real Madrid. Ambos se ven las caras en la última jornada y no les valdría empatar. Michel debe dar una mínima alegría a su afición en el que quizá sea su último partido en el Sevilla tras perder ante el Betis. Por su parte, Cristiano Ronaldo quiere el Pichichi y Mourinho en San Mamés aseguró que, como equipo campeón, no han de desvirtuar la competición jugando con la vida de otros equipos.

Parecía impensable, pero el Real Zaragoza puede llegar a la última jornada dependiendo de sí mismo. Ni siquiera Amarillo Slim, el mejor apostante de todos los tiempos, se le habría ocurrido desafiar así al destino, pero la permanencia está más cerca que nunca. Cuerpo técnico, plantilla y afición, todos unidos en busca de la salvación. Se prevé un viaje masivo a Getafe, siempre y cuando el domingo salgan las cuentas, que podría superar el desplazamiento a Levante. Después de tanto remar, con la esperanza de no morir en la orilla.

Foto: RZFans

Javier Paredes: “Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo”

Para nuestra primera entrevista hemos querido elegir un símbolo, una guía. Quién mejor que el capitán del equipo al que nos gusta seguir. Javier Paredes nos recibe en la Ciudad Deportiva en la que entrena desde hace ya 5 temporadas. Cercano y amable, asume el reto de tratar de no dejar sin contestar ninguna pregunta en esta época tan complicada para los jugadores del conjunto blanquillo. Sin soltar el brazalete cuatribarrado (o revolandero, según se prefiera) nos permite conocer la opinión de aquél que asumió los galones tras la marcha de Ponzio, hablándonos de sus orígenes, su futuro, su Oviedo y, por supuesto, del Real Zaragoza. 

Javier Paredes: Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo   fotografía

Cuando uno sueña con ser capitán de un equipo de fútbol, se lo imagina en una situación mejor, en un equipo ganador. El Real Zaragoza es todo lo contrario. ¿Cómo lo asumes? 

Yo creo que independientemente de que sea un equipo grande o de que esté luchando por objetivos menos importantes, ser capitán de un equipo, y sobre todo cuando llevas ya unos años, porque la gente confía en ti, siempre es un orgullo. Lo importante cuando se es capitán es intentar conseguir lo mejor para el club, sea cual sea el momento en el que se encuentre. Ahora mismo es un momento difícil, y por eso mis funciones de cara al entorno, fuera del vestuario, son totalmente diferentes a las de un equipo que estuviese arriba. Por mí pasa demostrar que el Real Zaragoza será importante siempre y cuando esté unido en todos sus frentes. Yo intento dar la idea, a través de la experiencia, de cómo debería ser el club y cómo podría funcionar.