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Un pasito más

Fue un partido aburrido, sin chispa ni emoción. Solamente se salvó el golazo de Aranda a pase de Romaric, que fue lo único positivo del africano. No ayudó el Granada, con bajas en su alineación y una escasa actividad durante todo el encuentro. Parecía un amistoso de verano donde a nadie le preocupa el resultado final y lo único importante es terminarlo sin lesionados. Las vacías gradas, menos de seis mil personas en la Romareda, respondieron con silbidos algunas acciones de los jugadores blanquillos que no tenían la misma intensidad que tres días antes en ese mismo escenario ante el Sevilla.

Se la ha jugado Manolo Jiménez con su decisión de poner como portero de la Copa a leo Franco. Ayer apenas tuvo trabajo pero su larguísima inactividad es un claro inconveniente para defender la meta con garantías en un partido complicado. Fue también extraño que convocase a Toni Doblas, con el que no cuenta para nada, dejando a un lado a Pablo Alcolea del que dijo era su tercer portero. ¿Con qué cara se habrá quedado el chaval? Son detalles que merecen la pena cuidar especialmente en un equipo que ya no tiene referentes locales de peso en la plantilla.

Y el sábado, a Madrid. Cuatro victorias en cincuenta y ocho partidos de Liga en la capital de España. Y un par de “sets” dolorosos, especialmente el día del triste debut de José Aurelio Gay en una noche fría y donde temí que los dos dígitos iluminasen el marcador. ¿Cómo jugarle al Madrid? ¿Como Caparrós en Mallorca? ¿Como Paco Jémez al Barcelona en Vallecas? Al final les cayeron cinco a los dos equipos cuando la trituradora goleadora destrozó sus planteamientos.

Estaremos atentos a lo que pase.

Amenazas por todos los lados

Ahora resulta que el Tribunal de Arbitraje Deportivo reabre el “caso Matuzalem” a instancias del Shakhtar Donetsk después del proceso concursal del Real Zaragoza. Se supone que las leyes de nuestro país amparan las decisiones judiciales y que el club ucraniano tendrá que conformarse con percibir el 40% de la cantidad adeudada y en el plazo marcado por la sentencia. Pero ya es una molestia, una comezón que ataca las debilitadas fuerzas de un zaragocismo que ve cómo el equipo puede hundirse sin no gana el domingo en Granada. Con solamente seis puntos, tres menos que el año pasado a estas alturas, y seis jornadas antes en puestos de descenso que la temporada anterior. Insisto, si no consigue la victoria en el Nuevo estadio de Los Cármenes, que no hay que descartarlo en absoluto.

Estas preocupaciones, sumadas al nerviosismo de hombres importantes en la plantilla como Apoño, la lesión de Aranda (que se rompe cada vez que juega un partido completo) o la supuesta pretemporada de Romaric antes de su marcha a la Copa de África, abren demasiadas dudas en las entrañas del club.

Para colmo, Agapito parece aproximarse de nuevo al entorno zaragocista aunque jamás dejó de tomar decisiones, y Fernando Molinos sigue viviendo en el “país de la ilusión”. Como también las polémicas declaraciones de Manolo Jiménez, especialista en desviar la atención introduciendo otros asuntos de fácil consumo para los medios de comunicación.

En este mercadillo de sensaciones, las únicas que no valen son las referidas a la buena imagen del equipo. Porque los puntos son los que aclaran la situación y dejan arriba o abajo en la tabla a los competidores en la Liga. Y no hay más historias.

Otra vez con urgencias

Regresamos a la cruda realidad de necesitar los puntos en juego. Cuatro derrotas en seis partidos y solamente cinco goles marcados en dos encuentros, nos dejan muy abajo en la clasificación. Tanto, que una derrota contra el Getafe podría volver a enviarnos al temido balcón del descenso y darle alas al equipo madrileño hasta ayer por debajo en la tabla. Salió bien contra Osasuna y los tres puntos nos dieron un respiro pero el tropezón en Mestalla duele por cómo se produjo. Jugar mejor que el rival y perder fastidia, aunque sea el Valencia más flojo de los últimos años.

De todas maneras me preocupa que, como dice Jiménez, los adversarios nos ganen haciendo menos que nosotros. Será un problema para el Real Zaragoza, creo yo, porque tener una mayor posesión, rematar más veces a puerta y jugar con un hombre más durante la segunda parte, nos otorgaba grandes posibilidades de puntuar en el estadio valenciano. No fueron mejor ni el Valladolid ni la Real Sociedad tampoco pero jugando muy poquito, sin apenas cansarse, aprovecharons los fallos en la defensa blanquilla y se hicieron con el botín.

Antes el problema eran las jugadas de estrategia; ahora, que no marcamos pese a generar oportunidades. El calor, el estado del terreno de juego, el horario, también jugaron según el entrenador en nuestra contra. Apoño parece que va encontrando la forma física pero Romaric ofrece muchas dudas sobre su estado. O Jiménez le diseña un programa de recuperación, o mucho me temo que tenga que operarse si padece una lesión de pubis a su vuelta de la Copa de África. Si al final, como parece, Costa de Marfil se clasifica.

Creo que sobra protección al vestuario con esto de dirigir las ruedas de prensa y declaraciones de los futbolistas por parte del “manager general” blanquillo. Como fijarles en su discurso la ”idea fuerza” de que todo va bien, que juegan mejor que los contrarios y que el triunfo llegará tarde o temprano.  O cerrar la Ciudad Deportiva a los medios de comunicación…

El caso es que otra vez estamos con la urgencia de ganar el sábado y tanta presión comienza ya a cansar a la afición. Las expectativas de relativa calma parecen difuminarse y aunque se consiga el triunfo estaremos sobre el filo de la navaja. porque después de acudir a Granada el calendario se complica y la cuesta de noviembre puede ser muy dura.

Demasiados focos de atención

Desde que se declaró el proceso concursal del Real Zaragoza como fortuito durante el parón de Liga, otros dos hechos han jalonado el antes y el después del partido frente a la Real Sociedad en Anoeta: el “caso Arnaldo” que ha dejado el movimiento de las peñas zaragocistas en una situación muy incómoda, y la dimisión de cuatro importantes integrantes de la Asociaciónde Pequeños Accionistas del Real Zaragoza. Los Laínez, Sixto Genzor y José Luis Lorés abandonan una nave donde no se encontraban desde hace tiempo cómodos por sus discrepancias con José Ángel Zalba.

Es decir que el zaragocismo organizado está en crisis y Agapito refuerza su poder desde la lejanía, buscando ganarle también el pulso a Jiménez. El técnico está lanzando constantemente mensajes al entorno de la cúpula blanquilla y será la primera víctima de la trituradora en la que se ha convertido el máximo accionista. El entrenador asume todo y cubre bajo su paraguas los errores de su plantilla sobre el terreno de juego y de la supuesta comisión deportiva que ha aprobado los fichajes de esta temporada.

Excesiva presión en este primer mes de competición donde ya estamos oliendo la ciénaga de las posiciones de descenso y comienza a devanecerse la tímida ilusión de muchos aficionados que habían creído los aires del cambio que parecía traer Fernando Molinos.

Demasiados focos de atención que no deben desviar el más importante: ganarle, como sea, a Osasuna. La Romareda merece una satisfacción y el triunfo ante los navarros supondría un doble valor al margen de los tres puntos en juego.

Movilla anima el parón

Estoy acostumbrado a sufrir el trabajo ineficaz de personas en puestos de responsabilidad, todos padecemos a tontos importantes que perjudican nuestra labor diaria. Gente puesta a dedo, pelotas, medradores que tienen mucho tiempo libre para hacer política laboral y mantener su puesto e ingresos a salvo. Ha pasado siempre y pasará, pero en el caso del fútbol la estulticia supera cualquier registro conocido.

Comenzamos la Liga a mediados de agosto, en plena ola de calor africano que ha puesto los termómetros en más de cuarenta grados en toda España. Se nos ocurre poner tres partidos a las once de la noche de un lunes, que dejó vacíos los estadios. Y eso después de la guerra de los operadores televisivos, la amenaza de huelga de los clubes desfavorecidos y la crisis que cada vez se hace más insoportable.

Y ahora, un parón futbolístico por los compromisos de las selecciones que deja con síndrome de abstinencia a los seguidores de los partidos por la televisión que se apoltronan entre los cojines de su sofá mientras consumen alcohol y devoran comida barata. No son todos porque aún existe en la mayoría el sentido común pero forman ya un clan de gente sin relaciones humanas que necesitarán de colirio para aclarar sus enrojecidos ojos.

¿No sería más fácil comenzar la Liga en septiembre, como siempre? ¿No sería más sensato ajustar al fin de semana y en horarios convencionales los partidos? Si quieren audiencias, que fijen los sábados a las diez de la noche y los domingos a las seis de la tarde los partidos del Real Madrid y del Barcelona. Pero que se dejen de domingos al mediodía y de horarios tan extraños como el de las ocho menos diez de la tarde del domingo, que es cuando tendrá que jugar el Real Zaragoza el día 16.

Una derrota no es positiva nunca, pero mucho menos cuando hay quince días sin fútbol. Mucho tiempo para que el vestuario se revuelva, se realicen declaraciones polémicas y se desate la ansiedad. Especialmente cuando ya conocemos estas agonías de comienzo de temporada y parece que la Romareda es un lugar donde cualquiera puede llevarse los tres puntos.

Menos mal que la noticia de la llegada de Movilla ha movido los corazones de los aficionados zaragocistas. Con disparidad de criterios, especulaciones sobre las maniobras de Agapito, si era lo que deseaba Jiménez o reflexiones sobre sus 37 años. Pero todos recuerdan su paso por el Real Zaragoza y asumen su profesionalidad sobre el terreno de juego. Que llegará en una forma adecuada también está fuera de duda.  Ahora consiste en que el equipo se ensamble, tenga personalidad y consiga la calma necesaria para no sufrir los sobresaltos de las últimas temporadas.

El cierzo sopló en contra

El cierzo sopló en contra   fotografía

Segundo partido en La Romareda. Otra derrota y ningún gol a favor actuando como local. Este es el bagaje antes del clásico parón provocado por los compromisos internacionales. Bien es cierto que ambos encuentros, ante el Real Valladolid y el Málaga, pudieron acabar con victoria blanquilla, tampoco las derrotas pueden calificarse como injustas.

A menudo, el centro del campo ejemplifica lo que el técnico espera de su equipo en el terreno de juego y cuáles son sus intenciones. Esta vez, obligado por la lesión de Apoño y por la inexistencia de un sustituto con características similares al malagueño, Manolo Jiménez dio la manija a Adam Pinter y José Mari, mientras Romaric sufría su pubalgia algo más adelantado. El estado físico del africano, llamado a ser uno de los puntales del once, no es digno de un titular del Real Zaragoza, pero entre lesiones y recién llegados pocas más opciones tenía el técnico andaluz. El marfileño, demostró compromiso, pero no pudo más y se guardo su sprint más intenso para salir del partido en dirección al banquillo. Espero que el club mueva ficha y no permita al jugador acudir con su selección. Lo veo venir, jugará con Costa de Marfil y se resentirá.

El Real Zaragoza no quiso el balón, consciente de que una guerra por el esférico ante el Málaga podía acabar mal. Así las cosas, Jiménez apostó, como ante los pucelanos en el debut, por defender la portería de Roberto, apoyado por Álvaro González como mariscal de la defensa, parar con faltas a los andaluces y buscar una oportunidad en el desierto. La búsqueda del 1-0, acabó con un 0-1 en contra. Y remontar para este equipo es aún una utopía.

Sin embargo, el plan estuvo cerca de salir bien. Romaric desperdició una heroica jugada por banda de Pinter, mkientras Wílchez disparó ingenuamente una gran internada de Paco Montañés. Ahí estuvo el partido. Los extremos, muy alejados del islote Postiga y sin apoyos del centro del campo, apenas tuvieron importancia en el partido. Más Montañes, quien demuestra detalles en cada balón siempre que el césped se lo permite. El césped, o la arena, porque el lamentable estado del terreno de juego deLa Romaredase asemeja más a una playa que a un campo de fútbol.

Y tuvo que ser Nacho Camacho. El canterano se libró de la marca de Pinter, Goni luchaba con Demichelis y tapó la visión del balón a Romaric, quien dudó y no atacó el esférico. Roberto vendidó y poco amante de salir por alto: gol. Un error provocado por un gran centro de Eliseu en uno de los diez corners sacados por los de Pellegrini. Veinte centros al área, solo uno se defendió mal, pero costó una derrota.

No debe magnificarse esta jugada y pensar que el mayor problema del equipo es el balón parado. Ni tampoco escudarse en la estrategia como excusa. Jugando a no encajar, dando el balón al rival, esperando acertar arriba en una de las dos oportunidades creadas en 90 minutos, encomendados a Roberto, con un césped impracticable que provoca un partido lentísimo… una derrota no se puede justificar por un balón parado. El Real Zaragoza no supo remontar el viento en contra.

Foto: El Mundo

A dos pasos de la orilla

A dos pasos de la orilla   fotografíaTras cuatro meses de regata, repletos de trabajo y sacrificio, el barco capitaneado por Manolo Jiménez avista la tierra prometida, la salvación deseada. Desde aquel partido en El Sardinero, el primero del nuevo comandante de El Arahal, plantilla y cuerpo técnico han sido capaces de no bajar los brazos, por muy adversas que fueran los condiciones, con jornadas para olvidar como aquellos desplazamientos a Málaga, San Sebastián o las oportunidades perdidas en La Romareda ante compañeros de viaje como el Rayo Vallecano. Pero el capitán del navío ha cumplido con el objetivo y el Real Zaragoza llega al tramo final con opciones de mantener la categoría acallando a aquellos -donde me incluyo- que en febrero habían perdido la esperanza en este equipo.

Pero los jugadores no son los mismos que entonces. Tanto individualmente como de forma colectiva han alcanzado su mejor nivel en este último tramo de la temporada. La garra de Postiga y Lafita, la entrega tan argentina, alocada y contagiosa de Zuculini,  el control de Micael y Apoño, la aparición inesperada de Edu Oriol, una defensa menos promiscua a los errores infantiles… y Roberto. El no ha cambiado, siempre ha estado. Viviendo en el alambre, el Real Zaragoza ha vuelto a dominar los partidos que juega como local, ha aprendido a aguantar resultados sin provocar un infarto en cada jugada -sólo los justos- y ha recuperado las ganas de competir. Gracias Manolo.

También la afición ha cambiado su forma de ver el partido. De la apatía y de la resignación con la que se contemplaba cada encuentro de la primera vuelta al grito incondicional de “Zaragoza nunca se rinde” y “Sí se puede”. La grada lleva en volandas al equipo, sufre junto a él en el campo, a través de la radio o de la televisión, con Manolo Jiménez como referente y los jugadores parte de nuestra familia. Animándoles como si fueran nuestros hermanos, sobrinos o hijos jugando en el equipo del colegio. Quizá haya que acabar agradeciendo el cobarde gesto de Agapito Iglesias de no acudir al palco de La Romareda y pedirle que, en favor del equipo, tampoco acuda al Coliseo Alfonso Pérez Muñoz.

Pero será el Racing de Santander, un club destrozado institucionalmente y ya descendido, el primero de los dos escollos. Una noche de transistores, con los ojos puestos en el campo y los oídos atentos a las noticias que lleguen desde el Sánchez Pizjuán y Los Cármenes. Las cuentas están claras: el Rayo no ha de ganar en Sevilla y el Granada no puede puntuar ante el Real Madrid. Ambos se ven las caras en la última jornada y no les valdría empatar. Michel debe dar una mínima alegría a su afición en el que quizá sea su último partido en el Sevilla tras perder ante el Betis. Por su parte, Cristiano Ronaldo quiere el Pichichi y Mourinho en San Mamés aseguró que, como equipo campeón, no han de desvirtuar la competición jugando con la vida de otros equipos.

Parecía impensable, pero el Real Zaragoza puede llegar a la última jornada dependiendo de sí mismo. Ni siquiera Amarillo Slim, el mejor apostante de todos los tiempos, se le habría ocurrido desafiar así al destino, pero la permanencia está más cerca que nunca. Cuerpo técnico, plantilla y afición, todos unidos en busca de la salvación. Se prevé un viaje masivo a Getafe, siempre y cuando el domingo salgan las cuentas, que podría superar el desplazamiento a Levante. Después de tanto remar, con la esperanza de no morir en la orilla.

Foto: RZFans

Las cuentas de la lechera

Son varias las historias que hablan sobre castillos en el aire. Una de las más famosas es la de una niña a la que se le encomendó la tarea de llevar un jarro grande de leche a su casa. Mientras volvía con su encargo iba imaginando como esa leche podría ser vendida. Con el dinero ganado se podría comprar más leche, y si la volvía a vender ganaría aún más dinero y podría comprar aún más leche. Justo antes de llegar a su casa el jarro se estrelló contra el suelo y la chiquilla se quedó sin dinero y sin leche. El Zaragoza, en una realidad algo similar a la de la niña, también lleva meses de cuentas y cavilaciones. La realidad que manda ahora es que la próxima semana se lo juega todo. La primera parada será mañana, a las 16.00 horas, ante un Athletic de Bilbao que llega embriagado por la alegría de haber llegado a la final de la Europa League tras vencer al Sporting de Lisboa después de una brillante remontada.

Para los de Manolo Jiménez se ha terminado el tiempo de las cuentas, las combinaciones y las posibilidades. Ahora solo vale ganar y esperar. Fórmula sencilla, a priori, pero complicada a la postre. El primer rival de esos tres duelos a muerte es un conjunto que viene de completar una temporada brillante. Los hombres de Marcelo Bielsa tienen en su mano hacer el deseado doblete para cualquier club con la Copa del Rey y la Europa League. El Real Zaragoza debe aprovechar esas circunstancias. Pero ahí no termina la recta final de infarto. La segunda parada, o más bien visita a La Romareda, es la del Levante. Los de José Ignacio Martínez también llegan jugándose Europa. Casi nada. Es otro equipo al que no se le puede reprochar absolutamente nada este año. Con un presupuesto de guerra y la ilusión por bandera tienen intactas sus opciones de colarse incluso en la Champions League.

Como punto final quedaría el Racing de Santander el próximo fin de semana. Según las cuentas de una lechera zaragocista los cántabros llegarían, supuestamente, descendidos. No debería haber mayores problemas, pero la confianza y dar las cosas por sentadas pueden ser muy malas bases. Así que la moraleja para este tramo final de temporada es que los blanquillos tienen que ir partido a partido, mirar al presente. Lo de después puede esperar. Requerirá concentración y  mucho esfuerzo, eso seguro, pero es más conveniente en estos momentos que el Zaragoza se centre en el ‘ahora’ y no en lo que pueda pasar. Con esa base, la salvación se tendrá que pelear hasta el último momento. Por supuesto, los resultados rivales también tendrán que acompañar, pero esas cuentas ya escapan de las manos del Real Zaragoza. Mientras tanto, la afición seguirá creyendo bajo el lema ‘Sí se puede’.

Los jueces anónimos del fútbol

Los jueces anónimos del fútbol   fotografía

Alfredo Flórez, máximo responsable del Comité de Competición

La vuelta de Manolo Jiménez a su hogar futbolístico coincide con la sanción impuesta al técnico andaluz por sus protestas a Turienzo Alvárez en el partido ante el FC Barcelona. Protestas que jamás llegaron a traducirse en insultos. Así las cosas, el de Arahal no podrá sentarse por primera vez en el banquillo visitante del Ramón Sánchez Pizjuán, convertidos desde hace unas semanas en perritos calientes por la creciente necesidad de ingresos económicos. Cualquier espacio es válido hoy en día si hay dinero de por medio. Aunque roce el ridículo.

A falta de lo que dictamine el Comité de Apelación, el entrenador del Real Zaragoza tampoco podrá ocupar su habitual sitio en La Romareda ante el Granada. Una sanción excesiva que deja de nuevo en evidencia a los órganos disciplinarios de la Liga BBVA. Según el acta arbitral, imposible de consultar ya en el portal de la RFEF que sólo permite comprobar la jornada en disputa, Turienzo expulsó a Manolo Jiménez por “estar de pie en el área técnica y protestar de forma airada una decisión arbitral”. Quiero creer que la vara de medir hubiera sido la misma con Pep Guardiola o en próximos partidos que arbitre el ofendido Turienzo Alvárez.

Además, el acta refleja que al finalizar el partido, Jiménez se dirigió al colegiado en los siguientes términos: “Creo en tu honorabilidad pero eres un rencoroso, un rencoroso”. Unas palabras que según los señores Flórez, Arnaldo y Osorio conllevan la misma sanción que insultar gravemente al colegiado de turno, la misma que agredir a un entrenador rival. En otros casos, se obviaron escupitajos a contrarios, pisotones premeditados, insultos en el túnel de vestuarios, dudas sobre la limpieza de la competición o sentadas en el vehículo del colegiado para recordar a este sus errores. Por no recordar la parcialidad con que se cerraban unos estadios y otros recibían un apercibimiento tras otro. Las comparaciones, aunque sean odiosas, dejan en evidencia a los comités. Pero ahí siguen, parapetados, casi en el anonimato, escondidos tras un PDF y un reglamento inexacto y equívoco.

Una de las mayores desfachateces de este órgano tuvo como protagonista a Álvaro Negredo, la mayor amenaza para la defensa zaragocista en el Sánchez Pizjuán. Ocurrió en mayo de 2010, en el transcurso de la última jornada liguera y pocos días antes de la final de la Copa del Rey que el Sevilla ganaría al Atlético de Madrid en el Camp Nou. El delantero fue expulsado por insultar a la madre del linier de forma escatológica. Prefiero no reproducir los insultos. Mejor dicho, no fueron insultos según el Comité de Competición, sino meras observaciones al árbitro asistente. Indulto a Negredo, expulsión convertida en tarjeta amarilla y en billete para la final. Se obviaron insultos graves en día, dos años después Manolo Jiménez o Mendilibar son sancionados con dos partidos por calificarle de “rencoroso” o por ”salir del área técnica y levantar los brazos en señal de disconformidad”, en el caso del técnico de Osasuna.

De cualquier forma, se siente donde se siente, el gran artífice de que el Real Zaragoza siga con vida será recibido como se merece en su antigua casa. Por supuesto, también en La Romareda ante el Granada, una nueva final en la lucha por la supervivencia. Y pase lo que pase a final de esta temporada, cuando Manolo Jiménez regrese al estadio de la capital aragonesa como visitante, la ovación será merecida. “Yo no soy zaragocista, pero soy un profesional”, afirmó en su presentación. Su honorabilidad, la misma que Manolo atribuyó a Turienzo, le ha erigido en el referente de la afición. Un profesional de los pies a la cabeza, un entrenador honrado, leal, trabajador, de pensamiento justo y ecuánime. Todo lo contrario que los comités que velan por el justo cumplimiento del reglamento.

Dirigentes de la RFEF o de la LFP incapaces de adelantar unas horas su única reunión semanal cuando hay competición martes, miércoles y jueves, permitiendo así jugar a futbolistas expulsados en la previa. ¿La mejor liga del mundo? En todo caso, la más opaca y desvirtuada en favor de los que más tienen, curiosamente, los que más se quejan. Quejas y lloros escuchados por estos magistrados anónimos. Jueces de la Liga alejados del fútbol y del aficionado.

Hijo adoptivo de La Romareda

Hijo adoptivo de La Romareda   fotografíaGijón, El Molinón, la penúltima final de las muchas disputadas por el Real Zaragoza en los tres últimos años. Una victoria no aporta título alguno a las vitrinas, sino la posibilidad de seguir sufriendo unas jornadas más en busca de un nuevo milagro. El más difícil todavía si echamos la vista atrás recordando aquel equipo desahuciado de La Rosaleda. Tras aquel partido, temí que Manolo Jiménez hubiera perdido toda esperanza. Preveía su dimisión después de escuchar aquellos 42 segundos. Por primera vez en mucho tiempo, una persona de dentro del club había expresado sin paños calientes y públicamente, el sentir de la afición. Nada más y nada menos que el entrenador.

Tras llegar a Zaragoza, el mister fue consciente que este no era el club que él había conocido en sus tiempos de futbolista y entrenador del Sevilla. Y después de la salida de Salvador Arenere y compañía, Manolo Jiménez se quedó solo, desconcertado, incomunicado con el club más allá de los sms de Agapito Iglesias, como ocurriera días después de la goleada encajada ante el Málaga.

Aquellos primeros coletazos de 2012 también temí su dimisión, llegar y escapar al estilo Jabo Irureta, pero no ocurrió así a pesar de varias promesas incumplidas. Como tampoco al finalizar el mercado invernal de fichajes sin que llegara ninguna de sus peticiones excepto Apoño. Pero como le gusta decir: “sólo las ratas abandonan el barco cuando ven que se hunde”, y el Real Zaragoza era un barco a la deriva encallado en el último puesto de la tabla clasificatoria. Decidió continuar, no rendirse y hay que agradecérselo.

A pesar de todos estos condicionantes, de las dudas consecuentes de trabajar un entorno caótico, Manolo Jiménez ha conseguido despojar a los futbolistas del terror que les infundía saltar al césped. Su trabajo psicológico, pero también el físico y el táctico fructifican en resultados y en un equipo más sólido que cree en la victoria a pesar de sus limitaciones. Pero además, el de Arahal se ha convertido en el referente del zaragocismo, el último en llegar es el primero en el que confía una afición que se ha identificado con su forma de trabajar, su profesionalidad, su honradez y su sinceridad.

Cuestionado esta semana acerca de la figura de Agapito Iglesias respondía: “cuando acabe la Liga, que el público dicte sentencia”. No habrá que esperar tanto para calificar a Manolo Jiménez como hijo adoptivo de La Romareda. El reflejo del aficionado está en el banquillo. Una lástima que haya coincidido en el tiempo con el club más caótico que se recuerda. Pero gracias a él, ha recuperado cierta normalidad y, lo más importante, la esperanza de conseguir el título de la permanencia.

Imagen: Marca.com