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Un pasito más

Fue un partido aburrido, sin chispa ni emoción. Solamente se salvó el golazo de Aranda a pase de Romaric, que fue lo único positivo del africano. No ayudó el Granada, con bajas en su alineación y una escasa actividad durante todo el encuentro. Parecía un amistoso de verano donde a nadie le preocupa el resultado final y lo único importante es terminarlo sin lesionados. Las vacías gradas, menos de seis mil personas en la Romareda, respondieron con silbidos algunas acciones de los jugadores blanquillos que no tenían la misma intensidad que tres días antes en ese mismo escenario ante el Sevilla.

Se la ha jugado Manolo Jiménez con su decisión de poner como portero de la Copa a leo Franco. Ayer apenas tuvo trabajo pero su larguísima inactividad es un claro inconveniente para defender la meta con garantías en un partido complicado. Fue también extraño que convocase a Toni Doblas, con el que no cuenta para nada, dejando a un lado a Pablo Alcolea del que dijo era su tercer portero. ¿Con qué cara se habrá quedado el chaval? Son detalles que merecen la pena cuidar especialmente en un equipo que ya no tiene referentes locales de peso en la plantilla.

Y el sábado, a Madrid. Cuatro victorias en cincuenta y ocho partidos de Liga en la capital de España. Y un par de “sets” dolorosos, especialmente el día del triste debut de José Aurelio Gay en una noche fría y donde temí que los dos dígitos iluminasen el marcador. ¿Cómo jugarle al Madrid? ¿Como Caparrós en Mallorca? ¿Como Paco Jémez al Barcelona en Vallecas? Al final les cayeron cinco a los dos equipos cuando la trituradora goleadora destrozó sus planteamientos.

Estaremos atentos a lo que pase.

Amenazas por todos los lados

Ahora resulta que el Tribunal de Arbitraje Deportivo reabre el “caso Matuzalem” a instancias del Shakhtar Donetsk después del proceso concursal del Real Zaragoza. Se supone que las leyes de nuestro país amparan las decisiones judiciales y que el club ucraniano tendrá que conformarse con percibir el 40% de la cantidad adeudada y en el plazo marcado por la sentencia. Pero ya es una molestia, una comezón que ataca las debilitadas fuerzas de un zaragocismo que ve cómo el equipo puede hundirse sin no gana el domingo en Granada. Con solamente seis puntos, tres menos que el año pasado a estas alturas, y seis jornadas antes en puestos de descenso que la temporada anterior. Insisto, si no consigue la victoria en el Nuevo estadio de Los Cármenes, que no hay que descartarlo en absoluto.

Estas preocupaciones, sumadas al nerviosismo de hombres importantes en la plantilla como Apoño, la lesión de Aranda (que se rompe cada vez que juega un partido completo) o la supuesta pretemporada de Romaric antes de su marcha a la Copa de África, abren demasiadas dudas en las entrañas del club.

Para colmo, Agapito parece aproximarse de nuevo al entorno zaragocista aunque jamás dejó de tomar decisiones, y Fernando Molinos sigue viviendo en el “país de la ilusión”. Como también las polémicas declaraciones de Manolo Jiménez, especialista en desviar la atención introduciendo otros asuntos de fácil consumo para los medios de comunicación.

En este mercadillo de sensaciones, las únicas que no valen son las referidas a la buena imagen del equipo. Porque los puntos son los que aclaran la situación y dejan arriba o abajo en la tabla a los competidores en la Liga. Y no hay más historias.

Los parones traidores

Siempre que se paraliza la Liga ocurre algo. Agapito se muestra a la afición zaragocista, Jiménez dice algo curioso o Apoño la emprende con un aficionado en el entrenamiento. Menos mal que formaba parte de un grupo de Atades invitado por el Real Zaragoza… Todo el mundo está nervioso y no es para menos. Las cosas no van bien y las expectativas van asemejándose a las de temporadas anteriores. Los números no engañan: es el peor arranque en casa (en Torrero y la Romareda) desde 1952, el Real Zaragoza es el equipo menos goleador de la Primera División y solamente ha marcado en dos de los siete partidos disputados. Las sensaciones serán las que cada uno quiera experimentar pero la realidad es inapelable. Asomados al descenso de la categoría. Como el año pasado. Y el anterior. Y el anterior.

No sé a lo que juega el Real Zaragoza. Neutraliza bien a los adversarios que le crean menos ocasiones de gol pero los errores se pagan muy caros. No hay capacidad de reacción ni gol. Falta el remate, que generalmente es desde fuera del área, pero no se producen apenas asistencias. Ni tampoco el pase anterior a la asistencia. Las grandes apuestas de Jiménez como son Apoño y Romaric, no funcionan. Están lejos de su mejor forma o sufren, como es el caso de Romaric, añgún tipo de lesión que le dejan muy escaso de potencial. y que José Mari o Víctor Rodríguez sean las revelaciones de la temporada te dejan boquiabierto: ambos venían para el filial.

Ahora habrá que esperar y acudir sin Álvaro, Romaric y Aranda a los Cármenes de Granada. ¿Jugará Loovens? ¿Se habrá repuesto ya de sus correntías? ¿Cómo volverán los internacionales de sus respectivos compromisos? El equipo está sin definir, le falta cuajo y le sobran nervios. Solamente una victoria en el próximo partido le daría cierta calma al vestuario. Y fuerzas suficientes para afrontar el próximo partido en la Romareda. pero antes queda mucho tiempo para que alguien salte a la palestra y meta la pata.

Otra vez con urgencias

Regresamos a la cruda realidad de necesitar los puntos en juego. Cuatro derrotas en seis partidos y solamente cinco goles marcados en dos encuentros, nos dejan muy abajo en la clasificación. Tanto, que una derrota contra el Getafe podría volver a enviarnos al temido balcón del descenso y darle alas al equipo madrileño hasta ayer por debajo en la tabla. Salió bien contra Osasuna y los tres puntos nos dieron un respiro pero el tropezón en Mestalla duele por cómo se produjo. Jugar mejor que el rival y perder fastidia, aunque sea el Valencia más flojo de los últimos años.

De todas maneras me preocupa que, como dice Jiménez, los adversarios nos ganen haciendo menos que nosotros. Será un problema para el Real Zaragoza, creo yo, porque tener una mayor posesión, rematar más veces a puerta y jugar con un hombre más durante la segunda parte, nos otorgaba grandes posibilidades de puntuar en el estadio valenciano. No fueron mejor ni el Valladolid ni la Real Sociedad tampoco pero jugando muy poquito, sin apenas cansarse, aprovecharons los fallos en la defensa blanquilla y se hicieron con el botín.

Antes el problema eran las jugadas de estrategia; ahora, que no marcamos pese a generar oportunidades. El calor, el estado del terreno de juego, el horario, también jugaron según el entrenador en nuestra contra. Apoño parece que va encontrando la forma física pero Romaric ofrece muchas dudas sobre su estado. O Jiménez le diseña un programa de recuperación, o mucho me temo que tenga que operarse si padece una lesión de pubis a su vuelta de la Copa de África. Si al final, como parece, Costa de Marfil se clasifica.

Creo que sobra protección al vestuario con esto de dirigir las ruedas de prensa y declaraciones de los futbolistas por parte del “manager general” blanquillo. Como fijarles en su discurso la ”idea fuerza” de que todo va bien, que juegan mejor que los contrarios y que el triunfo llegará tarde o temprano.  O cerrar la Ciudad Deportiva a los medios de comunicación…

El caso es que otra vez estamos con la urgencia de ganar el sábado y tanta presión comienza ya a cansar a la afición. Las expectativas de relativa calma parecen difuminarse y aunque se consiga el triunfo estaremos sobre el filo de la navaja. porque después de acudir a Granada el calendario se complica y la cuesta de noviembre puede ser muy dura.

El cierzo sopló en contra

El cierzo sopló en contra   fotografía

Segundo partido en La Romareda. Otra derrota y ningún gol a favor actuando como local. Este es el bagaje antes del clásico parón provocado por los compromisos internacionales. Bien es cierto que ambos encuentros, ante el Real Valladolid y el Málaga, pudieron acabar con victoria blanquilla, tampoco las derrotas pueden calificarse como injustas.

A menudo, el centro del campo ejemplifica lo que el técnico espera de su equipo en el terreno de juego y cuáles son sus intenciones. Esta vez, obligado por la lesión de Apoño y por la inexistencia de un sustituto con características similares al malagueño, Manolo Jiménez dio la manija a Adam Pinter y José Mari, mientras Romaric sufría su pubalgia algo más adelantado. El estado físico del africano, llamado a ser uno de los puntales del once, no es digno de un titular del Real Zaragoza, pero entre lesiones y recién llegados pocas más opciones tenía el técnico andaluz. El marfileño, demostró compromiso, pero no pudo más y se guardo su sprint más intenso para salir del partido en dirección al banquillo. Espero que el club mueva ficha y no permita al jugador acudir con su selección. Lo veo venir, jugará con Costa de Marfil y se resentirá.

El Real Zaragoza no quiso el balón, consciente de que una guerra por el esférico ante el Málaga podía acabar mal. Así las cosas, Jiménez apostó, como ante los pucelanos en el debut, por defender la portería de Roberto, apoyado por Álvaro González como mariscal de la defensa, parar con faltas a los andaluces y buscar una oportunidad en el desierto. La búsqueda del 1-0, acabó con un 0-1 en contra. Y remontar para este equipo es aún una utopía.

Sin embargo, el plan estuvo cerca de salir bien. Romaric desperdició una heroica jugada por banda de Pinter, mkientras Wílchez disparó ingenuamente una gran internada de Paco Montañés. Ahí estuvo el partido. Los extremos, muy alejados del islote Postiga y sin apoyos del centro del campo, apenas tuvieron importancia en el partido. Más Montañes, quien demuestra detalles en cada balón siempre que el césped se lo permite. El césped, o la arena, porque el lamentable estado del terreno de juego deLa Romaredase asemeja más a una playa que a un campo de fútbol.

Y tuvo que ser Nacho Camacho. El canterano se libró de la marca de Pinter, Goni luchaba con Demichelis y tapó la visión del balón a Romaric, quien dudó y no atacó el esférico. Roberto vendidó y poco amante de salir por alto: gol. Un error provocado por un gran centro de Eliseu en uno de los diez corners sacados por los de Pellegrini. Veinte centros al área, solo uno se defendió mal, pero costó una derrota.

No debe magnificarse esta jugada y pensar que el mayor problema del equipo es el balón parado. Ni tampoco escudarse en la estrategia como excusa. Jugando a no encajar, dando el balón al rival, esperando acertar arriba en una de las dos oportunidades creadas en 90 minutos, encomendados a Roberto, con un césped impracticable que provoca un partido lentísimo… una derrota no se puede justificar por un balón parado. El Real Zaragoza no supo remontar el viento en contra.

Foto: El Mundo