Tag Archives: manolo jiménez

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografíaPartamos de la base de lo injusto de las comparaciones. Sin embargo, la aparición de José Mari y de Víctor Rodríguez en La Romareda recuerda a la de esos dos imberbes chavales que en doce meses pasaron de jugar en el campo del Barbastro a ser titulares el día de mayor gloria de la historia del fútbol español. No sólo no han notado el salto, tras lo visto ante Osasuna, tienen la posibilidad de convertirse en imprescindibles.

Por supuesto, hay distancias insalvables en ambos cuentos. La diferente repercusión de ambos clubes es obvia, también los objetivos, pero no el contexto que ha enmarcado sus primeras apariciones en Primera División.

Aquel Barcelona de Guardiola debía soportar la presión del declive de los Rijkaard, Ronaldinho, Deco… y los inicios no fueron fáciles. Por aquel entonces, a todos sorprendió que Pep diera el mando en puestos claves del equipo a dos desconocidos. El extremo para Pedrito, aún no era Pedro, quien debía abrir al equipo y desbordar a su lateral. El medio centro, el Guardiola del Pep entrenador, para el hijo de Carles Busquets. Aún no era Sergio.

Este verano, Manolo Jiménez apostó por mantener el 4-3-3 que salvó al equipo la pasada campaña. El Real Zaragoza, La Romareda, es un marco exigente, poco apto a ser paciente con los más jóvenes. Tras los apuros pasados los últimos años y tantos fichajes infructuosos, a los nuevos se les mira con lupa.

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografía

El mercado se cerró sin el medio centro demandado por Jiménez. Le faltaba ese 5 clásico que tapara cada agujero y apoyara a sus compañeros en la salida de balón. Tenía un as bajo la manga. Procedente del Jaén, según el club para reforzar el filial, José Mari se ganó desde un principio la confianza del técnico. Y  tras cinco jornadas, también la de La Romareda.

En cambio, tras la baja de Lafita o Luís García, hasta cuatro jugadores llegaron para sumarse a Edu Oriol y competir para ocupar los extremos. Amante de utilizar futbolistas a banda cambiada, el técnico ha otorgado la vitola de titular a Montañés en la izquierda. En la derecha, Oriol no acaba de convencer al míster, mientras Javi Álamo y Wílchez siguen siendo incógnitas por resolver. Cada entrenamiento en la Ciudad Deportiva, un recién llegado de Badalona gracias a Ánder Garitano, demostraba que tenía hueco en el once. Y Manolo Jiménez apostó por Víctor Rodríguez, quien volvió loco a Nano hasta que Mendilibar cambió al lateral osasunista.

Busquets y Pedrito; José Mari y Víctor Rodríguez   fotografía

En la misma posición que Busquets y Pedro se consagraron hasta ser campeones de todo, José Mari y Víctor comienzan a hacerse un nombre en Primera División. Futbolistas que La Romareda puede disfrutar durante muchos años. Como decía hoy Movilla: “Los que llegan nuevos al Real Zaragoza tienen que desear estas muchos años aquí y no con la idea de que sea un trampolín e irse pronto”. Démosles la posibilidad de crecer. El futuro es suyo y han demostrado estar preparados. Que lo aprovechen. Que lo disfrutemos. Por mucho tiempo.

Fotografías: El Periódico de Aragón, Los Blanquillos, Vavel

Todos los hombres del entrenador

Todos los hombres del entrenador   fotografía

Llegó la hora de los futbolistas. Atrás queda un verano marcado por la continuidad de Manolo Jiménez, por el paso atrás de Agapito Iglesias y por la enésima renovación de la plantilla.  El objetivo no es otro que la permanencia en Primera División, pero además, la afición reclama no sufrir cada fin de semana, comparecer en las últimas jornadas con los deberes hechos y así evitar la revalida del examen definitivo. Con la tranquilidad del objetivo cumplido podría alcanzarse el fin último, un proyecto a largo plazo basado en jugadores jóvenes, con futuro y en propiedad. Todo por revivir algún día al Real Zaragoza que rugió por España y Europa. Estos son los futbolistas por los que pasan las ilusiones de la afición blanquilla.

Una historia ya contada

Obviando nombres propios, podría acogerme a la táctica universitaria denominada ‘copiar & pegar’  y repetir la misma crónica que hace dos semanas. Como ocurriera ante el Málaga, el centro del campo que alineó Manolo Jiménez en Anoeta dejó claras las intenciones del equipo en la primera parte. Una decisión quizá marcada por el estado físico de Apoño y de Movilla, quizá entendible al actuar como visitante, pero tan poco efectiva como inofensiva y aburrida para el espectador neutral. El plan: aguantar el 0-0 hasta el minuto 70, dar entrada a Apoño e ir a buscar el partido. Pero una vez más, la estrategia aguó el plan previsto.

Una historia ya contada   fotografía

Sólo Babovic, zurdo cerrado, talentoso y disperso, parecía salirse del guión mientras Postiga luchaba y se indignaba en su isla particular en busca de encontrar milagrosamente el tesoro del gol. De las bandas, Oriol y Montañés, aún no hay noticias. Sin embargo, salvo un error que Roberto se encargó de solucionar, el Real Zaragoza sobrevivió hasta el descanso, en parte gracias a la imprecisión dela Real Sociedad en su fase de creación.

Tras la reanudación, apareció el fantasma que Manolo Jiménez no consigue ahuyentar del club blanquillo y que, como recordaba Chema Erre Bravo, tampoco logró en Sevilla. Pero más allá del enésimo gol de estas características, mi preocupación se agrandó al escuchar al míster reconocer el haber probado infinidad de sistemas defensivos para este tipo de jugadas. Intuyo dudas, inquietud y ansiedad cuando quizá el mejor remedio para combatir estos errores sea la tranquilidad, la paciencia y el convencimiento a la hora de optar por una única forma de blindar la portería de Roberto del balón parado, con los ajustes necesarios dependiendo del rival de turno.

 

The video cannot be shown at the moment. Please try again later.

¿Qué ocurrió en ese minuto 55? El cuento maldito lo comienza la pierna izquierda de Carlos Vela. El centro es perfecto, fuerte, plano y con la rosca ideal, el córner soñado por los delanteros. Roberto, sospechoso habitual en este tipo de jugadas, su punto débil que le martirizó en Lisboa, esta vez no tiene tiempo de salir en busca del balón colgado. Seis defensores en el área más el portero, cuatro atacantes de la Real Sociedad, Postiga y José Mari son los hombres libres que han de ayudar en los marcajes y atacar el balón.

La obsesión del primer palo, ahí se falló ante el Málaga, provoca que Jiménez coloqué al andaluz liberado para despejar un posible saque corto. En cambio, el portugués se incrusta en el centro. He ahí una de las claves, Postiga llegaba para peinar el esférico, pero su falta de centímetros y de aptitudes defensivas conllevarán que ante el miedo de rozar la bola y crear una segunda jugada inesperada decida dejar vía libre al balón. Escribiendo supuestos que carecen de validez científica, José Mari posee mayor altura y rigor para ocupar ese lugar y así haber despejado el esférico.

Además, Jiménez aludió a la falta de “especialistas” en la rueda de prensa posterior. Desconociendo si existen expertos en este tipo de jugadas defensivas, quiero entender que el mister quiso referirse a la falta de centímetros del equipo. Sapunaru con Agirretxe, Álvaro junto a Mikel González, Paredes cubre a Griezmann, quién se ocupará entonces de Iñigo Martínez se preguntaría el cuerpo técnico. Tendrá que ser Zuculini, dijo aquel.

Una historia ya contada   fotografía

Intenso en la marca, el argentino era la opción más natural –una vez excluido José Mari para liberarlo- pero se conformó una pareja de baile claramente descompensada, no tanto por la altura sino por la potencia de salto y costumbre de disputar el juego aéreo. Álvaro acudió a la ayuda, sin fe, y de nada sirvió. Y en ese momento acabó el partido, ya que por el momento, este equipo tiene nula capacidad de reacción. El cruce de cables de Paredes, cometiendo un penalti impropio y ridículo que denotó nerviosismo, tan claro que Iglesias Villanueva se avergonzó de mostrarle la segunda cartulina amarilla, fue lo único reseñable del resto del encuentro.

En el deporte de élite no está bien visto lo de beber, por lo que toca trabajar para olvidar esta derrota y sobreponerse ante Osasuna. Si las circunstancias lo permiten, Manolo Jiménez tendrá a su disposición y en perfectas condiciones a todos sus centrocampistas. Llega el momento de elegir y de comprobar si este equipo es capaz de salir a mandar el partido desde el primer minuto. Hay mimbres para no pasar los apuros de antaño, para evitar la misma historia y caer ya en septiembre en un estado de ansiedad que sería muy perjudicial para esta plantilla. Paciencia y confianza.

Fotografías: JOSUME MARTÍNEZ DE ALBÉNIZ

El garrote de Damocles

El vecino ha dejado de gritar, y eso siempre es una bendición. Hace un rato que ha concluido el partido de vuelta de la Supercopa, y los petardos y algún bocinazo solitario han dado paso, poco a poco, a un silencio cómodo. El calor comienza a diluirse y es buen momento para buscar refugio en la red antes de entregarse al sueño.

Error. De novato, y de iluso. Todo se encuentra avasallado por el post-partido, y no hay red social que no luzca los galones más estúpidos de estos encuentros. Quites y embestidas mil veces releídas y escuchadas vuelven a invadir la pantalla, y ni siquiera llegan a molestar por su contenido. Es una cuestión de aburrimiento, de pereza, esa sobremesa sin siesta en la que te plantas ante el televisor y lo mejor que puedes encontrar -y ya es decir- es, madre mía, de nuevo Pretty Woman.

Pero nadie está libre de pecado, y no veo piedras por aquí, de modo que aprovecho las sensaciones balompédicas para dejarme llevar hacia el escudo propio.

El Real Zaragoza inicia otra campaña en Primera División. Milagrosamente, podrán afirmar algunos, los que todavía no lucen una medallita de San Manolo. Puede ser, pero ahí está. Y con él, el zaragocismo, tribu escéptica  y rocosa que ansía ser engañada como principal paradoja existencial. Que la mimen, aunque sólo sea con promesas vacías, para al menos disfrutar de un momento de esperanza antes del siguiente garrotazo. Que siempre llega. Aunque ahora, por lo menos, nos llevamos por delante el saber que no será culpa del entrenador. No es poca cosa.

Ahora nos encontramos en un equilibrio complejo, mientras contemplamos las luces y los cohetes de esa otra liga -tan cerca, tan lejos-, entretenida en trofeos introductorios. Habitual en este equipo. Nos hemos cargado de jóvenes con posibilidades, con mucho que ganar. Y eso ilusiona a la parroquia. La posibilidad de un diamante en bruto siempre está ahí, y es éste un equipo donde no es un hecho inusual. Pero, ay, esa copa de vino joven requiere un maridaje fuerte. Esas posiciones clave que deberían haber sido reforzadas con jugadores de carácter y experiencia han quedado abandonadas a su suerte, la voz de Manolo está siendo desatendida, y los jóvenes reclutas carecen de sargentos que los lleven sanos y salvos hasta las trincheras del próximo verano.

Y, pese a la llegada de Babovic (que, pese a las buenas referencias de compatriotas y la solera razonable que se presupone a los apellidos con esa rima, es una incógnita), da la sensación de que necesitamos un par de apariciones más. Una, como escandaloso mínimo. Tres, como recurso razonable, y conociendo la situación de necesidad en que nos encontramos. Que, hasta ahora, no ha sido mal gestionada, eso lo reconozco.

Hasta ahora los jóvenes están salvando razonablemente los muebles sin haber transcurrido jornadas ni tiempo para hacer cálculos correctos, y sabiendo que estamos inmersos en una competición con las raíces podridas. Pero todos sabemos que necesitamos algo más si no queremos volver, como decíamos antes, a nuestro estado natural: el garrotazo.

Veremos.

¿Y este año qué?

¿Y este año qué?   fotografía

Se denota obligatorio vaticinar el devenir del Real Zaragoza en una Liga de la que solo se han visto ciento ochenta minutos. Quizá se deba a las ansias de la afición por llegar a la última jornada. Sin amagos de infarto, sin disputar finales que no reportan títulos a las vitrinas y sin la necesidad de invadir pacíficamente una ciudad para asegurar la permanencia. ¡Qué acabe ya! Pero esto no ha hecho más que empezar.

Las prisas no son buenas consejeras, tampoco a la hora de analizar lo que puede dar de sí esta temporada. Menos aún si se trata del Real Zaragoza de los últimos años, acostumbrado a vaivenes y giros inesperados. La ilusión de consolidar el ‘Proyecto Jiménez’ choca de bruces frente a la experiencia de lo ocurrido los últimos años, a la incredulidad que suscita el paso atrás de Agapito Iglesias, más cómodo en la sombra que en el sillón que dejó vacío la pasada temporada y hoy ocupado por el vicepresidente del RCD Español los últimos años. Insólito.

Manolo Jiménez pretende evitar el mismo camino que siguieron en su día Marcelino, Gay y Aguirre. Para ello, el andaluz echó un pulso este verano al máximo accionista y se erigió en manager al más puro estilo Premier League. Entrenador, director deportivo, portavoz y estandarte de un club que busca empezar de cero, renacer de las cenizas a las que estuvo a punto de verse minimizado. Pero vuelven las prisas, como si nada hubiera cambiado en la entidad en estos meses estivales toca apurar el mercado de fichajes con el riesgo que esto conlleva. “Un central, un lateral derecho y un medio centro”, ha demandado el técnico andaluz desde hace semanas. Quién ha llegado ha sido Babovic, media punta y una incógnita más.

Ya sobre el césped, el fantasma de los últimos años no tardó en reaparecer durante el debut de madrugada ante el Real Valladolid. También se oyeron sus cadenas durante el descanso en Cornellá, pero amablemente se evaporó tras el gol de Postiga. Parecía el encuentro de vuelta del Memorial Carlos Lapetra, un partido sin tensión por ambas partes, impropio de una Liga ya empezada, similar en cuanto a sensaciones al de la primera jornada en La Romareda. Uno se ganó y otro se perdió, pero bien podría haber sido al revés, incluso se pudieron empatar los dos.

Una derrota no hubiera sido ni mucho menos definitiva, más allá de las voces agoreras que habrían surgido vaticinando un descenso inevitable. Sin embargo, la remontada del pasado sábado proporcionará tranquilidad a una plantilla que necesita tiempo, tanto en el campo como en los despachos. Tiempo para asimilar el estilo de juego que quiere implantar Jiménez, para convencer a Coke y a Squillaci, las dos peticiones más firmes del entrenador. Tiempo para comprobar la evolución de Montañés y Javi Álamo, la adaptación de José Mari a Primera División en una posición fundamental, el ancla que sujeta al resto, para recuperar a Romaric, o para buscar el mejor equipo posible a Porcar o a Laguardia.

Algunas dudas se resolverán esta semana, la noche mágica del 31 de agosto, otras incógnitas jornada a jornada. Pero Manolo Jiménez se ganó la confianza del zaragocismo el pasado año cuando no se intuía una solución, se la sigue ganando día a día, frase a frase, demostrando honradez y sinceridad en cada declaración. ¿Y este año qué? No lo se, sólo confío en Manolo y en que la historia no se repita una temporada más.

Foto: vavel.com

Una nueva final

Una nueva final   fotografíaNo acabó todo con el triunfo ante el Getafe. Se aseguró la permanencia, se evitó un descenso que  parte de la afición ya había asumido, aunque nadie conocía a ciencia cierta lo que podría haber significado para el futuro económico del club. Tras mantenerse en Primera División, el Real Zaragoza tiene ante sí la posibilidad de romper con un ciclo de cuatro años nefastos, repleto de sinsentidos protagonizados por el máximo accionista y que han acabado en un ascenso y tres salvaciones milagrosas. Manolo Jiménez es la esperanza, la piedra angular de un proyecto ideal, y por una vez, que el paso atrás de Agapito Iglesias sea de verdad. Sin mentiras, sin falsas promesas, incluso sin comunicados en la web oficial del club.

El técnico andaluz ha puesto sobre la mesa las condiciones y si se cumplen firmará el contrato. Pero es consciente de lo que ocurrió con sus antecesores. Primero fue Marcelino García Toral, después la dupla formada por José Aurelio Gay y Nayim, y tras elllos Javier Aguirre, quienes acabaron devorados por el torbellino de inestabilidad en el que vivía el equipo. Eso quiere evitar Manolo Jiménez al reclamar el control total de la parcela deportiva. Hace unos días, Jiménez aseguraba que “el dinero no sería un problema”, mientras que en su última aparición pública se mostraba más tajante afirmando que renovar con esas condiciones “traicionaría al club y a la afición”.

No es posible vaticinar lo que está por venir, cuál será la decisión de Agapito Iglesias y cuánto tardará en pensar lo contrario. Manolo Jiménez ha puesto las cartas sobre la mesa, aceptando la confianza que la afición de La Romareda le ha trasladado durante estos meses. El clavo al que se aferra el zaragocismo. Las finales que ha disputado el Real Zaragoza en este lustro son incontables, pero quizá este sea el partido más complicado, el más trascendental. El fin de un ciclo.

 Foto: Carlos Muñoz

Después del milagro imposible

Ya se terminan los calificativos de la afición para lo que el Real Zaragoza logró hace casi una semana. En un ambiente envidiable en Getafe, el equipo comandado por Manolo Jiménez ponía la puntilla final a una salvación por la que nadie daba un céntimo. Pero ahora la vida sigue. El espectáculo debe continuar, como decía la canción. Es momento de planificación, de reestructura, de renovaciones, de salidas, de nuevas llegadas. El mercado de fichajes está a la vuelta de la esquina y el club blanquillo debe afanarse en trabajar lo mejor posible, por muy difícil que le parezca a toda la afición viendo los precedentes, para no cometer los errores del pasado. Todos esperan, de una vez por todas, que el año que viene sea, después de mucho tiempo, tranquilo y sin sobresaltos.

La primera piedra del futuro a corto plazo es Manolo Jiménez. Para que este equipo siga por el buen camino parece que su continuidad debe ser obligada. Pero él ya lo anticipó en rueda de prensa esta semana. No debe ser a cualquier precio. Habrá condiciones. De esas condiciones se ha especulado mucho. Lo que parece claro, en un principio, es que después de que Jiménez lograse el milagro de la permanencia puede pedir todo y más. Lo más significativo de sus condiciones es la red de ojeadores que quiere detrás. Algo impensable viendo la gestión que han realizado esa red y los directivos en las últimas temporadas. Marco Pérez, Antonio Tomás, Juárez, Fernando Meira, Sinama Pongolle o Paulo Da Silva –este último con contrato en vigor y al que se quiere renovar- son algunos de sus últimos fiascos.

Otro punto en el que se debe trabajar es el centro del campo. Ni Zuculini, ni Apoño, ni Ruben Micael, ni Dujmovic tienen contrato con el Zaragoza. Con la futurible marcha, salvo gestiones, de estos jugadores solamente Pintér sería el que permaneciera en el centro del campo. Del mismo modo, el futuro de Postiga está en el aire, igual que el de Roberto. Paredes, que termina contrato, podría ampliarlo. Lo que queda claro es que en las próximas semanas se va a suceder una vorágine de nombres, de idas y venidas y de movimientos en un club que, por sí solo, ya es noticia todos los días. Después del milagro, la vida sigue. Toca trabajar en las oficinas.

El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

La memoria frágil

La memoria frágil   fotografíaSi hace unos meses nos hubieran dicho que en la última jornada de liga el Real Zaragoza iba a depender de sí mismo para salvarse muchos nos hubiésemos quedado con una cara de incredulidad absoluta. Y sería normal. Esta temporada hemos visto hacer al cuadro blanquillo un fútbol que es digno merecedor de estar catalogado como uno de los peores que se le recuerda, dando una imagen de impotencia absoluta que daba una señal casi inequívoca de que este año el milagro de la salvación no se podría dar.  Pero lo que tienen las temporadas es que son muy largas y lo bueno del fútbol es que te da la oportunidad de hacerte un lavado de cara total si aciertas con la pieza adecuada. Y esta temporada sin duda la pieza adecuada ha sido Manolo Jiménez. Tras su llegada, el Real Zaragoza ha comenzado una remontada que tiene pintas de ser histórica si el equipo logra mantener la categoría tras el pitido final en Getafe. Pero parece que esto no les ha gustado a todos. El Granada se ha levantado en armas haciendo unas declaraciones por parte de sus mandatarios que ponen en duda la limpieza del Real Zaragoza y que esta racha de buenos resultados se deba sólo a méritos deportivos.

Quique Pina, presidente del Granada, dijo ayer que no creía en la limpieza de la competición. Su director deportivo dijo días atrás que los últimos resultados que el Real Zaragoza había estado cosechando eran cuanto menos sospechosos. Entendamos por últimos resultados los obtenidos en los últimos diez partidos: Siete victorias ante Valencia, Atlético, Sporting, Granada, Athletic, Levante y Racing; y tres derrotas ante Barça, Sevilla y Mallorca. No sé hasta qué punto se pueden dejar ganar equipos como Valencia, Atlético, Athletic o Levante que se están jugando nada más y nada menos entrar en Europa. Lo mismo pasa con el Sporting con el descenso, evidentemente al Granada no lo incluimos en estas suposiciones y vencer a un Racing ya descendido es algo que se puede catalogar como normal. Como también se puede hacer con las derrotas ante el Barça y el Sevilla, sin embargo, es curioso que un rival que en teoría no se jugaba nada como el Mallorca no le concediese al Real Zaragoza ninguna posibilidad de victoria.

Es fácil acusar sin pruebas. Es fácil atribuir una racha magnífica de buenos resultados a unos presuntos amaños, como también lo es decir que se ha perdido frente al Real Madrid, vigente campeón de Liga, únicamente porque el árbitro es de Zaragoza. Que el penalti sea más grande que una catedral no interesa, que el segundo gol se lo metan ellos mismos, tampoco. Aquí nadie dijo nada cuando seleccionaron un árbitro andaluz para arbitrar el partido contra el Racing, no somos así. No estamos acostumbrados a echar bilis por cosas banales ni a crear conspiraciones para intentar conseguir fuera del campo lo que no se consigue dentro de él. Porque sólo creemos en el fútbol, porque lo que rodea al Real Zaragoza fuera de él lamentablemente huele a podrido y porque es el fútbol lo que nos recuerda lo que hemos ganado y lo que hemos sido.

Y señor Pina, por favor, que no sea usted el que nos diga que no cree en la limpieza de la competición. Porque ya lo sabemos de sobra. No hay que ser muy perspicaz para verlo, teniendo en cuenta que entre el segundo y el tercero hay casi treinta puntos de diferencia. Es así por gente como usted, gente que sólo ve el fútbol como un negocio, que lo utiliza únicamente para alimentar por detrás a sus empresas lucrándose gracias al aficionado que paga anualmente su abono de temporada con la ilusión que el fútbol sólo fuese lo que decidiesen los veintidós futbolistas que cada semana disputan un partido. Sin embargo, cosas como ver que usted es presidente del Granada, representante del Udinese y director deportivo del Cádiz al mismo tiempo nos devuelven a la cruda realidad. Y tampoco hable usted de árbitros, parece que tiene la memoria frágil ¿O no se acuerda del gol legal del Elche que fue anulado en el partido de vuelta de la promoción y por lo cual está el Granada hoy en Primera División?

El penúltimo aliento

Nueve de la noche. El Real Zaragoza tendrá la penúltima bala de permanecer en primera. Está obligado a gastarla bien. A no derrocharla. Ya no es momento de hablar de oportunidades, ni de calendarios, ni de posibles carambolas en cuanto a resultados. Es momento de centrarse en la historia reciente de este club. Para ello es importante ir paso a paso en todo lo que ha sucedido en escasas semanas. En primer lugar hay que recordar lo que todo el mundo ha visto y contemplado boquiabierto. Un Zaragoza de segunda, con un abismo de puntos que recortar hacia la salvación, resurgió de sus cenizas. Un muerto, a medio enterrar, apartó con sus manos la arena de la fosa y pelea por volver a respirar en Primera. Manolo Jiménez fue quien le tendió ambas manos y ahora todos pelean por pisar terreno firme de nuevo. Para ello hay que escalar unos centímetros más esta noche.

Lo segundo, y más llamativo aún que lo primero, es la reacción de toda una afición. Siempre se ha dicho que la afición del Zaragoza es volátil, cambiante y que solamente rema cuando las cosas se colocan de cara. Bien, esta vez han callado multitud de bocas. La mía la primera. Cuando peor estaban las cosas, hasta el más pesimista del lugar fue a La Romareda. A increpar a Agapito y, sobre todo, a dar su aliento a un equipo necesitadísimo del mismo. El resultado funcionó. Gracias a las gargantas blanquillas el equipo aragonés llega con opciones a la penúltima jornada. De consumarse el descenso a final de Liga no todo quedará relegado a Segunda División. La afición seguirá siendo de Primera. Prueba de ello es que esta tarde el estadio estará lleno hasta la bandera. A rebosar. Eso el año pasado no sucedió.

Por último, sigamos hablando de historia. Un dato para el optimismo es que si el Zaragoza gana esta noche, a partir de las 21.00 horas, al Racing de Santander estará con sus opciones vivas de permanecer en Primera siempre y cuando no ganen a la vez el Villarreal, el Granada y el Rayo Vallecano. Si, lanzando ya las campanas al vuelo, el equipo lograse salvarse en Getafe el mérito sería doble. Con una diferencia tan brutal de puntos ningún equipo, al menos del Zaragoza, logró salvarse antes con unos datos tan adversos. Confiemos. Alentemos. Gritemos. Zaragoza no se rinde. Sí se puede. Sí se puede. ¡Sí se puede!