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Amenazas por todos los lados

Ahora resulta que el Tribunal de Arbitraje Deportivo reabre el “caso Matuzalem” a instancias del Shakhtar Donetsk después del proceso concursal del Real Zaragoza. Se supone que las leyes de nuestro país amparan las decisiones judiciales y que el club ucraniano tendrá que conformarse con percibir el 40% de la cantidad adeudada y en el plazo marcado por la sentencia. Pero ya es una molestia, una comezón que ataca las debilitadas fuerzas de un zaragocismo que ve cómo el equipo puede hundirse sin no gana el domingo en Granada. Con solamente seis puntos, tres menos que el año pasado a estas alturas, y seis jornadas antes en puestos de descenso que la temporada anterior. Insisto, si no consigue la victoria en el Nuevo estadio de Los Cármenes, que no hay que descartarlo en absoluto.

Estas preocupaciones, sumadas al nerviosismo de hombres importantes en la plantilla como Apoño, la lesión de Aranda (que se rompe cada vez que juega un partido completo) o la supuesta pretemporada de Romaric antes de su marcha a la Copa de África, abren demasiadas dudas en las entrañas del club.

Para colmo, Agapito parece aproximarse de nuevo al entorno zaragocista aunque jamás dejó de tomar decisiones, y Fernando Molinos sigue viviendo en el “país de la ilusión”. Como también las polémicas declaraciones de Manolo Jiménez, especialista en desviar la atención introduciendo otros asuntos de fácil consumo para los medios de comunicación.

En este mercadillo de sensaciones, las únicas que no valen son las referidas a la buena imagen del equipo. Porque los puntos son los que aclaran la situación y dejan arriba o abajo en la tabla a los competidores en la Liga. Y no hay más historias.

Los 77 de Agapito

Agapito Carmelo Iglesias García. Quizá uno de los nombres más mentados de los últimos seis años en la ciudad de Zaragoza. El presidente de Codesport recibió el timón de la nave blanquilla en mayo de 2006, de manos de Alfonso Soláns. Agapito comenzó de manera positiva, con un conjunto que marchaba sexto en el campeonato y, por tanto, con derecho a jugar en Europa. Las cosas pintaban bien a orillas del Ebro. Sin embargo, al año siguiente el equipo diseñado por el de Navaleno comenzó un desgaste y una degeneración , descenso a Segunda de por medio, que protagonizó una de las debacles más increíbles que recordarse puedan. El proyecto saltó dinamitado por los aires, comenzando una espiral que aún hoy azota los deteriorados basamentos de una escuadra que se tambalea al filo del alambre temporada tras temporada. El proyecto se transformó, a ojos de los zaragocistas y del mundo, en una caída de crecimiento exponencial hacia el averno. Eduardo Bandrés dimitió,  las cuentas se hicieron insostenibles, el final del idilio con la afición se confirmó y el equipo entró en crisis económica, social y deportiva. La fractura era total.

Los 77 de Agapito   fotografía

En unos años se había pasado de luchar por Europa y aglutinar estrellas a entrar en disputas institucionales con el Getafe, el Deportivo, el Shakhtar… a tener que realizar milagro invernal tras milagro para sostener al club en Primera. A garantizar la viabilidad del club ante la duda de miles de aficionados. A las catástrofes semanales de Braulio, de las entradas baratas, los silbatos, la polémica de la Selectividad de Ramiro, el “extravío” de Ortí y Lacruz o la marcha de jugadores como Ponzio o Meira.

¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Fueron primero las deudas o la mala gestión deportiva? ¿Cómo se transformó un equipo plagado de estrellas como los Milito, Aimar o D’Alessandro en el, hasta hace 4 días, colista de la Primera División? Evidentemente la realidad tiene infinitos matices, explicaciones y puntos de vista. Seguro, por ejemplo, que el del propio presidente difiere mucho del de la afición maña. Por eso desde aquí hemos querido establecer una relación, una progresión completamente objetiva del estado del equipo temporada a temporada. Una valoración exenta de polémicas económicas, cuentas y escándalos: sólo de aquellos que son encargados de hacer que la pelotita y la malla se junten cada 7 días. De los jugadores que se trajeron para construir un equipo. Los que trajo, a fin de cuentas, el máximo accionista. Y esta relación es larga, mucho más de lo que debiera si el rumbo del equipo hubiera sido otro. Entre técnicos y jugadores superan las siete decenas. Sí, han leído bien. Estos son los 77 de Agapito.