Después de lo acontecido este sábado
en el estadio municipal de La Romareda y lo escrito al siguiente
día en distintos medios que me ahorraré el mencionar
me vino a la cabeza un artículo de un ilustre escritor como
es Arturo Pérez Reverte en su columna semanal “Patente
de corso”, la cual me voy a permitir el lujo de nombrar y
de animaros a que la leáis; donde hablaba de España
como “este país de mierda”. En dicho artículo
el escritor respondía a un lector que le había escrito
sobrecogido por tratar a España de esa manera, a lo cual
el señor Pérez Reverte le argumentaba con hechos contrastables
y significativos el por qué de tal expresión y que
su utilización no había sido escogida a bote pronto,
ni mucho menos. Después de esta introducción al por
qué he llamado así a mi columna entraré a defender
mi postura sobre que Aragón también es una mierda.
Probablemente en un partido de fútbol poco se podrá
ver de las actitudes reales de las personas, probablemente, pero
quizás se vea mucho mejor cómo es la persona de
verdad. Todos sabemos lo que sucedió el sábado a
partir de que el trencilla hizo sonar su silbato, enfatizado por
unos y otros según se iban sucediendo los goles de sus
respectivos equipos. Iba a ser el día de Aragón,
todos o casi todos los nacidos en estas tierras nos gustase o
no el fútbol íbamos a estar pendientes de lo que
sucediese este día, y sí que fue el día de
Aragón, vaya que si lo fue, pero el día del verdadero
Aragón. No entraré a discutir quién tiene
la culpa ni quién empezó ni nada por el estilo,
sino que les recordaré a todos los que participaron en
semejante aberración lo que es Aragón, un territorio
prácticamente ninguneado por el resto de los territorios
españoles, que se le ha dado la espalda en continuas ocasiones
y que evidentemente visto lo visto se le volverá a ser
dada, un pueblo pequeño que se supone que tendría
que estar unido antes las adversidades que se le presentan y que
sin embargo se devora a sí mismo en hechos reseñables
como los del otro día, desangrándose sin que nadie
haga nada para evitarlo.
Díganme ustedes si esperar cincuenta y tantos años
de historia para ver esto merecía la pena. Yo creo que
no, y ojalá no lo hubiese visto nunca y aún podría
seguir engañándome a mi mismo con que somos un pueblo
unido, con ansias de crecimiento, con un sentimiento propio, único,
cuatribarrado… hermanos, al fin y al cabo; y no tener que
ver como desde el Alto Aragón disparan a las riveras del
Ebro y viceversa, alimentando mi idea sobre este Aragón
de mierda.