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A dos pasos de la orilla

A dos pasos de la orilla   fotografíaTras cuatro meses de regata, repletos de trabajo y sacrificio, el barco capitaneado por Manolo Jiménez avista la tierra prometida, la salvación deseada. Desde aquel partido en El Sardinero, el primero del nuevo comandante de El Arahal, plantilla y cuerpo técnico han sido capaces de no bajar los brazos, por muy adversas que fueran los condiciones, con jornadas para olvidar como aquellos desplazamientos a Málaga, San Sebastián o las oportunidades perdidas en La Romareda ante compañeros de viaje como el Rayo Vallecano. Pero el capitán del navío ha cumplido con el objetivo y el Real Zaragoza llega al tramo final con opciones de mantener la categoría acallando a aquellos -donde me incluyo- que en febrero habían perdido la esperanza en este equipo.

Pero los jugadores no son los mismos que entonces. Tanto individualmente como de forma colectiva han alcanzado su mejor nivel en este último tramo de la temporada. La garra de Postiga y Lafita, la entrega tan argentina, alocada y contagiosa de Zuculini,  el control de Micael y Apoño, la aparición inesperada de Edu Oriol, una defensa menos promiscua a los errores infantiles… y Roberto. El no ha cambiado, siempre ha estado. Viviendo en el alambre, el Real Zaragoza ha vuelto a dominar los partidos que juega como local, ha aprendido a aguantar resultados sin provocar un infarto en cada jugada -sólo los justos- y ha recuperado las ganas de competir. Gracias Manolo.

También la afición ha cambiado su forma de ver el partido. De la apatía y de la resignación con la que se contemplaba cada encuentro de la primera vuelta al grito incondicional de “Zaragoza nunca se rinde” y “Sí se puede”. La grada lleva en volandas al equipo, sufre junto a él en el campo, a través de la radio o de la televisión, con Manolo Jiménez como referente y los jugadores parte de nuestra familia. Animándoles como si fueran nuestros hermanos, sobrinos o hijos jugando en el equipo del colegio. Quizá haya que acabar agradeciendo el cobarde gesto de Agapito Iglesias de no acudir al palco de La Romareda y pedirle que, en favor del equipo, tampoco acuda al Coliseo Alfonso Pérez Muñoz.

Pero será el Racing de Santander, un club destrozado institucionalmente y ya descendido, el primero de los dos escollos. Una noche de transistores, con los ojos puestos en el campo y los oídos atentos a las noticias que lleguen desde el Sánchez Pizjuán y Los Cármenes. Las cuentas están claras: el Rayo no ha de ganar en Sevilla y el Granada no puede puntuar ante el Real Madrid. Ambos se ven las caras en la última jornada y no les valdría empatar. Michel debe dar una mínima alegría a su afición en el que quizá sea su último partido en el Sevilla tras perder ante el Betis. Por su parte, Cristiano Ronaldo quiere el Pichichi y Mourinho en San Mamés aseguró que, como equipo campeón, no han de desvirtuar la competición jugando con la vida de otros equipos.

Parecía impensable, pero el Real Zaragoza puede llegar a la última jornada dependiendo de sí mismo. Ni siquiera Amarillo Slim, el mejor apostante de todos los tiempos, se le habría ocurrido desafiar así al destino, pero la permanencia está más cerca que nunca. Cuerpo técnico, plantilla y afición, todos unidos en busca de la salvación. Se prevé un viaje masivo a Getafe, siempre y cuando el domingo salgan las cuentas, que podría superar el desplazamiento a Levante. Después de tanto remar, con la esperanza de no morir en la orilla.

Foto: RZFans

Las cuentas de la lechera

Son varias las historias que hablan sobre castillos en el aire. Una de las más famosas es la de una niña a la que se le encomendó la tarea de llevar un jarro grande de leche a su casa. Mientras volvía con su encargo iba imaginando como esa leche podría ser vendida. Con el dinero ganado se podría comprar más leche, y si la volvía a vender ganaría aún más dinero y podría comprar aún más leche. Justo antes de llegar a su casa el jarro se estrelló contra el suelo y la chiquilla se quedó sin dinero y sin leche. El Zaragoza, en una realidad algo similar a la de la niña, también lleva meses de cuentas y cavilaciones. La realidad que manda ahora es que la próxima semana se lo juega todo. La primera parada será mañana, a las 16.00 horas, ante un Athletic de Bilbao que llega embriagado por la alegría de haber llegado a la final de la Europa League tras vencer al Sporting de Lisboa después de una brillante remontada.

Para los de Manolo Jiménez se ha terminado el tiempo de las cuentas, las combinaciones y las posibilidades. Ahora solo vale ganar y esperar. Fórmula sencilla, a priori, pero complicada a la postre. El primer rival de esos tres duelos a muerte es un conjunto que viene de completar una temporada brillante. Los hombres de Marcelo Bielsa tienen en su mano hacer el deseado doblete para cualquier club con la Copa del Rey y la Europa League. El Real Zaragoza debe aprovechar esas circunstancias. Pero ahí no termina la recta final de infarto. La segunda parada, o más bien visita a La Romareda, es la del Levante. Los de José Ignacio Martínez también llegan jugándose Europa. Casi nada. Es otro equipo al que no se le puede reprochar absolutamente nada este año. Con un presupuesto de guerra y la ilusión por bandera tienen intactas sus opciones de colarse incluso en la Champions League.

Como punto final quedaría el Racing de Santander el próximo fin de semana. Según las cuentas de una lechera zaragocista los cántabros llegarían, supuestamente, descendidos. No debería haber mayores problemas, pero la confianza y dar las cosas por sentadas pueden ser muy malas bases. Así que la moraleja para este tramo final de temporada es que los blanquillos tienen que ir partido a partido, mirar al presente. Lo de después puede esperar. Requerirá concentración y  mucho esfuerzo, eso seguro, pero es más conveniente en estos momentos que el Zaragoza se centre en el ‘ahora’ y no en lo que pueda pasar. Con esa base, la salvación se tendrá que pelear hasta el último momento. Por supuesto, los resultados rivales también tendrán que acompañar, pero esas cuentas ya escapan de las manos del Real Zaragoza. Mientras tanto, la afición seguirá creyendo bajo el lema ‘Sí se puede’.

Los jueces anónimos del fútbol

Los jueces anónimos del fútbol   fotografía

Alfredo Flórez, máximo responsable del Comité de Competición

La vuelta de Manolo Jiménez a su hogar futbolístico coincide con la sanción impuesta al técnico andaluz por sus protestas a Turienzo Alvárez en el partido ante el FC Barcelona. Protestas que jamás llegaron a traducirse en insultos. Así las cosas, el de Arahal no podrá sentarse por primera vez en el banquillo visitante del Ramón Sánchez Pizjuán, convertidos desde hace unas semanas en perritos calientes por la creciente necesidad de ingresos económicos. Cualquier espacio es válido hoy en día si hay dinero de por medio. Aunque roce el ridículo.

A falta de lo que dictamine el Comité de Apelación, el entrenador del Real Zaragoza tampoco podrá ocupar su habitual sitio en La Romareda ante el Granada. Una sanción excesiva que deja de nuevo en evidencia a los órganos disciplinarios de la Liga BBVA. Según el acta arbitral, imposible de consultar ya en el portal de la RFEF que sólo permite comprobar la jornada en disputa, Turienzo expulsó a Manolo Jiménez por “estar de pie en el área técnica y protestar de forma airada una decisión arbitral”. Quiero creer que la vara de medir hubiera sido la misma con Pep Guardiola o en próximos partidos que arbitre el ofendido Turienzo Alvárez.

Además, el acta refleja que al finalizar el partido, Jiménez se dirigió al colegiado en los siguientes términos: “Creo en tu honorabilidad pero eres un rencoroso, un rencoroso”. Unas palabras que según los señores Flórez, Arnaldo y Osorio conllevan la misma sanción que insultar gravemente al colegiado de turno, la misma que agredir a un entrenador rival. En otros casos, se obviaron escupitajos a contrarios, pisotones premeditados, insultos en el túnel de vestuarios, dudas sobre la limpieza de la competición o sentadas en el vehículo del colegiado para recordar a este sus errores. Por no recordar la parcialidad con que se cerraban unos estadios y otros recibían un apercibimiento tras otro. Las comparaciones, aunque sean odiosas, dejan en evidencia a los comités. Pero ahí siguen, parapetados, casi en el anonimato, escondidos tras un PDF y un reglamento inexacto y equívoco.

Una de las mayores desfachateces de este órgano tuvo como protagonista a Álvaro Negredo, la mayor amenaza para la defensa zaragocista en el Sánchez Pizjuán. Ocurrió en mayo de 2010, en el transcurso de la última jornada liguera y pocos días antes de la final de la Copa del Rey que el Sevilla ganaría al Atlético de Madrid en el Camp Nou. El delantero fue expulsado por insultar a la madre del linier de forma escatológica. Prefiero no reproducir los insultos. Mejor dicho, no fueron insultos según el Comité de Competición, sino meras observaciones al árbitro asistente. Indulto a Negredo, expulsión convertida en tarjeta amarilla y en billete para la final. Se obviaron insultos graves en día, dos años después Manolo Jiménez o Mendilibar son sancionados con dos partidos por calificarle de “rencoroso” o por ”salir del área técnica y levantar los brazos en señal de disconformidad”, en el caso del técnico de Osasuna.

De cualquier forma, se siente donde se siente, el gran artífice de que el Real Zaragoza siga con vida será recibido como se merece en su antigua casa. Por supuesto, también en La Romareda ante el Granada, una nueva final en la lucha por la supervivencia. Y pase lo que pase a final de esta temporada, cuando Manolo Jiménez regrese al estadio de la capital aragonesa como visitante, la ovación será merecida. “Yo no soy zaragocista, pero soy un profesional”, afirmó en su presentación. Su honorabilidad, la misma que Manolo atribuyó a Turienzo, le ha erigido en el referente de la afición. Un profesional de los pies a la cabeza, un entrenador honrado, leal, trabajador, de pensamiento justo y ecuánime. Todo lo contrario que los comités que velan por el justo cumplimiento del reglamento.

Dirigentes de la RFEF o de la LFP incapaces de adelantar unas horas su única reunión semanal cuando hay competición martes, miércoles y jueves, permitiendo así jugar a futbolistas expulsados en la previa. ¿La mejor liga del mundo? En todo caso, la más opaca y desvirtuada en favor de los que más tienen, curiosamente, los que más se quejan. Quejas y lloros escuchados por estos magistrados anónimos. Jueces de la Liga alejados del fútbol y del aficionado.

Hijo adoptivo de La Romareda

Hijo adoptivo de La Romareda   fotografíaGijón, El Molinón, la penúltima final de las muchas disputadas por el Real Zaragoza en los tres últimos años. Una victoria no aporta título alguno a las vitrinas, sino la posibilidad de seguir sufriendo unas jornadas más en busca de un nuevo milagro. El más difícil todavía si echamos la vista atrás recordando aquel equipo desahuciado de La Rosaleda. Tras aquel partido, temí que Manolo Jiménez hubiera perdido toda esperanza. Preveía su dimisión después de escuchar aquellos 42 segundos. Por primera vez en mucho tiempo, una persona de dentro del club había expresado sin paños calientes y públicamente, el sentir de la afición. Nada más y nada menos que el entrenador.

Tras llegar a Zaragoza, el mister fue consciente que este no era el club que él había conocido en sus tiempos de futbolista y entrenador del Sevilla. Y después de la salida de Salvador Arenere y compañía, Manolo Jiménez se quedó solo, desconcertado, incomunicado con el club más allá de los sms de Agapito Iglesias, como ocurriera días después de la goleada encajada ante el Málaga.

Aquellos primeros coletazos de 2012 también temí su dimisión, llegar y escapar al estilo Jabo Irureta, pero no ocurrió así a pesar de varias promesas incumplidas. Como tampoco al finalizar el mercado invernal de fichajes sin que llegara ninguna de sus peticiones excepto Apoño. Pero como le gusta decir: “sólo las ratas abandonan el barco cuando ven que se hunde”, y el Real Zaragoza era un barco a la deriva encallado en el último puesto de la tabla clasificatoria. Decidió continuar, no rendirse y hay que agradecérselo.

A pesar de todos estos condicionantes, de las dudas consecuentes de trabajar un entorno caótico, Manolo Jiménez ha conseguido despojar a los futbolistas del terror que les infundía saltar al césped. Su trabajo psicológico, pero también el físico y el táctico fructifican en resultados y en un equipo más sólido que cree en la victoria a pesar de sus limitaciones. Pero además, el de Arahal se ha convertido en el referente del zaragocismo, el último en llegar es el primero en el que confía una afición que se ha identificado con su forma de trabajar, su profesionalidad, su honradez y su sinceridad.

Cuestionado esta semana acerca de la figura de Agapito Iglesias respondía: “cuando acabe la Liga, que el público dicte sentencia”. No habrá que esperar tanto para calificar a Manolo Jiménez como hijo adoptivo de La Romareda. El reflejo del aficionado está en el banquillo. Una lástima que haya coincidido en el tiempo con el club más caótico que se recuerda. Pero gracias a él, ha recuperado cierta normalidad y, lo más importante, la esperanza de conseguir el título de la permanencia.

Imagen: Marca.com