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Todos los hombres del entrenador

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Llegó la hora de los futbolistas. Atrás queda un verano marcado por la continuidad de Manolo Jiménez, por el paso atrás de Agapito Iglesias y por la enésima renovación de la plantilla.  El objetivo no es otro que la permanencia en Primera División, pero además, la afición reclama no sufrir cada fin de semana, comparecer en las últimas jornadas con los deberes hechos y así evitar la revalida del examen definitivo. Con la tranquilidad del objetivo cumplido podría alcanzarse el fin último, un proyecto a largo plazo basado en jugadores jóvenes, con futuro y en propiedad. Todo por revivir algún día al Real Zaragoza que rugió por España y Europa. Estos son los futbolistas por los que pasan las ilusiones de la afición blanquilla.

El garrote de Damocles

El vecino ha dejado de gritar, y eso siempre es una bendición. Hace un rato que ha concluido el partido de vuelta de la Supercopa, y los petardos y algún bocinazo solitario han dado paso, poco a poco, a un silencio cómodo. El calor comienza a diluirse y es buen momento para buscar refugio en la red antes de entregarse al sueño.

Error. De novato, y de iluso. Todo se encuentra avasallado por el post-partido, y no hay red social que no luzca los galones más estúpidos de estos encuentros. Quites y embestidas mil veces releídas y escuchadas vuelven a invadir la pantalla, y ni siquiera llegan a molestar por su contenido. Es una cuestión de aburrimiento, de pereza, esa sobremesa sin siesta en la que te plantas ante el televisor y lo mejor que puedes encontrar -y ya es decir- es, madre mía, de nuevo Pretty Woman.

Pero nadie está libre de pecado, y no veo piedras por aquí, de modo que aprovecho las sensaciones balompédicas para dejarme llevar hacia el escudo propio.

El Real Zaragoza inicia otra campaña en Primera División. Milagrosamente, podrán afirmar algunos, los que todavía no lucen una medallita de San Manolo. Puede ser, pero ahí está. Y con él, el zaragocismo, tribu escéptica  y rocosa que ansía ser engañada como principal paradoja existencial. Que la mimen, aunque sólo sea con promesas vacías, para al menos disfrutar de un momento de esperanza antes del siguiente garrotazo. Que siempre llega. Aunque ahora, por lo menos, nos llevamos por delante el saber que no será culpa del entrenador. No es poca cosa.

Ahora nos encontramos en un equilibrio complejo, mientras contemplamos las luces y los cohetes de esa otra liga -tan cerca, tan lejos-, entretenida en trofeos introductorios. Habitual en este equipo. Nos hemos cargado de jóvenes con posibilidades, con mucho que ganar. Y eso ilusiona a la parroquia. La posibilidad de un diamante en bruto siempre está ahí, y es éste un equipo donde no es un hecho inusual. Pero, ay, esa copa de vino joven requiere un maridaje fuerte. Esas posiciones clave que deberían haber sido reforzadas con jugadores de carácter y experiencia han quedado abandonadas a su suerte, la voz de Manolo está siendo desatendida, y los jóvenes reclutas carecen de sargentos que los lleven sanos y salvos hasta las trincheras del próximo verano.

Y, pese a la llegada de Babovic (que, pese a las buenas referencias de compatriotas y la solera razonable que se presupone a los apellidos con esa rima, es una incógnita), da la sensación de que necesitamos un par de apariciones más. Una, como escandaloso mínimo. Tres, como recurso razonable, y conociendo la situación de necesidad en que nos encontramos. Que, hasta ahora, no ha sido mal gestionada, eso lo reconozco.

Hasta ahora los jóvenes están salvando razonablemente los muebles sin haber transcurrido jornadas ni tiempo para hacer cálculos correctos, y sabiendo que estamos inmersos en una competición con las raíces podridas. Pero todos sabemos que necesitamos algo más si no queremos volver, como decíamos antes, a nuestro estado natural: el garrotazo.

Veremos.

¿Y este año qué?

¿Y este año qué?   fotografía

Se denota obligatorio vaticinar el devenir del Real Zaragoza en una Liga de la que solo se han visto ciento ochenta minutos. Quizá se deba a las ansias de la afición por llegar a la última jornada. Sin amagos de infarto, sin disputar finales que no reportan títulos a las vitrinas y sin la necesidad de invadir pacíficamente una ciudad para asegurar la permanencia. ¡Qué acabe ya! Pero esto no ha hecho más que empezar.

Las prisas no son buenas consejeras, tampoco a la hora de analizar lo que puede dar de sí esta temporada. Menos aún si se trata del Real Zaragoza de los últimos años, acostumbrado a vaivenes y giros inesperados. La ilusión de consolidar el ‘Proyecto Jiménez’ choca de bruces frente a la experiencia de lo ocurrido los últimos años, a la incredulidad que suscita el paso atrás de Agapito Iglesias, más cómodo en la sombra que en el sillón que dejó vacío la pasada temporada y hoy ocupado por el vicepresidente del RCD Español los últimos años. Insólito.

Manolo Jiménez pretende evitar el mismo camino que siguieron en su día Marcelino, Gay y Aguirre. Para ello, el andaluz echó un pulso este verano al máximo accionista y se erigió en manager al más puro estilo Premier League. Entrenador, director deportivo, portavoz y estandarte de un club que busca empezar de cero, renacer de las cenizas a las que estuvo a punto de verse minimizado. Pero vuelven las prisas, como si nada hubiera cambiado en la entidad en estos meses estivales toca apurar el mercado de fichajes con el riesgo que esto conlleva. “Un central, un lateral derecho y un medio centro”, ha demandado el técnico andaluz desde hace semanas. Quién ha llegado ha sido Babovic, media punta y una incógnita más.

Ya sobre el césped, el fantasma de los últimos años no tardó en reaparecer durante el debut de madrugada ante el Real Valladolid. También se oyeron sus cadenas durante el descanso en Cornellá, pero amablemente se evaporó tras el gol de Postiga. Parecía el encuentro de vuelta del Memorial Carlos Lapetra, un partido sin tensión por ambas partes, impropio de una Liga ya empezada, similar en cuanto a sensaciones al de la primera jornada en La Romareda. Uno se ganó y otro se perdió, pero bien podría haber sido al revés, incluso se pudieron empatar los dos.

Una derrota no hubiera sido ni mucho menos definitiva, más allá de las voces agoreras que habrían surgido vaticinando un descenso inevitable. Sin embargo, la remontada del pasado sábado proporcionará tranquilidad a una plantilla que necesita tiempo, tanto en el campo como en los despachos. Tiempo para asimilar el estilo de juego que quiere implantar Jiménez, para convencer a Coke y a Squillaci, las dos peticiones más firmes del entrenador. Tiempo para comprobar la evolución de Montañés y Javi Álamo, la adaptación de José Mari a Primera División en una posición fundamental, el ancla que sujeta al resto, para recuperar a Romaric, o para buscar el mejor equipo posible a Porcar o a Laguardia.

Algunas dudas se resolverán esta semana, la noche mágica del 31 de agosto, otras incógnitas jornada a jornada. Pero Manolo Jiménez se ganó la confianza del zaragocismo el pasado año cuando no se intuía una solución, se la sigue ganando día a día, frase a frase, demostrando honradez y sinceridad en cada declaración. ¿Y este año qué? No lo se, sólo confío en Manolo y en que la historia no se repita una temporada más.

Foto: vavel.com