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Hay que seguir

Hay que seguir. Como si de una octavilla repartida en los exteriores de La Romareda se tratara, se repetía ayer la misma consigna. Jugadores, periodistas y aficionados, todos a una, nos hemos subido al carro de la esperanza. La postrera victoria frente al Atlético de Madrid ha devuelto el optimismo a gran parte del entorno zaragocista. Se trata de una llama frágil, surgida de los rescoldos de innumerables decepciones que, a lo largo de la temporada, han apagado una y otra vez las brasas del equipo.

Merced al maravilloso vaivén al que la evolución del equipo nos ha castigado, la realidad de la ilusión varía cada semana. Ora estamos en Segunda, ora nos vamos a salvar. Vamos camino de convertirnos en un “equipo-milagro” que, cada quince o veinte días, protagoniza un ascenso moral a la Primera División para volver a abandonarla sólo unos días después.

‘Apoño’ moral

Antes de comenzar con mi primera columna me gustaría explicar por qué la he llamado We Believe. En 2007, mi equipo de la NBA, Golden State Warriors, se clasificó en el último partido a los Playoffs, donde no estaba desde hacía 13 años. Al ser los octavos les tocó medirse a los primeros cabezas de serie, Dallas, que tenían la mejor marca de victorias. Los aficionados de los Warriors crearon el eslogan de We Believe soñando con dar la mayor campanada de la historia.

Todos los hinchas llenaban su cancha con camisetas del mismo color y esa frase. Y se logró. Golden State se cargó a los Mavericks por 2-4 e hicieron historia, ya que por primera vez el octavo clasificado había logrado eliminar al número uno y con mejor marca de la NBA desde que se estableció el formato al mejor de siete partidos. Por eso, ante la actual situación del Real Zaragoza y siempre, estemos como estemos y donde estemos, yo creeré en mi equipo y en que todo es posible.

Hace un mes aproximadamente, el Real Zaragoza se encontraba a 12 puntos de la salvación. Yo seguía haciendo cuentas y aún pensaba que podíamos salvarnos. La gran mayoría opinaba todo lo contrario y ya daba al equipo por descendido. Y es más, mucha gente criticaba mi optimismo y me tildaba de loco. Nunca entendí que se critique a alguien por tener fe y esperanza. Para decir que el Real Zaragoza era un equipo muerto y descendido ya habría tiempo de sobra. Que uno fuera optimista no quería decir que no supiera que lo normal era un descenso, pero jamás entenderé a la gente pesimista. Su negatividad no hace más que generar más pesimismo y en situaciones así, creo que es lo último que hay que hacer. Si Jiménez fuera pesimista y se lo dijera a los futbolistas, éstos se hundirían más, por lo tanto la negatividad sólo perjudica.

Por eso, yo (y algunos pocos más) decidí creer. Agarrarme a esa esperanza y tener fe en los jugadores. ¿Qué sentido tiene el fútbol si no piensas que tu equipo puede conseguir algo?, ¿acaso alguien cuando tiene a un paciente enfermo lo da por muerto, aunque esté muy grave? Pues eso. En los partidos veía que sí, que el nivel de los jugadores es bajo, pero que también los árbitros y la mala suerte se habían cebado, dejando a una plantilla muy golpeada anímicamente. Ahora, el Real Zaragoza ha recortado la mitad de puntos a la salvación mediante varios milagros y está a ‘sólo’ 6 de la vida.

El triunfo en Mestalla con dos goles de Apoño puede ser el punto de inflexión definitivo. Los que no creían, ahora creen, y los jugadores ven la luz al final del túnel. La forma en que se ha producido la victoria ha supuesto un ‘Apoño’ moral para todos. El ‘virus’ optimista invade la capital del Ebro y ante el Atlético, La Romareda debe ser una olla a presión. Así que tal y como reza el nombre de mi columna ¡We Believe!

Javier Paredes: “Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo”

Para nuestra primera entrevista hemos querido elegir un símbolo, una guía. Quién mejor que el capitán del equipo al que nos gusta seguir. Javier Paredes nos recibe en la Ciudad Deportiva en la que entrena desde hace ya 5 temporadas. Cercano y amable, asume el reto de tratar de no dejar sin contestar ninguna pregunta en esta época tan complicada para los jugadores del conjunto blanquillo. Sin soltar el brazalete cuatribarrado (o revolandero, según se prefiera) nos permite conocer la opinión de aquél que asumió los galones tras la marcha de Ponzio, hablándonos de sus orígenes, su futuro, su Oviedo y, por supuesto, del Real Zaragoza. 

Javier Paredes: Nunca me había planteado ser capitán, pero luzco el brazalete con orgullo   fotografía

Cuando uno sueña con ser capitán de un equipo de fútbol, se lo imagina en una situación mejor, en un equipo ganador. El Real Zaragoza es todo lo contrario. ¿Cómo lo asumes? 

Yo creo que independientemente de que sea un equipo grande o de que esté luchando por objetivos menos importantes, ser capitán de un equipo, y sobre todo cuando llevas ya unos años, porque la gente confía en ti, siempre es un orgullo. Lo importante cuando se es capitán es intentar conseguir lo mejor para el club, sea cual sea el momento en el que se encuentre. Ahora mismo es un momento difícil, y por eso mis funciones de cara al entorno, fuera del vestuario, son totalmente diferentes a las de un equipo que estuviese arriba. Por mí pasa demostrar que el Real Zaragoza será importante siempre y cuando esté unido en todos sus frentes. Yo intento dar la idea, a través de la experiencia, de cómo debería ser el club y cómo podría funcionar.

La generación perdida

La generación perdida   fotografía

Un Real Zaragoza ya octogenario se presenta en Valencia como un desconocido. Un recién llegado, el rival propicio al que asestarle una goleada con la que olvidar los frecuentes silbidos de Mestalla. Deseos al margen, no se antoja descabellado. Aunque los recuerdos de este estadio trasladen a la Supercopa del gol de Javi Moreno, a la última jornada con la Liga en juego – con su consecuente participación en Champions League silenciada – o a las primeras eliminatorias de la Recopa en el aún denominado Luis Casanova. Con el amargor del empate ante Osasuna, el zaragocismo abrió su regalo por el 80 cumpleaños: una caja con recuerdos de grandes gestas como estas y el deseo de saborear algún día sensaciones similares.

Especiales de antes y de ahora, recuperar libros como la obra obligada de Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente, enrabietan más si cabe tras volver a la realidad. Cuando eres consciente que precisamente es su afición y esa octogenaria historia lo único que le queda a este club dirigido por Agapito Iglesias. Bien sean líneas, palabras o imágenes, son todo lo que tiene un niño que descubra al Real Zaragoza en este época sin un asidero al que agarrarse. Nada atrayente. Cuando no tienes un ídolo del que comprar una camiseta a no ser que ese niño sueñe con jugar de portero.  En esa generación perdida he acabado pensando esta semana, los niños que ya no bajan al recreo a imitar a Lapetra, Arrúa, Señor, Nayim o Milito. Y es que no hay nadie que se parezca, ni en carisma ni en calidad, a futbolistas así. Un solo canterano en la plantilla, Ángel Lafita, al que esta directiva dejará escapar gratis dentro de unos meses.

Hace tiempo que no creo en la salvación, aunque de ganar ciertos partidos podría haberse dado caza a un Villarreal que cada día recuerda más al Real Zaragoza del úlimo desceso, pero sí en una futura regeneración. Con el máximo mandatario actual siguiendo el ejemplo del expresidente Alfonso Usón, abandonar La Romareda, pero también la gestión. Atravesamos tiempos difíciles, los más oscuros según los que han visto todo, pero algo ha quedado grabado a fuego en el sentir zaragocista durante esta semana de celebración cercana al luto. Aunque al menos yo no aventure ni el momento ni la forma. El león siempre vuelve.

Imagen: Peña Zaragocista Ángel Lafita

Twitter sí, pero así no

Twitter. Quién no lo conoce ya, y más en el mundo de Internet. Doscientos millones de usuarios y más de sesenta y cinco millones de ‘tweets’ diarios así lo avalan. Ahora no hay empresa que se precie un poco que no disponga de esta herramienta. Y es que más que útil se podría decir que es utilísima, permitiendo a una gran multinacional contarle al usuario de a pie al minuto lo que está realizando o el cómo es el producto que va a sacar, por ejemplo. Y no sólo eso, sino que además en muchos casos le permite interactuar con él, creando una complicidad con éste que es básica para mejorar la imagen de la marca. Pero no sólo multinacionales, también actores, políticos, cantantes, escritores, periodistas de renombre, etc. son usuarios habituales de este microblogging. Y por algo será.

El twittero zaragocista pronto echó en falta un usuario que representase la imagen del Real Zaragoza en esta red social. Lo reclamó durante mucho tiempo pero no hizo su aparición hasta hace apenas unos meses, cuando ya todos los equipos de Primera División y muchos de Segunda ya estaban; y realmente, para lo que hemos visto hasta ahora, se lo podían haber ahorrado.

La presencia de @RZ_Oficial en Twitter parece deberse más a un intento de acallar al zaragocismo en su intento de recriminar al Real Zaragoza su poca implicación en tareas de acercamiento al aficionado que en lo que realidad debería tratarse, limpiar y mejorar un poco su imagen  interactuando y debatiendo con él, dando una imagen de cercanía que sería de mucho agradecer en los tiempos que corren. Las conversaciones con los usuarios o simplemente las respuestas a los centenares de preguntas que éstos le formulan se pueden contar con los dedos de una mano, y sinceramente, para informarnos de cuándo entrena el equipo, qué ha dicho quién en la rueda de prensa o cuándo es el desplazamiento al próximo partido ya existía la página web, que también merecería una mención aparte. Un pequeño concurso de fotos con una camiseta como premio y el seguimiento al minuto de los partidos es de lo poco salvable.

Es cierto que otros equipos utilizan Twitter de una manera similar a como lo hace el Real Zaragoza, pero no viven la convulsa situación institucional que se está viviendo aquí. Los aficionados se sienten solos ante el oscurantismo que ofrecen los dirigentes del club y miles de preguntas les taladran la cabeza debido a la incierta actualidad que rodea al equipo y a un futuro que se antoja presumiblemente desolador. Evidentemente la incorrecta utilización de esta red social es un asunto baladí comparado con la crisis deportiva e institucional que vive el equipo blanquillo y una mejora en su uso no va a acabar no este conjunto de adversidades, pero hacerlo bien te puede mejorar la relación del día a día con el aficionado. Y hacerlo bien cuesta muy poco.

Aranda, Coentrao y la hipérbole del fútbol

¿Cuándo dejó el fútbol de ser noticia? ¿Cuándo pasaron su entorno, sus curiosidades y anécdotas, de considerarse un bonito complemento a ocupar portadas, debates y bits de este mismo espacio? Sí, lo sé. Caigo en mi propia trampa. Prometo en las líneas que preceden a estas hablar de 22 tíos y una pelota de cuero, y la primera opinión que vierto versa sobre cigarrillos, calentamientos y demás historias que no debieran ser protagonistas sino meros satélites que orbiten en torno al balón, las coberturas, las líneas, las follas secas y las tarascadas: el fútbol. ¿Por qué, entonces, empiezo la casa por el tejado? Tal vez porque pretendo colaborar al hartazgo de la masa lectora de este género y que, de tanto hastío, dejen de leer la prensa deportiva.

 El caso es que, en este bendito país nuestro, la noticia del día (y de los días, que casi es más lacerante) en el ámbito futbolístico no ha sido un gol, ni un fichaje, ni nada relacionado con los campos de fútbol. Ha sido un cigarro. Un pequeño y diminuto cúmulo de nicotina. Igual que los que consumían Kluivert, Futre o Rijkaard o de los que consume, hoy en día, Miguel Brito, a la sazón lateral del Valencia. Desde luego, no es un hábito recomendable en un deportista, mucho menos si el alto rendimiento es su modo de vida o si ha de alcanzar la excelencia para justificar, como es el caso, un carísimo traspaso. Pero de ahí a convertirlo en alegre algarada de los debates, en tema del día para vilipendiar o defender a muerte al portugués, según sea el color de la bandera, el abismo es grande.

En la órbita  blanquilla coincide la circunstancia, aunque a escala. El Real Zaragoza convive con una muerte anunciada desde hace semanas, con una mezcla de desesperanza y desazón; rabia y frustración. En estas circunstancias los ánimos están a flor de piel y las suspicacias aumentan exponencialmente. Con el don de la oportunidad, Aranda, en un momento crítico en la historia de un equipo recientemente octogenario, “aprovecha” la coyuntura. El reportaje del Día Después enciende la ya renegrida llama de la indignación maña, inflamando la red y los maltratados corazones zaragocistas. Al día siguiente, Manolo Jiménez acude al rescate y resta importancia al incidente. Contemporizador, lo deja en diez minutos de retraso y la multa de un “tapeo”, como dicen en su tierra. El ex de Osasuna demostró una falta de implicación bastante dolorosa, realidad suficiente para que una afición suficientemente noqueada se indigne. A partir de ahí, es mejor no hacer leña del árbol caído. Se aplica el código interno en lo que esté estipulado y se asume que, a pesar de todo, cuando ha jugado, Aranda ha luchado y peleado dentro de sus posibilidades. No nos engañemos: el Real Zaragoza no está como está porque Aranda llegue diez minutos tarde al vestuario. Eso es sólo un vaso de agua en el océano.

Es la hipérbole del fútbol. Cualquier detalle sirve para llenar telediarios, páginas o minutos de radio, y si se maximiza se convierte en un fenómeno superventas. Modelo Hollywood. Al final, las botas de “CR7″ y las desventuras amorosas de Piqué tienen más valor que el legítimo protagonista: el balón. Afortunadamente, hay quien aún cree que la liga huele a césped, a colegiados con extraño apellido y a domingo por la tarde. A estos rara avis aún nos quedan Vicente Verdú, Martin Girard, Martí Perarnau, Michael Robinson, Rubén Uría…  para leer y disfrutar en este reducto de la soledad. Mientras tanto, se admiten apuestas. ¿Cuál será la próxima noticia del día?