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Una historia ya contada

Obviando nombres propios, podría acogerme a la táctica universitaria denominada ‘copiar & pegar’  y repetir la misma crónica que hace dos semanas. Como ocurriera ante el Málaga, el centro del campo que alineó Manolo Jiménez en Anoeta dejó claras las intenciones del equipo en la primera parte. Una decisión quizá marcada por el estado físico de Apoño y de Movilla, quizá entendible al actuar como visitante, pero tan poco efectiva como inofensiva y aburrida para el espectador neutral. El plan: aguantar el 0-0 hasta el minuto 70, dar entrada a Apoño e ir a buscar el partido. Pero una vez más, la estrategia aguó el plan previsto.

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Sólo Babovic, zurdo cerrado, talentoso y disperso, parecía salirse del guión mientras Postiga luchaba y se indignaba en su isla particular en busca de encontrar milagrosamente el tesoro del gol. De las bandas, Oriol y Montañés, aún no hay noticias. Sin embargo, salvo un error que Roberto se encargó de solucionar, el Real Zaragoza sobrevivió hasta el descanso, en parte gracias a la imprecisión dela Real Sociedad en su fase de creación.

Tras la reanudación, apareció el fantasma que Manolo Jiménez no consigue ahuyentar del club blanquillo y que, como recordaba Chema Erre Bravo, tampoco logró en Sevilla. Pero más allá del enésimo gol de estas características, mi preocupación se agrandó al escuchar al míster reconocer el haber probado infinidad de sistemas defensivos para este tipo de jugadas. Intuyo dudas, inquietud y ansiedad cuando quizá el mejor remedio para combatir estos errores sea la tranquilidad, la paciencia y el convencimiento a la hora de optar por una única forma de blindar la portería de Roberto del balón parado, con los ajustes necesarios dependiendo del rival de turno.

 

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¿Qué ocurrió en ese minuto 55? El cuento maldito lo comienza la pierna izquierda de Carlos Vela. El centro es perfecto, fuerte, plano y con la rosca ideal, el córner soñado por los delanteros. Roberto, sospechoso habitual en este tipo de jugadas, su punto débil que le martirizó en Lisboa, esta vez no tiene tiempo de salir en busca del balón colgado. Seis defensores en el área más el portero, cuatro atacantes de la Real Sociedad, Postiga y José Mari son los hombres libres que han de ayudar en los marcajes y atacar el balón.

La obsesión del primer palo, ahí se falló ante el Málaga, provoca que Jiménez coloqué al andaluz liberado para despejar un posible saque corto. En cambio, el portugués se incrusta en el centro. He ahí una de las claves, Postiga llegaba para peinar el esférico, pero su falta de centímetros y de aptitudes defensivas conllevarán que ante el miedo de rozar la bola y crear una segunda jugada inesperada decida dejar vía libre al balón. Escribiendo supuestos que carecen de validez científica, José Mari posee mayor altura y rigor para ocupar ese lugar y así haber despejado el esférico.

Además, Jiménez aludió a la falta de “especialistas” en la rueda de prensa posterior. Desconociendo si existen expertos en este tipo de jugadas defensivas, quiero entender que el mister quiso referirse a la falta de centímetros del equipo. Sapunaru con Agirretxe, Álvaro junto a Mikel González, Paredes cubre a Griezmann, quién se ocupará entonces de Iñigo Martínez se preguntaría el cuerpo técnico. Tendrá que ser Zuculini, dijo aquel.

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Intenso en la marca, el argentino era la opción más natural –una vez excluido José Mari para liberarlo- pero se conformó una pareja de baile claramente descompensada, no tanto por la altura sino por la potencia de salto y costumbre de disputar el juego aéreo. Álvaro acudió a la ayuda, sin fe, y de nada sirvió. Y en ese momento acabó el partido, ya que por el momento, este equipo tiene nula capacidad de reacción. El cruce de cables de Paredes, cometiendo un penalti impropio y ridículo que denotó nerviosismo, tan claro que Iglesias Villanueva se avergonzó de mostrarle la segunda cartulina amarilla, fue lo único reseñable del resto del encuentro.

En el deporte de élite no está bien visto lo de beber, por lo que toca trabajar para olvidar esta derrota y sobreponerse ante Osasuna. Si las circunstancias lo permiten, Manolo Jiménez tendrá a su disposición y en perfectas condiciones a todos sus centrocampistas. Llega el momento de elegir y de comprobar si este equipo es capaz de salir a mandar el partido desde el primer minuto. Hay mimbres para no pasar los apuros de antaño, para evitar la misma historia y caer ya en septiembre en un estado de ansiedad que sería muy perjudicial para esta plantilla. Paciencia y confianza.

Fotografías: JOSUME MARTÍNEZ DE ALBÉNIZ

Después del milagro imposible

Ya se terminan los calificativos de la afición para lo que el Real Zaragoza logró hace casi una semana. En un ambiente envidiable en Getafe, el equipo comandado por Manolo Jiménez ponía la puntilla final a una salvación por la que nadie daba un céntimo. Pero ahora la vida sigue. El espectáculo debe continuar, como decía la canción. Es momento de planificación, de reestructura, de renovaciones, de salidas, de nuevas llegadas. El mercado de fichajes está a la vuelta de la esquina y el club blanquillo debe afanarse en trabajar lo mejor posible, por muy difícil que le parezca a toda la afición viendo los precedentes, para no cometer los errores del pasado. Todos esperan, de una vez por todas, que el año que viene sea, después de mucho tiempo, tranquilo y sin sobresaltos.

La primera piedra del futuro a corto plazo es Manolo Jiménez. Para que este equipo siga por el buen camino parece que su continuidad debe ser obligada. Pero él ya lo anticipó en rueda de prensa esta semana. No debe ser a cualquier precio. Habrá condiciones. De esas condiciones se ha especulado mucho. Lo que parece claro, en un principio, es que después de que Jiménez lograse el milagro de la permanencia puede pedir todo y más. Lo más significativo de sus condiciones es la red de ojeadores que quiere detrás. Algo impensable viendo la gestión que han realizado esa red y los directivos en las últimas temporadas. Marco Pérez, Antonio Tomás, Juárez, Fernando Meira, Sinama Pongolle o Paulo Da Silva –este último con contrato en vigor y al que se quiere renovar- son algunos de sus últimos fiascos.

Otro punto en el que se debe trabajar es el centro del campo. Ni Zuculini, ni Apoño, ni Ruben Micael, ni Dujmovic tienen contrato con el Zaragoza. Con la futurible marcha, salvo gestiones, de estos jugadores solamente Pintér sería el que permaneciera en el centro del campo. Del mismo modo, el futuro de Postiga está en el aire, igual que el de Roberto. Paredes, que termina contrato, podría ampliarlo. Lo que queda claro es que en las próximas semanas se va a suceder una vorágine de nombres, de idas y venidas y de movimientos en un club que, por sí solo, ya es noticia todos los días. Después del milagro, la vida sigue. Toca trabajar en las oficinas.

El milagro de la esperanza

Milagro. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. También puede ser definido como un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Plasmado en el ámbito deportivo, si el Real Zaragoza logra la victoria el domingo en Getafe habrá logrado el milagro más grande jamás contado.

Será un hecho no explicable por las leyes naturales. El pasado 4 de marzo el Real Zaragoza llegó a estar a 13 puntos de la salvación por unos minutos. En aquel medio día de domingo el Villarreal gobernaba en el marcador de La Romareda (0-1). Un gol sobre la bocina de Abraham dio a la parroquia blanquilla su primera gran alegría (2-1) cuando se daba ya todo por perdido. Pero no quedó ahí ese asombro general. Un suceso o cosa rara fue lo que ocurrió en Mestalla, cuando Apoño guió a un equipo que comenzaba a confiar y se sumaron otros tres puntos contra un Valencia que iba tercero. De paso se destruía la maldición que pesaba sobre el campo Che. Extraordinario fue el final de esa semana loca. Solamente cuatro días después La Romareda veía como, de nuevo Apoño, sumaba otra victoria blanquilla para seguir creyendo después de que Godín cometiera un penalti tan infantil como innecesario sobre Hélder Postiga en el descuendo (0-1). Después, maravillosa ha sido la actitud de la afición el día del encuentro contra el Barça. Y contra el Granada. Y contra Athletic. Y contra el Racing. No hay duda de que también lo será mañana en el Coliseum Alfonso Pérez. La grada del estadio getafeño rezumará zaragocismo por los cuatro costados con miles de almas empujando un sueño que, en estos momentos, está en la mano de un equipo que ha coqueteado todo el año el fuego de Segunda.

En los milagros, según la definición anterior, se habla de la intervención sobrenatural de origen divino. Sin llegar a ponerles al nivel de dioses, bien es cierto que determinadas intervenciones han dejado al Zaragoza con el milagro a su alcance, dependiendo de sí mismo. Abraham con su gol al submarino. Dujmovic con su actuación ante el Granada. Edu Oriol con sus goles ante el Athletic y el Levante. Zuculini con su derroche de casta, ganas y pundonor e incluso por entrar en una convocatoria una semana después de orinar sangre. Obradovic por su regreso después de haber sido injustamente apartado. Álvarez por devolver a la defensa blanquilla el puesto de lateral derecho. Rúben Micael por acoplarse a su nuevo rol en el centro del campo. Aranda por su trabajo y su sacrificio arriba. Pintér por haber mostrado su mejor cara tras casi año y medio. Lanzaro por su liderazgo, su honradez y su implicación. Han sido excelentes intervenciones. Héroes secundarios. Gracias a ellos el sueño de la salvación también está un poco más cerca.

La gloria se la han llevado otros, como siempre. Aquí sí que podríamos catalogar de divino a uno. Roberto. Ése ángel que ha parado, literalmente, carros y carretas. Con sus fallos y aciertos, como todos. Pero ha sido capaz de sostener al Zaragoza con vida en el tramo final de la Liga. Otro soldado recuperado para la batalla final ha sido Lafita. Ha vuelto cuando su equipo -el de toda la vida- más lo necesitaba. Goles fundamentales al Sporting y al Racing que han encendido la llama de toda una afición. Un recién llegado, Apoño. Pese a llegar en invierno y tener una forma física cogida con alfileres ha demostrado tener una calidad extraordinaria. Sus actuaciones han sido vitales para el Zaragoza. No se puede dejar atrás a Hélder Postiga. Comenzó como un tiro, chilena imposible mediante, pero después se fue diluyendo como un azucarillo. Ahora vuelve a salir a relucir todo su potencial de genial ariete. No siempre con goles, pero habitualmente con implicación y con sacrificio en las labores ofensivas. En el altar de los altares, el líder de esta peculiar orquesta. Manolo Jiménez. El nombre que corea toda la afición. Hablan de la inmensidad de sus bemoles. Ha sido capaz de unir a un vestuario roto y de hacer jugar a un equipo mediocre. Cuando todos daban por desahuciado al Real Zaragoza él siempre creyó. Lo contagió a toda la grada. Ahora, al grito de ¡Sí se puede!, deberá cerrar el milagro que ha ido fabricando en el campo del Getafe. Después será elevado a los altares del zaragocismo. Antes tiene que librar su última gran batalla. Si gana logrará el milagro de la esperanza, el que nunca nadie creyó hasta hace pocas semanas.

Los 77 de Agapito

Agapito Carmelo Iglesias García. Quizá uno de los nombres más mentados de los últimos seis años en la ciudad de Zaragoza. El presidente de Codesport recibió el timón de la nave blanquilla en mayo de 2006, de manos de Alfonso Soláns. Agapito comenzó de manera positiva, con un conjunto que marchaba sexto en el campeonato y, por tanto, con derecho a jugar en Europa. Las cosas pintaban bien a orillas del Ebro. Sin embargo, al año siguiente el equipo diseñado por el de Navaleno comenzó un desgaste y una degeneración , descenso a Segunda de por medio, que protagonizó una de las debacles más increíbles que recordarse puedan. El proyecto saltó dinamitado por los aires, comenzando una espiral que aún hoy azota los deteriorados basamentos de una escuadra que se tambalea al filo del alambre temporada tras temporada. El proyecto se transformó, a ojos de los zaragocistas y del mundo, en una caída de crecimiento exponencial hacia el averno. Eduardo Bandrés dimitió,  las cuentas se hicieron insostenibles, el final del idilio con la afición se confirmó y el equipo entró en crisis económica, social y deportiva. La fractura era total.

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En unos años se había pasado de luchar por Europa y aglutinar estrellas a entrar en disputas institucionales con el Getafe, el Deportivo, el Shakhtar… a tener que realizar milagro invernal tras milagro para sostener al club en Primera. A garantizar la viabilidad del club ante la duda de miles de aficionados. A las catástrofes semanales de Braulio, de las entradas baratas, los silbatos, la polémica de la Selectividad de Ramiro, el “extravío” de Ortí y Lacruz o la marcha de jugadores como Ponzio o Meira.

¿Cómo se llegó a esta situación? ¿Fueron primero las deudas o la mala gestión deportiva? ¿Cómo se transformó un equipo plagado de estrellas como los Milito, Aimar o D’Alessandro en el, hasta hace 4 días, colista de la Primera División? Evidentemente la realidad tiene infinitos matices, explicaciones y puntos de vista. Seguro, por ejemplo, que el del propio presidente difiere mucho del de la afición maña. Por eso desde aquí hemos querido establecer una relación, una progresión completamente objetiva del estado del equipo temporada a temporada. Una valoración exenta de polémicas económicas, cuentas y escándalos: sólo de aquellos que son encargados de hacer que la pelotita y la malla se junten cada 7 días. De los jugadores que se trajeron para construir un equipo. Los que trajo, a fin de cuentas, el máximo accionista. Y esta relación es larga, mucho más de lo que debiera si el rumbo del equipo hubiera sido otro. Entre técnicos y jugadores superan las siete decenas. Sí, han leído bien. Estos son los 77 de Agapito.