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Si ha de ser, que sea en el Molinón

Para lo bueno o para lo malo, sería estupendo que el partido de este sábado fuera clave para el devenir del club. La piedra angular de la permanencia, o el soplo definitivo que remate la esperanza de los seguidores, que de ese modo nos centraríamos totalmente en esperar una solución para la gestión del club y en conocer qué va a ser de los retazos del león.

No es cuestión de ser agoreros, conste. Pero este vaivén de sentirse esperanzado y desahuciado cada tres o cuatro semanas, con el tiempo, hace callo; y la bicha se menta sin que le tiemblen a uno las piernas.

Si ha de ser, que sea en el Molinón   fotografíaA lo que iba: El Molinón es un estadio histórico. Con una afición no de diez, sino de quince. Gente que apoya a un equipo sin títulos porque es el suyo, y no se sienten menos importantes por no tener un puñetero museo para presumir de copas. Dentro y fuera de casa. Vayan bien o mal. Que es capaz de generar un clima devastador en los partidos en los que se juega algo. Y sí, lo sé, en horas bajas. Pero a ver quién no, a estas alturas.

Todo un espejo en el que mirarnos, a menudo, como seguidores zaragocistas. Para nosotros quisiera, a veces, la calentura en la sangre que lucen en Gijón.

Y por eso, si las cosas nos vienen de cara, querría un marco como ése, aunque fuera dañando a un amigo. Pero ya nadie se llama a engaño respecto a ese punto para lo que resta de liga, y no es cuestión de ir luciendo poses hipócritas que no engañan a nadie…

A nuestro favor, y siento contradecir a Paco Ortiz Remacha: que ahora mismo, que es cuando toca juzgar la cuestión, Jiménez es mucho mejor entrenador que Clemente, que anda sobrado de herramientas para pulir frases demagógicas en la sala de prensa, pero lleva mucho sin demostrar nada especial con los conjuntos que ha dirigido. Y el andaluz merece un buen empujón de la suerte, después de haber aguantado carros y carretas a pie firme, levantando el orgullo del zaragocismo empleando trabajo y cordura a partes iguales.

Si se va a producir un milagro como ése, que el primer chispazo se produzca este fin de semana. Levantarnos el lunes para ir a trabajar a tres puntos de la superficie sería todo un sueño que alargaría un poco más esta sensación de no tener claro qué está pasando, pero que dure. Por favor, que dure unas semanas más.
En la otra cara de la moneda, lo dicho: si no nos hemos de salvar nosotros, que lo haga el Sporting. Nada me gustaría más.

Hay que seguir

Hay que seguir. Como si de una octavilla repartida en los exteriores de La Romareda se tratara, se repetía ayer la misma consigna. Jugadores, periodistas y aficionados, todos a una, nos hemos subido al carro de la esperanza. La postrera victoria frente al Atlético de Madrid ha devuelto el optimismo a gran parte del entorno zaragocista. Se trata de una llama frágil, surgida de los rescoldos de innumerables decepciones que, a lo largo de la temporada, han apagado una y otra vez las brasas del equipo.

Merced al maravilloso vaivén al que la evolución del equipo nos ha castigado, la realidad de la ilusión varía cada semana. Ora estamos en Segunda, ora nos vamos a salvar. Vamos camino de convertirnos en un “equipo-milagro” que, cada quince o veinte días, protagoniza un ascenso moral a la Primera División para volver a abandonarla sólo unos días después.